MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC9741.9D3EA8B0" This document is a Single File Web Page, also known as a Web Archive file. If you are seeing this message, your browser or editor doesn't support Web Archive files. Please download a browser that supports Web Archive. ------=_NextPart_01DC9741.9D3EA8B0 Content-Location: file:///C:/012A3A78/2_5971_galerada_13-28.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="windows-1252"
IMPACTOS EN LA
AGRICULTURA DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN REGIONES CON CLIMA TEMPLADO Y FRÍO
Pablo Ramírez Granados1, Luis Francisco Rodríguez Soto2<=
/span>
1.
2.
Recibido:
29/08/2025 Aceptado:
20/01/2026
RESUMEN: El cambio climático representa una amenaza creciente para la
sostenibilidad de la agricultura, particularmente en regiones con climas
templados y fríos, donde los sistemas productivos son altamente sensibles=
a
las alteraciones en las variables climáticas. Este artículo presenta una
revisión exhaustiva de literatura científica publicada entre 2006 y 2023,
centrada en los principales impactos del cambio climático sobre los suelos
agrícolas y los requerimientos hídricos, con especial atención a procesos=
como
la salinización, la erosión, la pérdida de carbono orgánico y la mayor
evapotranspiración. Los hallazgos evidencian que el calentamiento global y
los cambios en los patrones de precipitación están degradando progresivam=
ente
la calidad edáfica, afectando la fertilidad del suelo, la retención de
nutrientes y la capacidad de producción agrícola. A nivel hidrológico, se
identifica un incremento en la demanda de riego debido a la mayor
evapotranspiración y la irregularidad de las lluvias, lo que genera una
presión adicional sobre los recursos hídricos, especialmente en sistemas =
de
cultivo de secano. Asimismo, se analiza la redistribución espacial de la
aptitud agrícola, con posibles beneficios en zonas nórdicas por la expans=
ión
de la temporada de crecimiento, pero también con fuertes limitaciones en
regiones mediterráneas y de Europa Central, afectadas por estrés térmico e
hídrico. Los efectos varían según el contexto geográfico, con estudios de
caso en Europa, América, Asia y África que evidencian tanto pérdidas de
productividad como cambios en los usos del suelo. Desde una perspectiva
socioeconómica, el artículo destaca la vulnerabilidad de los pequeños y
medianos agricultores, quienes enfrentan mayores barreras para adaptarse
debido a limitaciones tecnológicas, económicas e institucionales. Se conc=
luye
que los impactos del cambio climático sobre la agricultura en estas regio=
nes
son multidimensionales y requieren respuestas integrales, que combinen
innovación tecnológica, restauración ecológica, políticas públicas inclus=
ivas
y participación comunitaria, con el fin de garantizar la seguridad
alimentaria y la resiliencia de los sistemas agroproductivos frente a
escenarios climáticos futuros.
Palabras
clave: cambio climático,
agricultura, suelos agrícolas, requerimientos hídricos, regiones templada=
s,
degradación del suelo, adaptación agrícola.
Abstract :Climate change poses an increasing threat to the sustainability of
agriculture, particularly in temperate and cold climate regions, where
production systems are highly sensitive to alterations in climatic variabl=
es.
This article presents a comprehensive review of scientific literature
published between 2006 and 2023, focusing on the main impacts of climate
change on agricultural soils and water requirements. Special emphasis is g=
iven
to processes such as salinization, erosion, organic carbon loss, and incre=
ased
evapotranspiration. The findings show that global warming and shifts in
precipitation patterns are progressively degrading soil quality, affecting
fertility, nutrient retention, and overall crop productivity. From a
hydrological perspective, there is growing irrigation demand due to higher
evapotranspiration and irregular rainfall, placing additional stress on wa=
ter
resources—especially in rainfed systems. The article also analyzes the spa=
tial
redistribution of agricultural suitability, with potential benefits in
northern regions from longer growing seasons, contrasted with significant
limitations in Mediterranean and Central European areas due to thermal and
water stress. Regional case studies from Europe, the Americas, Asia, and
Africa illustrate both productivity losses and land use changes. From a
socio-economic perspective, small and medium-scale farmers are identified =
as
particularly vulnerable, facing greater challenges in adaptation due to
technological, financial, and institutional constraints. The study conclud=
es
that the impacts of climate change on agriculture in these regions are
multidimensional and call for integrated responses that combine technologi=
cal
innovation, ecological restoration, inclusive public policies, and active
community participation, to safeguard food security and enhance the resili=
ence
of agroecosystems in the face of future climatic scenarios.
Keywords: climate change, agriculture, agricultural
soils, water requirements, temperate regions, soil degradation, agricultural
adaptation
Introducción
El cambio climático constituye uno de los fenómenos más trascendentales=
y
disruptivos del siglo XXI, cuyas implicaciones trascienden las dimensiones
ecológica, económica y social. Su principal causa radica en el aumento
sostenido de las emisiones de gases de efecto invernadero, producto de la q=
uema
de combustibles fósiles, los cambios en el uso del suelo y otras actividades
antropogénicas, entre ellas la agricultura y ganadería intensivas, los proc=
esos
industriales, la gestión de residuos, el transporte motorizado y la expansi=
ón
urbana. Estas emisiones han generado un incremento sostenido de la temperat=
ura
media global, con impactos observables en todos los continentes y ecosistem=
as
del planeta (Adedeji et al., 2014). Entre las consecuencias más notorias se
encuentran la intensificación de eventos climáticos extremos como sequías
prolongadas, inundaciones repentinas y tormentas severas y la alteración de
patrones atmosféricos históricos (Stulina &=
Solodkiy, 2015).
Durante las últimas cinco décadas, la magnitud y frecuencia de estos
eventos se ha intensificado, evidenciando que la variabilidad climática nat=
ural
está siendo amplificada por forzantes de origen antrópico. A nivel global, =
se
reportan procesos como el retroceso acelerado de glaciares, alteraciones en=
los
regímenes de precipitación, y un aumento en la ocurrencia de fenómenos
meteorológicos extremos (Miao et al., 2016; Calzadilla et al., 2013). Estas
transformaciones, además de modificar los sistemas físicos, afectan de forma
crítica la disponibilidad de agua dulce (Zhou et al., 2010; Gosling &
Arnell, 2013) y contribuyen a la degradación progresiva de las tierras
agrícolas (Dixon, 2012).
En este contexto, la agricultura se configura como una de las actividad=
es
humanas más vulnerables al cambio climático. Esta vulnerabilidad se expresa=
en
múltiples niveles: desde la disminución en la productividad y el rendimient=
o de
los cultivos, hasta la intensificación de plagas, enfermedades y malezas que
alteran la dinámica de los sistemas agroecológicos (Kang et al., 2010; Dixo=
n,
2012). Asimismo, las modificaciones en los patrones de evapotranspiración y=
en
los requerimientos hídricos alteran profundamente los ciclos de cultivo,
afectando la planificación agrícola y generando incertidumbre sobre la
seguridad alimentaria global (Stulina &
Los impactos del cambio climático en la agricultura no se distribuyen de
forma homogénea en el espacio. Su expresión varía significativamente según
factores geográficos, edafoclimáticos y socioeconómicos, lo que implica que=
un
mismo cultivo puede experimentar efectos distintos en diferentes regiones, y
viceversa: diferentes cultivos pueden responder de manera variable ante
condiciones climáticas similares en una misma zona (Dixon, 2012; Calzadilla=
et
al., 2013). Esta dimensión territorial de los impactos exige enfoques
diferenciados de análisis y adaptación, con base en la especificidad ambien=
tal
y productiva de cada región. Desde el punto de vista conceptual, el presente
estudio utiliza el término impacto en el sentido de afectación ambiental,
entendida como el conjunto de efectos derivados de modificaciones
significativas en el entorno natural. En el marco de este artículo, el impa=
cto
del cambio climático en la agricultura se abordará principalmente como una
afectación negativa, aunque se reconoce que en ciertos casos pueden generar=
se
condiciones favorables para algunos cultivos o regiones específicas.
Este trabajo tiene como objetivo principal realizar una revisión
sistemática de literatura científica sobre los impactos del cambio climátic=
o en
la agricultura de regiones con climas templados y fríos. A pesar de que los
efectos del cambio climático sobre la agricultura son múltiples y complejos,
este estudio se centra específicamente en dos grandes ámbitos: (i) los impa=
ctos
sobre los suelos y las tierras agrícolas, y (ii=
) los
cambios en los requerimientos y la disponibilidad hídrica para la producción
agrícola. La elección de estas dos dimensiones responde a su papel fundamen=
tal
como determinantes de la capacidad productiva, resiliencia ecológica y
sostenibilidad del sistema agroalimentario en dichas regiones. Mediante esta
aproximación, se pretende contribuir a una mejor comprensión científica de =
los
desafíos y oportunidades que enfrenta la agricultura frente al cambio
climático, así como generar insumos que orienten futuras estrategias de
adaptación territorial, tecnológica y política en contextos vulnerables.
Materiales y Métodos
El
presente estudio se fundamenta en una revisión bibliográfica de carácter
cualitativo, orientada a sistematizar el conocimiento científico disponible
sobre los impactos del cambio climático en la agricultura de regiones con
climas templados y fríos. No se trata de una revisión sistemática en sentido
estricto, sino de una revisión con criterios explícitos de búsqueda, selecc=
ión
y análisis de publicaciones científicas relevantes.
El
análisis bibliográfico abarcó investigaciones desarrolladas en diversas
regiones templadas y frías del planeta, incluyendo Europa Occidental (Itali=
a,
Francia, Reino Unido), Europa del Norte (Noruega y Finlandia), Europa Orien=
tal
(Polonia, República Checa, Hungría, Bulgaria y Grecia), Asia Central y
Occidental (Turquía y Georgia), Asia Oriental (China, con énfasis en la Mes=
eta
del Loess y las llanuras del norte), Asia del Sur (Pakistán y Nepal), Améri=
ca
del Norte (Canadá y Estados Unidos), América del Sur (Argentina) y regiones
áridas y semiáridas de África (Sudáfrica). Adicionalmente, se incluyeron
publicaciones de alcance global que aportan marcos conceptuales y análisis
comparativos entre regiones. Esta diversidad geográfica permitió contrastar
distintos contextos agroclimáticos, sistemas de producción y estrategias de
adaptación frente al cambio climático.
La
estrategia de búsqueda se centró en la recopilación de artículos científicos
publicados entre los años 2006 y 2023, priorizando aquellos indexados en ba=
ses
de datos académicas reconocidas por su rigurosidad, como SpringerLink
y ScienceDirect, seleccionadas por su amplia
cobertura temática en ciencias ambientales, agricultura, climatología y ges=
tión
de recursos naturales. Se utilizaron combinaciones de palabras clave en ing=
lés
y español relacionadas con “climate change”, “agriculture”, “=
temperate regions”, “cold climates”, “soil degradation”, “water requirements” y “agricultural adaptation”.=
Para
garantizar la calidad y pertinencia de las fuentes incluidas en el análisis=
, se
establecieron criterios de inclusión específicos: (i) artículos publicados =
en
revistas arbitradas e indexadas; (ii) estudios =
que
abordaran explícitamente los efectos del cambio climático sobre la degradac=
ión
edáfica, la disponibilidad y demanda de agua, la variabilidad climática y la
productividad agrícola; y (iii) investigaciones=
con
un enfoque territorial aplicable a regiones de climas templados y fríos, de=
sde
escalas regionales, continentales o globales. Se excluyeron trabajos con un
enfoque exclusivamente tropical o aquellos que carecieran de rigurosidad
metodológica.
Una
vez recopiladas las publicaciones, se desarrolló una fase de organización y
categorización temática, clasificando los artículos en dos ejes analíticos
principales: (1) los efectos del cambio climático sobre los suelos y las
tierras agrícolas, y (2) los impactos asociados a los requerimientos hídric=
os
en los sistemas agrícolas. Esta estructura analítica permitió identificar
regularidades, diferencias regionales y vínculos entre factores climáticos,
edáficos e hidrológicos.
La
sistematización de la información se realizó mediante matrices cualitativas,
que facilitaron el contraste entre hallazgos y el reconocimiento de patrones
comunes en distintas regiones del mundo. Asimismo, se incorporó un enfoque
comparativo entre contextos geográficos, considerando variables como la
ubicación latitudinal, la relación entre continentalidad e influencia oceán=
ica
y las características de los sistemas productivos. Este enfoque permitió
evaluar cómo los impactos del cambio climático varían no solo en función de=
las
condiciones climáticas, sino también de los modelos de uso del territorio, =
las
prácticas agrícolas predominantes y los niveles de vulnerabilidad
socioeconómica.
Con
el fin de abordar los principales desafíos que enfrenta la agricultura en
regiones templadas y frías ante el cambio climático, se adoptó un enfoque
metodológico integrador y basado en evidencia científica. La estrategia
analítica contempló la identificación sistemática de vacíos de conocimiento=
y
de oportunidades estratégicas para la adaptación agroambiental, considerand=
o la
aplicabilidad de los resultados en la formulación de políticas públicas, la
gestión sostenible del territorio y el fortalecimiento de la resiliencia
agrícola.
Para
la presente investigación se emplean de manera diferenciada los términos: u=
so
de la tierra y uso del suelo, atendiendo a sus distintos niveles de análisi=
s y
aplicaciones metodológicas. Esta distinción constituye un marco conceptual
relevante para la interpretación de los resultados reportados en la literat=
ura
revisada, especialmente en relación con los procesos de transformación
territorial asociados al cambio climático.
El
término uso de la tierra se refiere a la función o actividad socioeconómica
predominante que se desarrolla sobre una unidad territorial determinada, co=
mo
agricultura, ganadería, silvicultura, actividades urbanas, industriales o de
conservación. Su caracterización se basa principalmente en información de
carácter normativo, socioeconómico y de planificación, derivada de instrume=
ntos
como planes de ordenamiento territorial, catastros, regulaciones sectoriale=
s y
políticas públicas (FAO, 1997; Lambin et al., 2003). Este concepto permite
comprender las dinámicas socioeconómicas que impulsan las transformaciones =
del
territorio.
Por
su parte, el término uso del suelo hace referencia a la ocupación física y =
la
cobertura superficial observable del territorio en un momento determinado. =
Su
delimitación se realiza mediante técnicas de observación remota,
fotointerpretación y el uso de Sistemas de Información Geográfica (SIG),
empleando clasificaciones estandarizadas que facilitan la comparación tempo=
ral
y espacial (Anderson et al., 1976; Di Gregorio & Jansen, 2000). Este
enfoque permite la generación de cartografía temática, el análisis de cambi=
os
de cobertura y la cuantificación de presiones ambientales.
Desde una perspectiva metodológica, el uso del suelo representa la expresión espa= cial del uso de la tierra, en tanto materializa las decisiones funcionales y normativas que determinan la ocupación del territorio. Los cambios en el us= o de la tierra, derivados de procesos como la expansión urbana, la intensificaci= ón agrícola o la implementación de políticas de conservación, se manifiestan c= omo modificaciones detectables en el uso del suelo, susceptibles de ser cuantificadas y analizadas mediante enfoques multitemporales (IPCC, 2019).<= o:p>
La
diferenciación entre ambos conceptos permite articular análisis
complementarios: mientras el uso de la tierra aporta información sobre las
causas y los contextos de la transformación territorial, el uso del suelo
posibilita la medición objetiva de dichas transformaciones. La integración =
de
ambos enfoques fortalece la robustez metodológica del análisis territorial =
al
combinar dimensiones normativas, funcionales y espaciales, facilitando una
evaluación más integral de los impactos del cambio climático sobre los sist=
emas
agrícolas.
Resultados y Discusión
Efectos en l=
os
suelos y las tierras de uso agrícola
El cambio climático y las
transformaciones de usos de la tierra pueden estar entre los problemas
ambientales más importantes en la actualidad (Lorencová et al. 2013;
Latocha et al. 2016). El primero obedece a un cambio a nivel ambien=
tal
y es parte de la dinámica del planeta, acelerada por las acciones humanas,=
y
el segundo, siendo causado exclusivamente por las conversiones de los espa=
cios
naturales a espacios de uso de actividades antrópicas como cultivos, pasto=
s e
infraestructura urbana.
A nivel regional, las consecuenci=
as
del cambio climático han derivado en cambios en la sostenibilidad de la ti=
erra
para uso agrícola, esto causado por las transformaciones de las condiciones
naturales del suelo y del terreno (Zhang & Cai 2011). Entre las
principales condiciones que afectan las tierras de uso agrícola se pueden
mencionar la salinidad y la erosión de suelos (Wenyi, et al. 2013; =
Jesus et al. 2015), que son los mayores probl=
emas
que afectan la calidad de los suelos, desde la óptica de los impactos en l=
as
tierras agrícolas, y que causan a escala general, procesos de desertificac=
ión
de tierras. Alrededor de=
un
40% de las tierras del mundo disponibles, están siendo usadas para activid=
ades
agrícolas (Ramankutty et al. 2008) las =
cuales
en su momento reemplazaron bosques y pastos, esto es lo que implica la
transformación de coberturas naturales a usos antrópicos.
Muchos de los problemas ambiental=
es
actuales en el planeta generados por el cambio climático, tienen
correspondencia directa con las actividades agrícolas, esto debido a que la
agricultura es la actividad humana principal, demandante de tierra y agua =
(Iglesias
et al 2012). Algunos de estos problemas son la deforestación y la
pérdida de biodiversidad, el primero por la mayor demanda de tierras, debi=
do
al agotamiento de las actuales y lo segundo, por los cambios en los
ecosistemas naturales de los bosques, el cual es muy diverso, a uno mucho =
más
sencillo, producto de la disminución de las poblaciones vegetales. Derivad=
o de
estos cambios y la intensidad de los usos, se asocian las pérdidas en los
suelos por efecto de la salinización y la erosión (Wenyi, et al. 20=
13; Jesus et al. 2015) pero también se pueden men=
cionar
la capacidad de la tierra de producir y mantener las reservas de carbono
orgánico (Olson et al. 2016).
Con respecto al impacto del cambio
climático en las tierras de uso agrícola, la afectación del sistema del su=
elo
será la principal, pues constituye el georecurso que
sustenta las actividades en dichas tierras (Paroissien et al. 2015)=
. El
sistema pedológico o edafológico (el primero asociado al suelo y el paisaj=
e y
el segundo asociado a la agricultura), que constituye la base natural de l=
os
sistemas de las tierras agrícolas, responde tanto para fenómenos ambiental=
es
de corta duración, como los son las lluvias a lo largo de un año y sus efe=
ctos
en los procesos erosivos (Wenyi et al. 2013), hasta cambios de tipo=
más
prolongado, como son los efectos por meteorización física y química, produ=
cto
de factores como clima, tipo de roca, topografía y relieve, entre otros que
liberan sales las cuales alcanzan el suelo (Jesus et
al. 2015) .
Entre los impactos potenciales del
cambio climático en la salud del suelo se pueden mencionar la afectación en
materia orgánica, los cambios en temperatura, los requerimientos hídricos =
y la
salinidad. El suelo el material poroso, orgánico y mineral que constituye =
la
materia de la tierra agrícola y esta, como parte de la masa terrestre, con=
el
ascenso de la temperatura global, ha experimentado un mayor calentamiento =
con
respecto a los océanos debido a la mayor capacidad termal de estos últimos=
(Kutílek 2011).
Las tierras agrícolas, debido a la
actividad humana, son tendientes a sufrir algún tipo de degradación por el=
uso
que se ha dado. A nivel mundial el 80% de la degradación del suelo ocurren=
en
los países desarrollados, la mayoría considerados en la zona de los climas
templados y fríos (St. Clair y Lynch 2010). La evaluación de los efectos d=
el
cambio climático, en el estado y la disponibilidad de los suelos de la tie=
rra
para uso agrícola, debe tratar con un sistema de clasificación de las tier=
ras
basado en múltiples criterios de elección (Audsley et al. 2006; Jozi y
Los niveles de carbono en los sue=
los
decrecerán debido a los procesos de erosión que degradan la condición de l=
as
tierras agrícolas (Li et al. 2017). Cualquier ganancia, por el
incremento de la eficiencia del uso del agua en la planta, debido a un ele=
vado
CO2, será compensada por el aumento de la mineralización del
carbono luego de una lluvia y reducido por la lluvia anual y de la tempora=
da
de crecimiento (Hovenden et al. 2014).
El incremento en la temperatura d=
el
suelo aumentará la mineralización del nitrógeno en los suelos, pero su
disponibilidad puede decrecer debido a la ampliación de las pérdidas gaseo=
sas
a través de procesos como volatilización y desnitrificación (Wang et al=
. 2006).
Con mayores temperaturas, debidas al cambio climático, se podrían acrecent=
ar
la velocidad de descomposición microbiana de la materia orgánica, afectand=
o a
largo plazo la fertilidad de los suelos (Allison y Treseder 2008). Sin
embargo, los incrementos en la biomasa, resultado de mayores velocidades de
fotosíntesis, podrían compensar estos efectos. Las mayores temperaturas pu=
eden
acelerar el ciclo de nutrientes en el suelo y una más rápida formación de
raíces que podrían promover más fijación de nitrógeno (Wang et al. =
2006;
St. Clair y Lynch 2010; Hovenden et al. 2014). Pero estos beneficios
podrían ser menores comparados los deterioros por los efectos =
de la
lluvia donde un incremento de esta puede llevar al incremento de la
lixiviación de los minerales, especialmente los nitratos (St. Clair y Lynch
2010).
La temperatura del suelo afecta l=
as
velocidades de descomposición de la materia orgánica y la liberación de los
nutrientes. En altas temperaturas, la disponibilidad de nutrientes extende=
rá
en el corto tiempo, mientras a largo plazo el contenido de materia orgánica
reducirá, resultando en una decadencia de la fertilidad de los suelos. Las
altas temperaturas del aire causarán unas mayores temperaturas en el suelo=
, lo
cual se puede traducir en un aumento general de las velocidades de reacció=
n de
la solución química y reacciones de difusión (St. Clair y Lynch 2010). Las
solubilidades de los componentes sólidos y gaseosos pueden ya sea incremen=
tar
o decrecer, pero las consecuencias debido a estos procesos pueden tomar mu=
cho
tiempo en ser significativas. Además, las altas temperaturas acelerarán el
decaimiento de la materia orgánica del suelo, liberando así el CO2
a la atmósfera y disminuyendo las tasas de carbono/nitrógeno, aunque se pu=
ede
decir que estos efectos deberían ser compensados por una más grande biomas=
a de
las raíces y los residuos de los cultivos debido a la respuesta de las pla=
ntas
ante un mayor CO2 (St. Clair y Lynch 2010; Hovenden et al. <=
/i>2014).
Las temperaturas atmosféricas más
cálidas conducirán a un ciclo hidrológico más fuerte, lo que incluye más
eventos de lluvia extrema. Estos eventos de lluvia extrema tendrán influen=
cia
directa en los procesos de erosión y de degradación de suelos son más
probables de ocurrir. Debido a los extremos del clima que podrían resultar=
, el
incremento en la precipitación resultará en un mayor riesgo de erosión
mientras al mismo tiempo dará al suelo una mayor hidratación según la
intensidad de la precipitación (St. Clair y Lynch 2010).
La disminución de las lluvias,
especialmente en el verano, podría tener efectos más serios por una mayor
frecuencia de períodos de sequía lo que haría más propensa la erosión eóli=
ca.
La susceptibilidad a la erosión eólica depende en parte de la cohesión del
suelo, esta última está afectada por la efectividad de la precipitación, y=
la
velocidad del viento (Genduvov y Glazunov 2009=
). Por
otro lado, la fertilidad de los suelos también sería afectada por el
calentamiento global, sin embargo, debido a que la tasa de carbono a nitró=
geno
es una constante, una duplicación del carbono es probable para implicar un
mayor almacenamiento de nitrógeno en los suelos como los nitratos, así dan=
do
mayor fertilización para las plantas y proveyendo mejores rendimientos. La=
s necesidades
promedio para nitrógenos podrían decrecer y darán la oportunidad de cambiar
las estrategias costosas de fertilización (Li et al. 2017).<=
span
style=3D'mso-bidi-font-family:Calibri;mso-bidi-theme-font:minor-latin'>
La salinidad es uno de los proble=
mas
más serios que reducen el crecimiento y productividad de los cultivos
vegetales en áreas afectadas por sales (Jesus =
et
al. 2015). Se estima que alrededor de unos 10 billones de hectáreas de
suelo están afectadas, por la alta salinidad, aunque varían en el grado de
severidad (Jesus et al. 2015).
Adicionalmente, la salinización debida a deficientes prácticas de riego, s=
on
responsables de entre 25 y 60% de suelos regados bajo riego salinizados. b=
aja
precipitación, alta evaporación superficial, meteorización de rocas, riego=
con
agua salina y prácticas inapropiadas son los mayores contribuidores del
aumento de la salinidad del suelo. Algunos factores como el déficit de agu=
a y
el desbalance nutricional resultarán en una alta salinidad en las áreas de=
las
raíces los cual se traducirá en una reducida productividad del cultivo o u=
na
falla total del él (Aragües et al. 2015=
)
A nivel regional, se reconocen
múltiples expresiones diferenciadas de las afectaciones sobre los suelos y=
los
usos de la tierra agrícola, las cuales responden a la interacción entre
condiciones biofísicas particulares, dinámicas productivas predominantes y
presiones antrópicas específicas en cada territorio. Estas afectaciones no=
se
manifiestan de manera homogénea, sino que presentan variaciones espaciales
significativas asociadas a factores como el tipo de uso agrícola, los sist=
emas
de manejo del suelo, la intensidad de la intervención humana y los proceso=
s de
cambio en el uso de la tierra. En este sentido, el análisis regional permi=
te
identificar patrones y contrastes territoriales que explican la diversidad=
de
impactos observados, razón por la cual, en los apartados siguientes, se
describen y analizan de forma diferenciada las principales características,
problemáticas y dinámicas de los suelos y los usos de la tierra agrícola en
cada una de las regiones consideradas. A continuación, los datos por regió=
n son:
Europa
Los impactos causados en las tier=
ras
agrícolas, debido al cambio climático, fueron evaluados a nivel regional
utilizando diversos modelos. Considerando que las tierras de uso agrícola
pueden ser clasificadas en áreas de uso intensivo, uso extensivo y áreas
abandonadas (Audsley et al. 2006), Berry et al., (2006) determinaron que u=
sos
agrícolas intensivos incrementan hacia latitudes mayores, es este caso los
países nórdicos (Suecia, Noruega y Finlandia) y también en áreas de gran
altitud como la zona alpina. Este cambio en los patrones de uso agrícola se
debe a los beneficios que podrían obtenerse en estas zonas, que presentan
temperaturas muy bajas, con los efectos del calentamiento global.
En el caso de la intensificación
agrícola, esta ocurre hacia latitudes inferiores como los son el suroeste =
de
Francia, España e Italia. En estos países, hay un mayor incremento de la
temperatura y un incremento en la aridez (Berry et al., 2006). En las lati=
tudes
medias, como en el caso del sureste del Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo y
algunas partes de Alemania, también habrá un incremento en la intensificac=
ión
de las tierras agrícolas (Berry et al., 2006).
Algunos autores elaboran un análi=
sis
más profundo desde un punto de vista más local, por ejemplo, Rounsevell & Reay (2009) señalan que entre 1961 =
al
2005, las tierras de uso agrícola en el Reino Unido disminuyeron un 14% más
por el efecto de factores socieconómicos que p=
or
efecto del cambio climático, sin embargo los impactos del cambio climático,
relacionando a los gases de efecto invernadero, será más directos en los u=
sos
de la tierra agrícola. Algunos de los impactos proyectados en las tierras =
de
uso agrícola son la relación de aumento de temperatura con el rango de
patógenos, limitantes en el acceso de la maquinaria por contenido de humed=
ad
del suelo, incremento de la compactación de suelos y anegamientos en zonas=
de
cultivos (St. Clair y Lynch 2010).
Özdoğan (2011) investigó los
efectos del aumento de la temperatura del aire durante la temporada de
crecimiento en el cultivo de trigo, en el noroeste de Turquía. Aplicando
diversos modelos, se concluyó que existirán condiciones más secas y por lo=
tanto
una reducción en los rendimientos del cultivo en las tierras agrícolas.
En República Checa, Lorencová =
et
al. (2013) encontraron que ha habido una disminución histórica de la
tierra arable en las fronteras, con el reemplazo de pastos, lo cual, en
conjunto con los cambios climáticos, afectan los servicios agroecosistémicos
como lo son producción de alimentos, el rendimiento de cultivos, la fertil=
idad
del suelo y la variabilidad genética.
Höglind et al. (2013) evaluaron el impacto
del cambio climático en la agricultura en las dos especies principales de
pastos, el timothy (Phleum
pratense) y riagrás (Lolium)
en Islandia, Escandinavia y los países bálticos (Lituania, Estonia y Leton=
ia)
las cuales constituyen las más importantes especies de pasto forrajero de
Europa del Norte.
En las regiones del mar Mediterrá=
neo,
(Tanasijevic et al. 2014) afirman que l=
as
tierras de uso agrícola dedicadas al cultivo de olivo se moverán al norte y
hacia el interior y hacia mayores elevaciones que las actuales. Esto impli=
cará
un aumento en el área relativa de Italia y Francia, y en menor medida en E=
spaña.
Los mayores impactos serán en las tierras balcánicas, en Serbia y Croacia,
donde las tierras agrícolas podrían ser indisponibles para usos de cultivo=
de
olivo.
Huttunen et al. (2015) a
partir de datos modelados, afirman que, en Finlandia, las condiciones
climáticas serán más cálidas y húmedas con respecto al sur europeo. Los
impactos esperados están en relación con la cantidad de fertilización y los
niveles resultantes de rendimientos y balance de nutrientes en las tierras
usadas para el cultivo de cebada.
En el caso de Hungría, en Europa
Central, Gaál et al. (2014) mencionan como la expansión de las áreas
urbanas y los eventos climáticos extremos han ocasionado un decrecimiento =
en
la producción agrícola. Se evaluaron los efectos del cambio climático y
problemas relacionados al agua en la productividad de cultivos, concluyendo
que, por ejemplo en el maíz, este será solo posible utilizando riego, lo q=
ue
lleva a considerar la necesidad de tener especies más resistentes a las
sequías.
En Bulgaria, Popova et al. (2014)
indican que las tierras agrícolas destinadas a maíz de secano están llegan=
do a
ser más vulnerables a las sequías, especialmente en la parte sur. =
span>Renée y Thach (2014) repasan los efectos =
en
la producción global de vino con respecto a la disponibilidad de tierras
agrícolas en Europa, donde varios países mediterráneos pueden tener tierras
agrícolas del todo inaptas para la producción de uvas.
Tanasijevic et al. (2014)
mencionan los impactos ocurridos en las tierras de cultivo de olivo, en los
países del Mediterráneo Debido a la evapotranspiración del cultivo, los requerimientos<=
/span>
de riego y los impactos por estrés hídrico, los efectos más fuertes están
concentrados en el tiempo de floración y las áreas agrícolas disponibles p=
ara
el cultivo.
América
En el Canadá, Brassard y Singh (2=
008)
se refieren que el incremento en la temperatura del aire puede llevar a la
aceleración de las diferentes fases de crecimiento y desarrollo de cultivo=
s en
las tierras agrícolas. Para el trigo y la papa las temperaturas serían más
altas que las óptimas, sin embargo en el caso del maíz y la soya, ambos
estarían en condiciones termales ideales.
En lo que respecta a Argentina, P=
ol y
Binyamin (2014) analizaron las variaciones de la temperatura y la
precipitación en Buenos Aires. Para ambas ha habido un mayor calentamiento=
y
una mayor cantidad de lluvia, lo cual ha afectado la producción del maíz y=
el
trigo.
En el caso de Estados Unidos, Ren=
ée y
Thach (2014) indican la pérdida de tierras agrícolas disponibles para viñe=
dos
en la parte sur y la posibilidad de nuevas regiones con especies tolerante=
s al
calor de menor calidad. En Sudamérica, el acortamiento de la temporada de
crecimiento puede llevar a la movilización de viñedos hacia las zonas
montañosas.
Asia
Malla (2008) detalló los impactos=
del
cambio climático en las tierras agrícolas de Nepal. En este trabajo señala
como las tierras agrícolas de Nepal, con el incremento de la temperatura,
habrá un mayor daño en la región de Terai y por el contrario, condiciones =
más
favorables en las colinas y las montañas.
En China, Ju et al. (2013)
mencionan que el calentamiento climático ha intensificado la evaporación d=
e la
humedad del suelo, llevando a un mayor movimiento de la salinidad hacia la
capa superior del mismo, reduciendo su productividad y aumentando la
desertificación.
África
Con respecto a Sudáfrica, Calzadi=
lla et
al. (2014) relacionando varios modelos de simulación, indican que habr=
á un
decrecimiento de las áreas de cultivos y producción producto del aumento d=
e la
temperatura y condiciones muy secas afectando las áreas de cultivo de seca=
no y
bajo riego.
Efectos
relacionados a requerimientos de agua
Los efectos del cambio climático,
relacionados a requerimientos hídricos, involucran, no solo los efectos
generados en las condiciones hidrológicas de los suelos, como la humedad d=
el
suelo, sino también los procesos hidrológicos asociados (Mimikou
y Baltas 2013) y que están en relación más o menos directa con la agricult=
ura,
por ejemplo, se pueden mencionar la precipitación y la evapotranspiración
(Altin et al. 2012). La agricultura es una actividad humana que
requiere cantidades considerables de agua para riego y en general las
actividades relacionadas a la producción de alimentos (Bocchiola
et al. 2013).
Los cambios de temperatura, produ=
cto
del cambio climático, tendrían un efecto directo en la disponibilidad de
humedad para el crecimiento de los cultivos (Altin et al. 2012). De
esta manera, en condiciones sin precipitación, el incremento de la tempera=
tura
aumentaría la cantidad de evapotranspiración, la cual podría causar un déf=
icit
de humedad en el suelo en la temporada de crecimiento del cultivo y por lo
tanto un incremento en la necesidad de riego (Zhou et al. 2010).
Conforme aumenta la temperatura, =
se
incrementará la demanda de agua para evapotranspiración por los cultivos y=
la
vegetación natural, llevando a un mayor agotamiento de la humedad del suelo
(Bora et al. 2014). De la misma manera, los cambios en los patrones=
de
lluvia, pueden llevar a un mayor fallo en los cultivos, especialmente a lo=
s de
secano (Calzadilla et al. 2014). Los impactos de los requerimientos=
de
agua en la agricultura incluyen, además de la demanda en evaporación, los
cambios en la cantidad de precipitación y por lo tanto variaciones en la
escorrentía de los ríos (Gosling y Arnell 2013) y la recarga de las aguas
subterráneas, estas últimas las dos fuentes de agua para riego de cultivos=
(Wu
et al. 2010).
El agua es vital en el crecimient=
o de
las plantas, por lo que una variación en los patrones de precipitación, ti=
enen
un impacto significativo en la agricultura. Debido a que mucha de la
agricultura es de secano, las proyecciones de precipitación futura influen=
cian
en magnitud y dirección los impactos climáticos en la producción de cultiv=
os.
Los impactos del calentamiento global en la precipitación regional son
difíciles de predecir debido a fuertes dependencias en los cambios de la
circulación atmosférica, sin embargo, modificará no solo la precipitación =
(Uleberg et al. 2014) sino también la evaporac=
ión,
la escorrentía y el almacenaje de agua en el suelo (Wu et al. 2010).
Algunos modelos han señalado un incremento en la precipitación hacia latit=
udes
superiores, especialmente en invierno.
La precipitación no solo influenc=
ia
la disponibilidad de agua, pues esta incrementa la demanda de evaporación,
debido a un aumento de la temperatura y por ello, alargarían las temporada=
s de
crecimiento de cultivos, incrementando los requerimientos de los cultivos =
bajo
riego (Tanasijevic et al. 2014). La
precipitación en la principal fuente de humedad del suelo, el principal
contribuidor de la variabilidad de los rendimientos de los cultivos y
probablemente el factor más determinante de la productividad de los cultiv=
os
(Calzadilla et al. 2014). Muchos de los modelos climáticos globales
predicen un incremento en global promedio de la precipitación, sus resulta=
dos
muestran también cambios en los regímenes hidrológicos, en este caso más s=
eco
o húmedo, en muchos lugares.
Una modificación en el clima puede
causar cambios en la precipitación estacional, su patrón estacional y su
variabilidad estacional (Calzadilla et al. 2014). Para la productiv=
idad
del cultivo un cambio en los patrones de lluvia puede ser aún más importan=
te
que un cambio en la precipitación anual. El régimen de agua de los cultivo=
s es
también vulnerable a un ascenso potencial en la velocidad diaria y en el
patrón estacional de la evapotranspiración, provocado por la temperatura m=
ás
cálida, aire más seco y condiciones más ventosas (Popova et al. 201=
4).
Los episodios de alta humedad relativa, escarcha y granizo pueden también
afectar el rendimiento y la calidad del maíz y de otros granos, frutas y
vegetales.
La variabilidad interanual de la
precipitación es la mayor causa de la variación en los rendimientos de los
cultivos y la calidad de los rendimientos (Mo et al. 2013). La
reducción de la cubierta vegetativa condiciona el viento y la erosión hídr=
ica,
afectando así la productividad futura de los cultivos (Gendugov
y Glazunov 2008). Los rendimientos de los cultivos son más probables a suf=
rir
períodos secos durante sus estados de desarrollo crítico, tal como la
reproducción. En muchos cultivos de grano, florecimiento, polinización y
llenado del grano son especialmente sensitivos al estrés hídrico. Las
prácticas de manejo ofrecen estrategias para el crecimiento de los cultivo=
s en
condiciones de escasez de agua (Tanasijevic et
al. 2014)
El estrés por calor y sequía ocur=
ren
frecuentemente, contribuyendo uno al otro. Estas condiciones son
frecuentemente acompañadas por una alta radiación solar y fuertes vientos
(Popova 2014). Cuando los cultivos están sujetos a estrés por sequía, sus =
estomas
se cierran, reduciendo la transpiración y consecuentemente aumentando la
temperatura de la planta.
Los años excesivamente húmedos, p=
or
otro lado, pueden causar que el rendimiento decline debido a anegamiento y=
se
incrementa la infestación por pestes. Una alta humedad del suelo, en zonas
húmedas, puede también impedir las operaciones en campo (Uleberg
2014). Las intensas ráfagas de lluvia pueden dañar plantas jóvenes y promo=
ver
anegamientos, en cultivos con grano de maduración, como también erosión de
suelos.
La extensión del daño en los cult=
ivos
depende de la duración de la precipitación y la inundación, el estado de
desarrollo del cultivo y la temperatura del suelo y del aire. De esta mane=
ra
los costos de secar el maíz son más altos bajo regímenes climáticos donde =
hay
una mayor humedad (Stulina y Solodkiy
2015) .
La cantidad de agua transpirada p=
or
el cultivo está también determinada por la humedad del aire, por lo general
con menos materia seca producida en una atmósfera más seca. Así, los cambi=
os
en la lluvia y en la humedad del aire, tendrían probablemente efectos
significativos en los rendimientos de los cultivos. En latitudes medias y
altas, por ejemplo en los países nórdicos de Europa, una baja precipitación
puede restringir el crecimiento de los cultivos de cereales durante el ver=
ano,
cuando la evapotranspiración supera a la lluvia. En estas regiones, la
cantidad de materia seca producida por un cultivo es aproximadamente
proporcional a la cantidad de agua que transpira. Esta relación está
influenciada por la cantidad de precipitación, aunque no de manera lineal,=
ya
que depende en gran medida de la fracción de lluvia que es efectivamente
retenida en el suelo. Cuando la precipitación es elevada, una parte
significativa del agua puede perderse por evaporación directa desde la
superficie del suelo o quedar retenida en capas profundas, fuera del alcan=
ce
del sistema radicular, y por tanto no disponible para el cultivo (Stulina y Solodkiy, 2015=
). En
consecuencia, los cambios en la precipitación y en la humedad del aire
probablemente tengan efectos significativos sobre los rendimientos agrícol=
as.
Existe una relación positiva y fuerte entre la precipitación y los
rendimientos de los cultivos en las latitudes medias, donde se concentran =
las
principales regiones productoras de cereales (Yang et al., 2013).
El impacto del cambio climático c=
on
respecto a los requerimientos hídricos en la agricultura, deben ser
considerados en el contexto de los rápidos incrementos en los abatimientos=
de
agua, la degradación de la calidad del agua y la competencia del agua en t=
odos
los niveles (Tanasijevic 2014). Los cambios en=
la
distribución de la precipitación con períodos más prolongados entre los
eventos de lluvia y más intensa precipitación, son esperados en todo lado.
Esto puede llevar a incrementar la ocurrencia de eventos climáticos incluy=
endo
inundaciones y sequías. Las ráfagas secas, los períodos cortos de déficit =
de
lluvia durante la temporada de cultivo, son esperadas a incrementar in
duración y frecuencia. Esto afectará directamente la humedad del suelo y la
productividad de los cultivos de secano (García
Los regímenes hidrológicos en los
cuales los cultivos crecen seguramente cambiarán con el cambio climático.
Varios modelos predicen incrementos en la precipitación promedio global, e=
sto
debido a una atmósfera más caliente que puede sostener más vapor de agua, =
lo
cual no será uniformente distribuida y disminu=
ciones
se pronostican en algunas regiones. El régimen hídrico de los cultivos pue=
de
además estar afectado por los cambios en la precipitación estacional y la
variación interanual de la precipitación (Mo et al. 2013). Demasiada
precipitación puede causar enfermedades en los cultivos, mientras que muy =
poca
puede ser perjudicial para los rendimientos de los cultivos, especialmente=
si
períodos secos ocurren durante estados de desarrollo crítico.
La cantidad y disponibilidad de a=
gua
almacenada en el suelo, lo cual es una entrada crucial para el crecimiento=
de
los cultivos, estos serán afectados por cambios en la precipitación y los
regímenes de evapotranspiración anual (Tanasijevic et
al. 2014). El cambio climático probablemente incrementará la demanda de
agua para riego. Regionalmente varios autores describen los impactos el ca=
mbio
climático relacionándolos a los requerimientos hídricos:
Europa
Altin et al. (2012)
encontraron que en un período de unos 30 años aproximadamente, la temperat=
ura
y la precipitación disminuyeron en Anatolia Central, Turquía, concluyendo =
que
el clima llegará a ser más seco. Debido a esto, se evidencia que los tiemp=
os
de siembra y la plantación de cultivos fundamentales como trigo y maíz ser=
án
modificados.
En el valle de Po, Italia, Bocchiola et al. (2013) describen que existe =
una
gran dependencia del sistema de reservorios y lagos los cuales proveen de =
agua
para los cultivos de trigo, maíz, cebada y arroz. A través de modelos ellos
evalúan como serán los escenarios considerando las variables del cambio
climático como precipitación, temperatura y CO2, concluyendo que
habrá menos lluvia en la temporada de crecimiento.
Uleberg et al. (2014) estudian los efectos
del cambio climático en la parte norte de Noruega, donde impera el clima f=
río.
El principal efecto del ascenso de la temperatura, en el norte noruego, se=
rá
una mayor extensión en la temporada de crecimiento de los cultivos. De esta
manera el incremento de la precipitación, combinada con altas temperaturas,
determina que el cambio climático sería visto en términos positivos, en las
partes más nórdicas, por traer condiciones más favorables para cultivos,
aunque esto implica condiciones igualmente favorables para arvenses, peste=
s y
enfermedades. Para la región del =
mar
Mediterráneo, Tanasijevic et al. (2014)
estudiaron los efectos del cambio climático en el cultivo de olivo. Conclu=
yen
que los efectos combinados de incremento de la temperatura y disminución d=
e la
precipitación influirán en una disminución de la cantidad de agua disponib=
le
en la zona de raíces. El estrés hídrico afectará también el cultivo de sec=
ano
del olivo, por lo que el riego de los cultivos de olivo será más accesible=
si
hay un desplazamiento de hacia nuevas áreas.
En Bulgaria, Popova et al. (2014)
consideraron la vulnerabilidad a las sequías de los sistemas de cultivo de
maíz de secano. A partir de análisis climáticos se concluyó que las
condiciones serán más secas para el maíz de secano y se incrementará la
demanda de agua para sobreponer el estrés hídrico.
África
Con respecto a Sudáfrica, Calzadi=
lla et
al. (2014) mencionan como unas mayores temperaturas y menores lluvias
resultarán en cambios de la humedad del suelo y las dotaciones hídricas las
cuales afectarán la producción de cultivos. Dos ejemplos de afectación ser=
ían
el cultivo a pequeña escala de rooibos (Asp=
alathus
linearis) en los agricultores de la zona
semiárida oeste (Archer et al. 2008) y la introducción de especies =
de
uvas más tolerantes al aumento de temperatura en el caso del vino (Renée y
Thach 2014).
América
Bora et al. (2014) evaluar=
on
el impacto de la variabilidad en el rendimiento en Dakota del Norte, Estad=
os
Unidos, de diferentes factores climáticos con el propósito de asociar los
efectos climáticos y las condiciones hídricas del suelo que afectan el
rendimiento del cultivo de trigo y por lo tanto la economía. Los mayores
efectos se darán en la evapotranspiración por el aumento de la temperatura=
, la
humedad en el suelo y la cantidad de lluvia.
Asia
En Nepal, Malla (2008) afirma que=
se
dará una mayor evapotranspiración debido al incremento de la temperatura, o
cual demandará más agua para reducir la sequía. Otros factores relacionado=
s a
procesos hidrológicos que afectarán serán las inundaciones de cultivos
permanentes, crecidas y disminución del nivel freático.
En la región de Huang-Huai-Hai de
China, Yang et al. (2013) realizaron un análisis de las variaciones=
de
la evapotranspiración y su impacto en el cultivo de maíz. Debido a esta
situación se pueden dar cambios en la humedad del suelo, causado por los
cambios climáticos, que alterarán la cantidad de agua disponible para las
raíces de las plantas y de esta manera influir en la cantidad de agua que
puede ser transpirada.
Yang et al. (2013) analiza=
ron
las variaciones espacio-temporales de la evapotranspiración de cultivo, ag=
ua y
precipitación efectiva en el maíz durante la estación de verano en el este=
de
China. Los cambios en la humedad del suelo, debido al aumento de las
temperaturas por el cambio climático, alterarán el agua disponible para las
raíces de las plantas y de esta manera también el agua que pueden transpir=
ar.
Stulina y Solodkiy (=
2015)
hicieron, a partir de pruebas de evapotranspiración potencial, un análisis=
de
los déficits de humedad en la temporada de crecimiento de las fases del
desarrollo del cultivo del algodón en Uzbekistán en Asia Central. Entre las
conclusiones se puede mencionar que se dará un bajo rendimiento en los
cultivos debido a la disponibilidad del agua en la zona que es crítica. Se
afirma que la disminución será de más de 100 mm. Los
efectos del cambio climático en la agricultura de regiones con climas
templados y fríos, tal como se ha documentado en la presente revisión, no
pueden entenderse de forma aislada. El fenómeno implica una red compleja de
interacciones entre factores climáticos, edáficos, hidrológicos y
socioeconómicos que repercuten directamente en la capacidad de estas regio=
nes
para mantener una producción agrícola sostenible.
Cuadro 1.
Síntesis de efectos en tierras agrícolas y requerimientos hídricos por cam=
bio
climático
|
Región o País<= o:p> |
Impactos en tierras agrícolas= b><= o:p> |
Impactos en requerimientos hídricos<= o:p> |
|
Europa
- Anatolia Central, Turquía |
Reducción
de temperatura y precipitación; clima más seco modifica calendarios de
siembra |
Condiciones
más secas reducen rendimiento del trigo |
|
Europa - Valle del Po, Italia=
|
Dependencia de reservorios para riego; menor lluvia en temporada de crecimiento<= o:p> |
Desplazamiento de cultivo de olivo hacia áreas más húmedas y elevadas <= o:p> |
|
Europa
- Norte de Noruega |
Mayor
duración de temporada de cultivo; condiciones también favorables para
arvenses y plagas |
Cambio climático visto como favorable en regiones frías para ciertos cultivos= span><= o:p> |
|
Europa
- Mediterráneo |
Estrés
hídrico en cultivo de olivo; necesidad de riego en nuevas áreas |
Reducción de viñedos en zonas cálidas; pérdida de tierras aptas<= o:p> |
|
Europa
- Bulgaria |
Maíz
de secano más vulnerable a sequías; aumento de demanda hídrica |
Condiciones
más secas exigen riego suplementario |
|
Europa
- Finlandia |
Aumento de humedad y temperatura; efectos en fertilización y rendimiento de ceba= da <= o:p> |
Condiciones climáticas más húmedas pueden beneficiar algunos cultivos<= o:p> |
|
América
- Canadá |
Trigo y papa expuestos a estrés térmico; maíz y soya en condiciones ideales = span><= o:p> |
Cambio climático puede favorecer ciertos cultivos con requerimientos térmicos a= ltos<= o:p> |
|
América
- EE.UU. (Dakota del Norte) |
Evapotranspiración y humedad del suelo afectan rendimiento del trigo <= o:p> |
Variabilidad en el agua disponible condiciona productividad económica<= o:p> |
|
América
- Argentina |
Mayor
temperatura y lluvia afectan maíz y trigo |
Efectos combinados sobre rendimiento agrícola en cultivos de clima templado<= o:p> |
|
Asia
- Nepal |
Mayor
evapotranspiración por incremento térmico; afectación por crecidas e
inundaciones |
Condiciones más favorables en colinas y montañas; daño en tierras bajas (Terai)<= o:p> |
|
Asia - China (Huang-Huai-H=
ai) |
Cambios en humedad del suelo alteran agua disponible para raíces<= o:p> |
Evapotranspiración
impacta productividad del maíz durante verano |
|
Asia
- Uzbekistán |
Déficit hídrico >100 mm afecta rendimiento del algodón<= o:p> |
Zona
crítica por disponibilidad de agua en temporada de crecimiento |
|
África
- Sudáfrica |
Aumento térmico y menor lluvia afectan cultivos de secano y riego <= o:p> |
Rooibos y uvas
requieren adaptación varietal |
Los impactos identificados
son tanto directos como indirectos, a corto, mediano y largo plazo, y pued=
en
manifestarse de maneras diversas según las condiciones locales. Desde el punto de vista edafológico, =
los
suelos agrícolas son especialmente sensibles al cambio climático. Las
modificaciones en los regímenes de temperatura y precipitación pueden indu=
cir
procesos de degradación como la salinización, la erosión y la pérdida de
carbono orgánico. Esta pérdida compromete la capacidad del suelo para rete=
ner
nutrientes y agua, afectando la fertilidad y, por ende, la productividad
agrícola. Se ha evidenciado que el
cambio climático intensifica la mineralización del nitrógeno y acelera la
descomposición de la materia orgánica, alterando los ciclos de nutrientes y
limitando la capacidad del suelo para sostener cultivos a largo plazo.
En términos hidrológicos,=
la
variabilidad en la disponibilidad de agua es uno de los principales factor=
es
de vulnerabilidad en estas regiones. El aumento de la evapotranspiración,
combinado con una distribución más errática de la precipitación, genera ma=
yores
necesidades de riego, particularmente en sistemas de cultivo de secano. Es=
to
no solo eleva los costos de producción, sino que también tensiona los sist=
emas
hídricos locales y regionales. Los cambios en la escorrentía, la recarga de
acuíferos y la frecuencia de eventos extremos como sequías e inundaciones,
afectan la planificación del uso del agua en la agricultura. Otro punto relevante es la
redistribución espacial de la aptitud agrícola. Mientras que algunas zonas
nórdicas podrían beneficiarse por un alargamiento de la temporada de culti=
vo,
otras regiones, como las del Mediterráneo o Europa central, enfrentan una =
reducción
en la productividad por el aumento del estrés térmico e hídrico. Esta
redistribución no solo afecta qué cultivos pueden cultivarse y dónde, sino=
que
también influye en las dinámicas económicas y sociales de las regiones
productoras.
Las migraciones de cultivos y la presión
sobre nuevas tierras agrícolas podrían inducir cambios en el uso del suelo=
con
consecuencias ambientales adicionales, como la deforestación o la pérdida =
de
biodiversidad. Desde una perspectiva socioeconómica, los pequeños y median=
os
agricultores, que dependen de prácticas tradicionales o que carecen de acc=
eso
a tecnologías adaptativas, son los más vulnerables a los efectos del cambio
climático. Esto implica que las estrategias de adaptación deben ser
inclusivas, considerando no solo soluciones técnicas, sino también marcos
institucionales que promuevan la equidad y el acceso a recursos e informac=
ión.
La
investigación también ha demostrado que los beneficios potenciales, como el
aumento de la productividad por la fertilización con CO2 o el
incremento de biomasa, podrían no ser suficientes para compensar las pérdi=
das
por degradación de suelo, estrés hídrico o la expansión de plagas y
enfermedades. En síntesis, el impacto del cambio climático sobre la
agricultura en estas regiones constituye un fenómeno multifacético, cuyas
repercusiones se intensifican por la sinergia entre factores climáticos,
edáficos y de manejo agrícola. La adaptación a estos cambios exigirá enfoq=
ues
integrados, que combinen el conocimiento científico con las prácticas loca=
les,
para mitigar los efectos negativos y aprovechar las oportunidades emergent=
es.
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