Año 24, n.º 50: 155-179, julio-diciembre 2025
La competencia perfecta
en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos
trascendentales de Hinkelammert
Hugo Amador Herrera-Torres
*
https://orcid.org/0000-0003-3685-4043
* Doctor en Economía por
la Universidad Autónoma de Madrid, de España. Profesor e investigador titular
en la Facultad de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, de México. Correo: hugo.herrera@umich.mx
Daniela Arias-Torres **
https://orcid.org/0000-0002-9887-4296
** Doctora en Ciencias
del Desarrollo Regional por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
(UMSNH), de México. Investigadora Posdoctoral de la Secretaría de Ciencia,
Humanidades, Tecnología e Innovación en la UMSNH. Correo:
daniela.arias@umich.mx
Resumen
El objetivo del ensayo
es determinar qué tipo de contenido trascendental tiene el modelo de la
competencia perfecta en el neoliberalismo de Friedrich Hayek. El examen del
contenido se hace con base en la propuesta de conceptos trascendentales que
desarrolla Franz Josef Hinkelammert y el método de investigación utilizado es
el analéctico. En el documento se sostiene la tesis hinkelammertiana de que los
conceptos trascendentales pueden derivar –por el propio pensamiento o por la
misma acción humana– en ilusiones. Los hallazgos indican que predominan las
ilusiones trascendentales en el modelo. Primero, la aproximación incorrecta a
la competencia perfecta: Hayek, a través de un mercado empírico con
determinadas características, busca generar una tendencia a la competencia
perfecta. El acercamiento debe hacerse al revés, a partir de la competencia
perfecta se debe definir el mercado empírico. Segundo, el modelo está fundado
en criterios mercantiles: deja de lado las necesidades cuya satisfacción
posibilita la existencia físico-biológica de los sujetos. Tercero, el modelo
tiene inconsistencias lógicas en su diseño: la competencia perfecta constituye
en lo empírico una no competencia y los equilibrios parciales simultáneos que
programa tienen un sentido inverso a los equilibrios parciales sucesivos que se
presentan en la realidad.
Palabras clave: mercado, modelo económico, competencia económica,
ilusiones trascendentales.
Recibido:
11 de marzo de 2025
Aceptado:
9 de julio de 2025
Perfect Competition in Hayek’s Neoliberalism. A Critique
Based on the Transcendental Concepts of Hinkelammert
Abstract
The aim of this essay is to determine what type of
transcendental content the model of perfect competition has in Friedrich
Hayek’s neoliberalism. The examination of the content is based on the proposal
of transcendental concepts developed by Franz Josef Hinkelammert, and the
research method used is the analectic one. The document upholds Hinkelammert’s
thesis that transcendental concepts can derive –through thought itself or
through human action– into illusions. The findings indicate that transcendental
illusions predominate in the model. First, the incorrect approach to perfect
competition: Hayek, through an empirical market with certain characteristics,
seeks to generate a tendency toward perfect competition. The approach should be
the opposite: starting from perfect competition to define the empirical market.
Second, the model is founded on mercantile criteria: it leaves aside the needs
whose satisfaction makes possible the physical-biological existence of
subjects. Third, the model has logical inconsistencies in its design: perfect
competition constitutes, in the empirical sphere, a non-competition, and the
simultaneous partial equilibria it programs have a reverse meaning compared to
the successive partial equilibria that appear in reality.
Keywords: Competition Economics, Economic Model, Market,
Transcendental Illusions.
La concurrence parfaite dans le néolibéralisme de Hayek.
Critique à partir des concepts transcendantaux de Hinkelammert
Résumé
L’objectif de cet essai est de déterminer quel type de
contenu transcendantal comporte le modèle de la concurrence parfaite dans le
néolibéralisme de Friedrich Hayek. L’analyse de ce contenu s’appuie sur la
proposition de concepts transcendantaux développée par Franz Josef Hinkelammert
et la méthode de recherche employée est l’analectique. Le document soutient la
thèse hinkelammertienne selon laquelle les concepts transcendantaux peuvent
dériver – soit de la pensée elle-même, soit de l’action humaine – en illusions.
Les résultats indiquent que prédominent les illusions transcendantales dans ce
modèle. Premièrement, l’approche incorrecte de la concurrence parfaite : Hayek,
à travers un marché empirique doté de certaines caractéristiques, cherche à
générer une tendance vers la concurrence parfaite. L’approche devrait se faire
à l’inverse : c’est à partir de la concurrence parfaite que doit être défini le
marché empirique. Deuxièmement, le modèle repose sur des critères marchands :
il laisse de côté les besoins dont la satisfaction rend possible l’existence
physico-biologique des sujets. Troisièmement, le modèle présente des
incohérences logiques dans sa conception : la concurrence parfaite constitue
empiriquement une non-concurrence, et les équilibres partiels simultanés qu’il
propose ont un sens inverse par rapport aux équilibres partiels successifs qui
se manifestent dans la réalité.
Mots-clés : marché, modèle économique, concurrence
économique, illusions transcendantales.
Introducción
Franz
Josef Hinkelammert publicó en 2022 la segunda edición del libro Cuando Dios se hace hombre, el ser humano
hace la modernidad. Crítica de la razón mítica en la historia occidental. La
obra pone énfasis en los conceptos trascendentales, es decir, conceptos
metafísicos, aunque no todos estos, en el sentido de Hinkelammert, son
trascendentales. La metafísica contiene categorías explicativas que no
necesariamente se conectan con la práctica de las personas. La trascendencia
constituye una parte de la metafísica centrada en las ideas normativas que
estructuran la racionalidad de los seres humanos y orientan sus acciones.
Los
conceptos trascendentales corresponden a pensamientos estructurados sobre escenarios
sociales perfectos donde los seres humanos son también perfectos. Sin la perfección
y sin la consideración de seres humanos no hay manera de formular conceptos
trascendentales.
La
perfección, no obstante, carece de la oportunidad de materializarse en la
realidad objetiva, al menos, por tres motivos interrelacionados: 1) la imperfección
de la actividad humana debido a la presencia permanente de la contingencia, 2)
la imperfección de los sujetos derivada de su propia condición (capacidad
cognoscente limitada, por ejemplo), y 3) la finitud físico-biológica de las personas
(inexistencia de la eternidad corporal).
Los
conceptos trascendentales cuentan con un carácter utópico, pero se alejan de
ser meras fantasías con inspiración utópica, tampoco retratan una paradoja sin
sentido. En estos conceptos se configuran esquemas teóricos que muestran rasgos
de la realidad llevados a su perfección, surgen de la experiencia objetiva y
proporcionan claves a los sujetos para detectar y construir otras rutas[1].
El discernimiento de los conceptos trascendentales se extiende, por
consecuencia, más allá de la filosofía y la teología, su reflexión encuentra
espacios en múltiples campos del conocimiento.
Ciencias empíricas y conceptos trascendentales
Todas
las ciencias empíricas (naturales y sociales) recurren a los conceptos
trascendentales. Este argumento es afirmativo sin posibilidad científica de
colocarlo como hipótesis. «Los conceptos trascendentales no tienen un ser
ontológico»[2];
más bien, sirven como punto de partida o categoría inicial insustituible para establecer
la acción de los seres humanos en la concreción de la situación social lo mejor
posible, o bien, dicho de otra manera, la práctica de los sujetos únicamente puede
lograr lo mejor posible con base en lo imposible empírico.
En
la física (ciencia natural), Hinkelammert[3] identifica
algunos casos de seres humanos perfectos congruentes con escenarios perfectos. Uno
de ellos fue diseñado por Laplace en la época de la Revolución francesa. Se
trata de un demonio dotado de habilidades para conocer 1) todo lo que sucedió
en el pasado, 2) todo lo que acontece en el presente, y 3) todo lo que pasará
en el futuro. El demonio es la imagen de un sobrehumano y no de un ser
sobrenatural. En los desarrollos de Planck, en años inmediatos a la Segunda
Guerra Mundial, siguiendo a Hinkelammert[4],
se detecta también la figura de un sujeto perfecto que funciona como observador
perfecto. En las propuestas de Tipler durante la década de 1970 y recientemente
en las proyecciones de los científicos del Valle del Silicio en Estados Unidos
se razona en relación con seres humanos inmortales (existencia de la eternidad
corporal). En la filosofía (ciencia social), se halla, en la mención tan solo
de una referencia, a la persona omnisciente presentada por Wittgenstein en 1929.
Esta persona cuenta con la capacidad de describir todos los movimientos de los
cuerpos «animados e inanimados» que habita en la Tierra.
La
teoría de la elección pública, entre otras múltiples propuestas de la ciencia
económica (ciencia social), se maneja en el cuadro de conceptos
trascendentales:
[…] La acción racional [de los
individuos] requiere de la aceptación de algún fin y también la capacidad para
elegir las alternativas que conducirán hacia el logro de [tal fin]. Las
consecuencias de la elección [de las alternativas que haga el individuo] deben
comprobarse bajo condiciones de completa certeza [en la elección de tales
alternativas], para que el individuo se plantee su comportamiento de forma
completamente racional.[5]
Buchanan
y Tullock hablan de comparar la acción del individuo en condiciones reales con
la actuación de este mismo en condiciones de completa certeza. La comparación
busca determinar el grado de racionalidad impreso en la ejecución de la
actividad. Cuanto más se aproxime la acción real del sujeto a la acción
dibujada en escenarios de completa certeza, mayor será el grado de racionalidad
del individuo.
El
diseño de las condiciones de completa certeza, que solo es posible en el
pensamiento, se hace después de la actuación del individuo en condiciones
reales. Las condiciones reales (situación real) son entonces llevadas a
condiciones de completa certeza (escenario perfecto). Estas últimas se
establecen como patrón de comparación para las siguientes demostraciones del
individuo en condiciones reales. La completa certeza nunca se presentará en la
práctica y el individuo jamás tendrá conductas completamente racionales. Aún,
en este último caso, con el supuesto trascendental de existencia de certeza
total en las condiciones contextuales reales (situación perfecta), el individuo
con comportamiento racional absoluto no podría existir porque demandaría otras
particularidades que escapan de la constitución humana: conocimiento total,
razonamiento inequívoco, etc. La completa certeza y la conducta completamente
racional que plantean Buchanan y Tullock son conceptos trascendentales[6].
Conceptos, imaginaciones e ilusiones
trascendentales
Hinkelammert[7] explica
que los seres humanos crean tanto conceptos como imaginaciones trascendentales.
Los primeros parten de las situaciones concretas que viven los sujetos en sus
sociedades y las segundas tienen su origen en la subjetividad de las personas. A
través de los conceptos se concibe la perfección de la exterioridad de los
seres humanos y con las imaginaciones se bosqueja la perfección de la
interioridad de los sujetos. Hinkelammert[8], de
forma implícita y general, señala tres aspectos claves de los conceptos
trascendentales:
1. Constituyen escenarios
perfectos con consistencia lógica, los cuales funcionan como guía para alcanzar
empíricamente –mediante la práctica humana– las situaciones sociales lo mejor
posible, que son aquellas que tienen mayor proximidad en la realidad objetiva a
los escenarios perfectos.
2. Los escenarios perfectos
requieren estar fundados en lo que permite experimentar la realidad objetiva: la
vida humana y la naturaleza (la vida «en general»).
3. Factibilidad
trascendental. Los sujetos son conscientes de que no es factible –por su finitud
ontológica y sus capacidades limitadas– alcanzar con sus acciones escenarios
perfectos en la realidad. Los escenarios perfectos no son fines cuantificables
ni realizables. La factibilidad trascendental, en este sentido, opera como
criterio regulativo que enfrenta a los conceptos trascendentales con las
particularidades humanas, donde estas últimas determinan el nivel en que
aquellos pueden materializarse. Lo factible afirma la vida «en general». La práctica
humana que transgrede los límites de la factibilidad destruye el fundamento. Dada
la factibilidad, tanto el ámbito trascendental como en las actividades, se definen
las alternativas viables, siendo más viable la que corresponde a la situación
social lo mejor posible. La viabilidad necesita como plataforma a la
factibilidad.
La
omisión de los tres aspectos hace caer a los conceptos en ilusiones
trascendentales. Estas últimas, en consecuencia, a) retratan escenarios que, a
pesar de catalogarse como perfectos, contienen inconsistencias lógicas en sus
diseños, y b) colocan a los escenarios lo mejor posible, incluso, a los
escenarios simplemente posibles como fuentes de referencia para la actividad de
los sujetos en el intento de lograr los mejores avances posibles[9]. La
acción de los seres humanos cuando parte de escenarios lo mejor posible, que
son posibles en el pensamiento y, a la vez, alcanzables en lo empírico, culmina
en situaciones por debajo de lo mejor posible[10]. «[…]Y,
lo posible es menor […] a lo mejor posible»[11]. Estas
dos ilusiones son opuestas a lo que establece el primer aspecto clave de los
conceptos trascendentales.
Las
ilusiones, además, describen escenarios que ocultan o niegan como finalidad la
reproducción de la vida «en general». Esta ilusión es contraria al segundo aspecto.
Las ilusiones también configuran la creencia de que los escenarios perfectos
pueden materializarse con el quehacer humano. Algunos conceptos trascendentales
cumplen con los dos primeros aspectos; sin embargo, al querer lograrlos se
transforman en ilusiones. Los escenarios perfectos, en este contexto, son
considerados erróneamente como fines cuantificables. Esta ilusión traza la
inversión del tercer aspecto. Las imaginaciones, de manera similar, pueden
convertirse en ilusiones, tienen los mismos aspectos claves de los conceptos, su
aplicación se manifiesta, naturalmente, en la subjetividad humana[12].
Cuadro metodológico del ensayo
El
neoliberalismo de Hayek tiene un concepto trascendental en su núcleo operativo.
Se trata del modelo neoclásico de competencia perfecta. La coordinación general
y específica de los procesos económicos –en el enfoque neoliberal– recae en el
mercado. El Estado queda reducido a su mínima expresión. Hayek recurre a la
competencia perfecta porque necesita precisamente un modelo que establezca las
pautas de intervención del mercado. La competencia perfecta indica las pautas de
mejor forma que cualquier otro modelo. Hinkelammert, en este sentido, indica: «[…]
el mercado es un [mecanismo] de funcionamiento y, por ende, tiene que
funcionar. La competencia perfecta describe […] los indicadores a partir de los
cuales se puede afirmar tal funcionamiento […]»[13].
El
presente ensayo tiene como objetivo identificar el contenido trascendental de la
competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek con base en el esquema de
estudio en materia trascendental que sugiere Hinkelammert. Este autor[14] ha
realizado un examen sistemático y profundo de la exposición hayekiana en
relación con el marco categorial del pensamiento neoliberal[15].
El
método de investigación adoptado en el manuscrito es el analéctico, el cual está,
primero, anclado a los aportes de Dussel[16] presentados
principalmente en la tradición de la filosofía de la liberación latinoamericana,
y segundo, vinculado con elementos claves del materialismo histórico de Marx.
El método considera, asimismo, aspectos reinterpretados de la dialéctica
hegeliana. La analéctica realiza el examen de un fenómeno social o de una
categoría analítica partiendo de lo concreto real: la vida «en general». La
crítica se hace entonces desde la afirmación de la vida humana y de la
naturaleza. Este método surge con la pretensión de refutar e interpelar marcos
teóricos, discursos y sistemas que abstraigan lo concreto. La analéctica, en
congruencia con su postura, acepta que los conocimientos se encuentran situados
históricamente.
En
el ensayo, por tanto, se efectúan acercamientos deliberados –con idas y venidas–
al sustento trascendental de la competencia perfecta (categoría sometida al
análisis) desde la postura técnica de Hinkelammert, centrada en la garantía de
la vida «en general» en las configuraciones de formaciones sociales. La
analéctica cuestiona a todas aquellas formaciones que dejan fuera a seres
humanos. La exclusión no solo pone en peligro, sino que puede, incluso, eliminar
la vida. Algunos seres humanos provienen de partes de la formación que han sido
negadas por las partes dominantes. Ambas partes se encuentran dentro de la estructura.
Estos sujetos son externos de los que sostienen a la formación, tienen la tarea
de realizar la crítica interna para habilitar reformas. Hay otras personas
localizadas en las partes subsumidas por la formación, Dussel[17] señala
a estas como la nada de la formación. Estos seres buscan constituir una nueva.
No son lo mismo los sujetos por negación externa que por negación de la formación.
Hinkelammert se concentró en esta última negación.
El
ensayo se divide en tres partes. En la primera, se revisan los vínculos, a
través de ejemplos y contrastando argumentos, entre escenarios perfectos y
situaciones lo mejor posible. En la segunda, se establecen las bases generales
del neoliberalismo y de la competencia perfecta, así como la articulación teórica
entre la corriente y el modelo. En la tercera, que encuentra sus antecedentes
en las dos partes anteriores, se enlaza a la competencia perfecta con los
aspectos claves de los conceptos trascendentales. Al final, se especifican las
conclusiones obtenidas y se listan las referencias.
Escenarios perfectos y situaciones lo mejor posible
Hay varios ejemplos en los
manuscritos de Hinkelammert que pueden utilizarse para explicar la relación
entre lo posible y lo imposible empírico, uno de estos es el perpetuum mobile:
[…] Si por perpetuum
mobile [se hace mención] a una máquina que [trabaja sin parar ni
desgastarse], sin recibir energía de su exterior y [sin transformación ni
agotamiento de la energía que utiliza, se puede considerar al perpetuum mobile como un caso límite].
[…] EI péndulo matemático es, en este sentido, un perpetuum mobile, pues es una máquina de movimiento continuo que
efectúa trabajo y que no recibe energía de su exterior. No obstante, el péndulo
matemático se construye sobre la base de la ley de la conservación de la
energía. [El péndulo] se deriva analíticamente del principio de imposibilidad
de la construcción de un perpetuum mobile
[…].[18]
El término «caso límite»
–que se menciona en la cita– es sinónimo de concepto trascendental. El perpetuum mobile al constituirse como máquina
de operación exacta (funcionamiento ininterrumpido sin sufrir ningún desgaste, sin
necesitar energía exterior, sin agotar su fuente energética) corresponde a un
concepto trascendental (elemento perfecto de un escenario perfecto). El péndulo
no logra materializar al perpetuum mobile,
pero es el máximo acercamiento a este (elemento lo mejor posible). El péndulo no
hubiera sido posible en la realidad objetiva sin el diseño del perpetuum mobile. El péndulo es el perpetuum mobile lo mejor posible.
Hinkelammert usa el
término concepto trascendental sobre todo para referirse a cuestiones que
involucran al conjunto de la sociedad; sin embargo, también produce argumentos
que otorgan la oportunidad de deducir ejemplos sobre cuestiones particulares:
[…] La tortura solamente es eficaz si lleva al
torturado hasta el límite de lo aguantable. Es como cuando [se hace] la prueba
de un material. Se lleva al límite antes de que quiebre. […] El problema, no
obstante, de este límite, es que no se puede conocer ex ante. Cuando el material se quiebra se sabe que se ha pasado el
límite, o sea ex post. En el caso del
material se sabe entonces hasta dónde se […] puede cargar. El caso del
torturador es diferente. Muchas veces pasa el límite. Pero entonces el
torturado está muerto.[19]
La tortura perfecta –o
lo que Hinkelammert llama tortura eficaz– es el sometimiento límite que puede aguantar
físicamente un sujeto. Pasar el umbral conduce inmediatamente a su muerte. Ya
no sería tortura, ahora se estaría ante un asesinato. De forma análoga, la
presión perfecta de un material es igual al límite de su ruptura. Exceder el margen
constituye el quiebre del material. Tanto la tortura perfecta de la persona
como la presión perfecta del material solo pueden conocerse ex post. Empero, los seres humanos no
tienen la capacidad para saber en el tiempo presente los datos que únicamente
pueden definirse con precisión después de la acción. Necesitarían primero estar
en el futuro y, luego, regresar al momento del que partieron. Aun así, con la consideración
de este supuesto, tendrían los datos de la tortura de una persona, pero no la
identificación de los datos para la tortura perfecta de todas las personas. Los
cuerpos humanos son distintos. La tortura perfecta para cada sujeto, por tanto,
es diferente. La obtención del conocimiento de la frontera de lo aguantable
para cada uno de los individuos es imposible. La tortura perfecta definitivamente
es un concepto trascendental.
El análisis del
torturado se puede transpolar a la prueba del material. Ningún material «X» es semejante
a otro material «X», a pesar de que los dos materiales sean del grupo de la «X»,
puesto que los objetos provenientes de la naturaleza no son homogéneos, tienen composiciones
internas semejantes, pero no iguales. Hinkelammert escribe en la cita: «[…] En
el caso del material se sabe […] hasta dónde se […] puede cargar [en el futuro]
[…]». No es así. El conocimiento cuantificado únicamente puede ser general y aproximado
para los materiales «X», no puede ser específico y exacto por más proyecciones
técnicas que se hagan.
En un caso hipotético, descubrir
que la tortura perfecta de un individuo corresponde a 99 golpes implicó darle
primero 100. Golpearlo 100 veces, no obstante, causó su muerte. Hasta este
punto (100 golpes) se conoció la tortura perfecta (99 golpes). La cuantificación
derivó, por ende, en la superación de las condiciones físico-biológicas del
sujeto, quien perdió la oportunidad de retornar a la realidad objetiva. La
tortura perfecta proyectada en 99 golpes también involucra que los torturadores
en las réplicas peguen con la misma fuerza empleada en el primer golpe y dando
estos en las mismas partes del cuerpo. La tortura perfecta para otras personas
pudiera involucrar más de 99 golpes o, tal vez, menos. Este ejemplo revela la
imposibilidad práctica de presentar a los escenarios perfectos como fines
cuantificables. No hay discusión en relación con que los seres humanos
necesitan fijar valores cuantitativos para actuar; sin embargo, sus
estimaciones no son asignables para los conceptos trascendentales y sus
cálculos en el cuadro operativo siempre serán aproximaciones condicionadas por
limitaciones insuperables.
La tortura perfecta es
una ilusión trascendental, puesto que es una actividad que atenta contra el
fundamento (la vida «en general»). Ninguna persona debe ser torturada. Algunos
individuos recurren a la tortura como medio instrumental para obtener
información, lanzar mensajes a otros, infundir terror o forzar a la renuncia de
posturas. La tortura –al no sostenerse en la ilusión trascendental– desaparece,
la conquista de determinados objetivos ahora se realizaría cuidando la vida de
los sujetos. De la tortura perfecta se transitaría a la argumentación perfecta.
La tortura perfecta también
se extiende a la naturaleza. Esto amenaza al fundamento. Fuera completamente de
las ilusiones trascendentales, el uso de la naturaleza en la producción de los
bienes que requieren los sujetos para satisfacer sus necesidades vitales debería
ser cero. El uso nulo representa una imposibilidad empírica. La situación lo
mejor posible retrata utilizar la naturaleza lo menos que se pueda en la generación
de productos sin obstaculizar la garantía de atención de las necesidades
humanas. Los puntos lo mejor posible en las producciones de bienes, en este
sentido, aseguran la reproducción de la naturaleza y la regeneración de las
personas (vida «en general»). Los fundamentos de la realidad objetiva deben asistirse
efectivamente en la perfección pensable y en la práctica imperfecta.
Dussel también debate
entre lo perfecto, lo mejor posible y lo posible:
[…] Realizar lo factible [lo posible] es poner en la
existencia empírica, objetiva, aquello ideado por la subjetividad. Pero no todo
lo ideado puede ni debe intentar realizarse, sino solo lo que cumple con las
condiciones de su posibilidad real. Son
condiciones históricas coyunturales, políticas, de las más diversas especies, y
siempre económicas. No considerar esas condiciones concretas es tomar lo ideado
como realizable: es confundir lo imposible con lo real. ¡Es necesario ser realistas!, pero al mismo tiempo hay que
ser críticos, contra el aparente realismo conservador. […][20]
La cita de Dussel produce
varias reacciones. El autor señala las relaciones adecuadas de los sujetos con
los conceptos trascendentales: la búsqueda humana de concretar –en la medida de
lo posible– lo ideado (lo perfecto). Lo ideado es imposible empíricamente. La
cita, de igual forma, contribuye a reafirmar que el acto de idealizar por parte
de los sujetos no se encuentra –en primera instancia– en función de las condiciones
que aproximen a la materialización de la idealización. Los momentos de la
realidad que niegan a la vida humana y a la naturaleza (fundamento) son los que
obligan –en primera instancia– a idealizar tales momentos en su versión contraria
(afirmación total de la vida «en general»).
Las acciones que atentan
contra el fundamento en la realidad destruyen a la propia realidad. La
idealización positiva del fundamento es el punto de partida para la actividad humana
que intente mantener lo mejor posible al fundamento. Dussel en la cita señala: «[…]
¡Es necesario ser realistas! […]». ¿Qué
es ser realista? Realista viene de lo real. Y, lo real, es el fundamento.
Neoliberalismo y competencia perfecta
Hinkelammert[21] detecta
que, aproximadamente entre 1830 y 1850, como efecto del establecimiento de
aranceles inflexibles al comercio de granos –que limitaban la competencia entre
productores en Inglaterra– se desplegó un movimiento con bases similares al
neoliberalismo denominado manchesterismo. El movimiento rechazó las propuestas
proteccionistas del mercantilismo, como los impuestos y las restricciones a las
importaciones; fomentó una libertad sin condiciones del Estado para la
actuación de los agentes económicos; asumió el «dejen hacer y dejen pasar, el
mundo va solo» de Gournay; y adoptó el individualismo de Smith (1776), es
decir, aceptó la idea de que los sujetos trabajan directamente en función de
sus intereses propios y, al hacerlo, indirectamente generan bienestar general. Asimismo,
el manchesterismo incorporó el utilitarismo de Bentham (1789): la propiedad de
productos causa placer, siendo así, entre más personas tengan productos, mayor
placer habrá. El rasgo común entre el manchesterismo y el neoliberalismo es una
«[…] ideología empresarial a ultranza […]»[22].
Jevons y Menger, en
1871, cada uno con su propia obra, dieron forma a la escuela marginalista como una
reacción a la teoría del valor-trabajo de la economía política clásica de Smith
y Ricardo. El aporte sustancial de la escuela fue la formulación de la ley de
la utilidad marginal decreciente: el valor de un producto para su poseedor se
establece por la utilidad que genere la última unidad producida de ese
producto. La utilidad decrece en tanto más unidades se produzcan. Walras, en
1874, se sumó al examen marginalista. Esta escuela formalizó la teoría del
valor subjetivo. Walras, además, contribuyó ampliamente al lanzamiento de la
corriente neoclásica. Marshall, en 1890, integró los análisis marginalistas con
algunas ideas de la economía política clásica (principalmente de Ricardo). El autor
instaló las bases de la corriente neoclásica. Los marginalistas y los
neoclásicos tienen congruencia con la ideología empresarial del manchesterismo.
Keynes, por su parte, en 1936, reformó el programa general neoclásico al destacar
la participación del Estado en la estimulación de la demanda con el propósito
de mantener el pleno empleo y el equilibrio en el uso de los factores de
producción.
El neoliberalismo respondió
en la década de 1970 a la crisis de las teorías del desarrollo inspiradas en el
keynesianismo. La crisis, según los representantes del neoliberalismo, principalmente
Hayek, era producto de la excesiva participación del Estado en materia
económica: políticas para favorecer la competencia
(impedir la formación de monopolios), políticas de pleno empleo, políticas
redistributivas del producto social, entre otras[23].
El fracaso de los planificadores de la Unión Soviética agregó todavía más
argumentos al neoliberalismo para sugerir la disminución considerable del
Estado en el desenvolvimiento de los procesos económicos.
El neoliberalismo
propone como solución directa de la crisis desactivar al capitalismo estatalmente
organizado y coloca, de inicio, en tal emprendimiento, al mercado como
coordinador general de los procesos económicos. En este contexto, la formación
de monopolios no se atacaría más con políticas estatales, se atendería con la
garantía de firmar contratos por parte de los agentes sin mediaciones externas
y con la seguridad de que serían cumplidos. El esquema contractual exigiría respetar
el derecho de propiedad privada. Los monopolios se combatirían, por tanto, con los
movimientos libres en el mercado de agentes con certeza jurídica y confianza[24]. Aquellas
aglomeraciones de empresarios derivadas de circunstancias específicas, por
ejemplo, de la conveniencia de aprovechar los rendimientos de las economías de
escala, se disolverían por la propia dinámica del mercado.
El Estado no es
eliminado por completo, Hayek[25] reconoce
la importancia de un Estado ultra-mínimo que se cerciore, primero, de afianzar la
dinámica sin límites de los agentes, segundo, de frenar cualquier actuación de
las ramificaciones de este tipo de Estado en áreas económicas (Estado que se
limita a sí mismo) y tercero, de clausurar todos los monopolios que no vengan
del mercado, tales como los sindicatos. El neoliberalismo exhibe a los
sindicatos como los principales promotores de la cartelización del mercado por
el control que ejercen sobre la oferta de fuerza de trabajo[26].
La cartelización obstaculiza la libertad de las empresas para desplazarse y
tomar decisiones económicas, así como el ingreso de nuevos agentes al mercado.
La
estructura del neoliberalismo en Hayek, continuando con lo anterior, parte de
un mercado empírico cuya idealización es ajustada al cuadro explicativo del modelo
de la competencia perfecta. Hayek[27] registra
que el mercado puro se encuentra puntualizado en el modelo. La competencia
perfecta se adopta acríticamente.
La
competencia perfecta para el producto «X» considera la participación de muchos agentes
(productores y consumidores) en los movimientos de la oferta y la demanda de
dicho producto. Todos los productos «X» son idénticos. Los agentes tienen
información completa, oportuna y gratuita de todas las dinámicas que hagan los demás
agentes en relación con el producto «X». La oferta y la demanda de este
producto determinan su precio, los agentes no tienen la capacidad para establecerlo
ni modificarlo, lo aceptan, son actores precio-aceptantes. El mercado se distingue
como el único mecanismo capaz de recopilar y surtir la información –mediante
los precios– a todos los agentes. La obtención de los factores de producción para
el producto «X» se hace sin obstáculos y siempre están disponibles.
El punto donde la oferta
del producto «X» es igual a su demanda a un determinado precio se califica como
punto de equilibrio mercantil de ese producto. En ese punto, la totalidad del
producto «X» es consumida y todos los productores logran venderlo, cubriendo de
forma completa los costos y utilizando totalmente los factores de producción. Hay
vaciamiento del producto «X» en el mercado. Se trata de un equilibrio parcial, expresado
en una ecuación que incluye dos variables dependientes y una incógnita o
variable independiente. Las dependientes indican la cantidad de oferta y
demanda del producto «X». La meta central es encontrar –con la libre movilidad
de los agentes– el precio para este producto. El precio es la incógnita o
variable independiente. El precio se ajusta constantemente hasta que se logre
vaciar el mercado. La solución es única (precio óptimo) y siempre en cantidades
positivas.
La competencia perfecta
lleva hacia el equilibrio parcial. El producto «Y», «Z», «W» o cualquier otro
requieren de las mismas consideraciones del producto «X» en competencia
perfecta para entrar en equilibrios parciales. Hay tantos equilibrios parciales
como número de productos se manejen. Los equilibrios parciales gozan de
simultaneidad. El conjunto de estos representa el equilibrio general: la
totalidad de todos los productos («X», «Y», «Z», «W», etcétera) es vendida y
consumida a precios delimitados, o bien, la sumatoria de la demanda agregada es
equivalente a la sumatoria de la oferta agregada, considerando los precios de
los bienes. En esta situación de equilibro general no hay faltantes ni
excedentes de producción social; tampoco, ningún agente que esté incluido en el
proceso económico queda fuera de este. Hay inclusión total que se traduce en
bienestar para todos aquellos que estén involucrados.
El equilibrio general enuncia,
por consiguiente, un sistema de ecuaciones que implica «N» ecuaciones y «N»
incógnitas. Una ecuación por cada equilibrio parcial. Una incógnita por cada
equilibrio parcial. El número de ecuaciones es igual al número de incógnitas.
La meta sigue siendo establecer los precios de los bienes (incógnitas principales
o variables independientes) mediante la dinámica libre de los agentes
económicos. Los precios se acomodan cuando se presenta el vaciamiento del
mercado. La solución agregada, de igual manera, es única, constituye la
posición óptima, su valor siempre será una cifra con números positivos.
Contenido trascendental de la competencia perfecta
La competencia perfecta es un concepto trascendental. Hayek lo acepta
y, según este autor, el propio Pareto, quien es uno de los creadores del modelo
junto con Walras, lo reconoce de la misma manera. Hayek, en este sentido,
declara que «[…] [no] se trata de «llegar a un cálculo numérico de [todos] los precios»,
ya que, como [Pareto dice], es «absurdo» suponer que [se pueden] conocer todos
los datos»[28]. Pareto,
en la cita, niega la posibilidad de que los agentes tengan información total
(saber todos los datos). Esta negación invalida al modelo como asequible en la experiencia
empírica. Friedman se conduce por la misma línea de Hayek y Pareto: «[…] La
competencia perfecta no existe, […] es un modelo ideal, como una línea o punto
de Euclides […]»[29]. No
hay debate en relación con que la competencia perfecta es un concepto
trascendental. El asunto conflictivo es que tiene ilusiones trascendentales.
Aproximación incongruente a la competencia
perfecta
Hayek[30] sostiene
que se saben las condiciones generales en una situación de competencia real con
las cuales puede esperarse que el mercado establezca los precios de un conjunto
de productos que acerquen a la igualación de la oferta y demanda agregadas. Las
condiciones generales son, primero, respetar la propiedad privada y segundo,
firmar-cumplir contratos mercantiles. La consolidación de ambas condiciones requiere
que el mercado esté posicionado como conductor de los procesos económicos y que
el Estado (ultra-mínimo) asegure la consecución de dichas condiciones sin
interferir en la dinámica económica. La competencia real se desarrolla necesariamente
con un mercado empírico. Hayek, en términos generales, intuye que el mercado
empírico, en la competencia real, generará una tendencia hacia la competencia
perfecta[31].
Hayek[32] agrega
que la tendencia –al surgir del mercado empírico– tiene también un carácter empírico.
El autor, no obstante, encuentra que la tendencia a la competencia perfecta se
halla profundamente lejos de alcanzarse; siendo así, la competencia perfecta se
encuentra todavía más alejada. Hayek plasma entonces la tendencia a la
competencia perfecta como imposible empíricamente. Y, de no haber verificación
comprobable, el argumento sobre la tendencia empírica a la competencia perfecta
pierde su sustento y se transforma en suposición.
Hayek,
a pesar de que logra reconocer las propiedades idealizadas del modelo, queda
envuelto en una ilusión trascendental, porque realiza el análisis al revés. El
autor, en su planteamiento, no considera como punto de partida a la competencia
perfecta –entendida como concepto trascendental– para orientar la concreción de
la competencia lo mejor posible, sino a través de una situación empírica
caracterizada por condiciones generales (competencia posible) intenta acercarse
a la competencia perfecta.
Fundamento de la competencia perfecta
La
conservación de la vida humana no es un proceso derivado de la nada. «[…] Los
seres humanos son seres naturales que solo pueden realizar un proyecto de vida
a partir de la satisfacción de sus necesidades [físico-biológicas y subjetivas]
[…]»[33]. La
satisfacción de necesidades subjetivas, ahora bien, está en función de la
atención efectiva de las necesidades físico-biológicas.
Los
sujetos no son libres para elegir la satisfacción de sus necesidades, a menos
que busquen morir. La libertad, más bien, está en cómo resolverlas, algunos
tienen preferencias o gustos para hacerlo. «[…] La satisfacción de necesidades
[posibilita] la vida; la satisfacción de las preferencias la hace agradable. […]
Para ser agradable, antes tiene que ser posible […]»[34].
En
la proyección del equilibrio general que resulta de la competencia perfecta, todos
los sujetos que participan como trabajadores reciben un salario. El modelo no
incluye a los sujetos que no trabajan. Los salarios tienen variabilidad
ininterrumpida, descarta los salarios fijos de subsistencia. Veamos. El
equilibrio general es una fotografía (imagen estática) de múltiples ecuaciones
lineales resueltas. Y, el equilibrio general, se mueve justamente a través de estas
ecuaciones, las cuales cambian por las modificaciones de los precios relativos
de los productos y de los factores de producción. La actuación de los agentes en
el cuadro de la competencia perfecta altera los precios. Todo el equilibrio
general se ampara entonces en los precios relativos.
En
el modelo, en suma, los precios son asumidos con variabilidad constante,
siempre en cantidades positivas. Los salarios, contemplados como pago de un factor
de producción, de igual manera, fluctúan entre cero y una cifra positiva. Así,
la competencia perfecta puede arrojar un escenario de equilibrio con salarios
iguales o cercanos a cero. Los sujetos, no obstante, requieren de ingresos suficientes
para atender sus necesidades. Los salarios, cuando menos, deben corresponder a
ingresos de subsistencia. La consideración de la satisfacción de necesidades –en
equilibrio general para todos los sujetos trabajadores incluidos– exige que «[…]
el salario no sea ilimitadamente variable […]»[35].
En
equilibrio general, la información generada no hace detectable todos los casos
donde el salario de los trabajadores sea igual o cercano a cero. En el supuesto
de que se aceptara la intervención de planificadores estatales y la información
generada les permitiera identificar todas las situaciones donde hubiera agentes
sin suficiencia de ingresos para emprender acciones correctivas, la competencia
perfecta rechazaría esta práctica, puesto que únicamente contempla individuos salario-aceptantes
(precio-aceptantes). En la suposición de que los planificadores tuvieran la
oportunidad de modificar los salarios, que implicaría la renuncia de la
posición de salario-aceptantes de los trabajadores, se moverían los equilibrios
parciales de los demás productos, causando un nuevo equilibrio general con la
existencia de agentes con salarios exiguos, y así sucesivamente. El modelo
concluyentemente no puede generar un equilibrio general que garantice salarios aceptables
para los trabajadores incluidos. Hinkelammert[36] afirma
que el problema no está en la falta de información completa, sino en los precios
(salarios) relativos.
La
introducción del salario de subsistencia colapsa la solución de las ecuaciones,
ya que constituye una nueva variable independiente. La solución de las ecuaciones
puede mantener su lógica en aquellos eventos donde el salario sea superior al
ingreso de subsistencia, pues no es necesario añadir otra variable. La solución
de las ecuaciones, sin embargo, se destruye en todos los casos donde se anexan
variables. Ante la existencia de salarios menores al monto de subsistencia se hace
obligatorio añadir otra variable.
Friedman[37] también calcula los salarios de la misma
forma que se estiman los precios de los productos o de los factores de
producción. Este modo de calcular, según Friedman, determina los salarios de
competencia en el mercado. El desempleo, en el planteamiento de este autor, se
presenta cuando el salario no concuerda con el salario de competencia. El
mercado, por consiguiente, tenderá a reducir la cuantía del salario para
introducirlo en el nivel de competencia y lograr disminuir el desempleo; de no reducirse
lo suficiente, el mercado seguirá bajando la cantidad de ingresos, siendo
posible que el monto se desplome hasta llegar a cero. Hinkelammert[38] indica
que, en el cuadro de equilibrio general, es seguro que el pleno empleo
únicamente se alcance cuando el salario sea equivalente a cero.
La
relación entre la garantía de un salario suficiente y el cumplimiento de
necesidades que habilitan la vida humana, por tanto, no tiene un lugar central
en el modelo. Esto introduce a una ilusión trascendental. Las preferencias y
los gustos, que son criterios mercantiles, sí permiten la variabilidad. «[…] No
importa cuál sea el nivel de ingresos de una persona, sino únicamente su manera
preferencial de utilizar su ingreso, [sea mucho, poco o nada], según sus gustos
y preferencias […]»[39].
Los
salarios de subsistencia de los trabajadores no son la única variable independiente
que debe agregarse a la solución de las ecuaciones. El uso de la naturaleza
para las producciones es otra variable indispensable. Las producciones de
bienes necesariamente deben ser limitadas. La incorporación de una o más
variables independientes invalida la solución de las ecuaciones. La competencia
perfecta y su equilibrio general son incompatibles con la reproducción de la
vida «en general».
Contradicciones lógicas del funcionamiento de la
competencia perfecta
La
situación lo mejor posible es la máxima aproximación al escenario perfecto. Este
vínculo técnico no se presenta con el modelo. La competencia lo mejor posible
no representa un avecinamiento a la competencia perfecta. De hecho, la
proximidad a las bases de la competencia perfecta impide la competencia efectiva
entre agentes económicos. «[…] En competencia perfecta nadie compite […]»[40]. Esta
paradoja refleja una distorsión lógica que entra como ilusión trascendental.
La
competencia involucra enfrentamiento entre agentes, donde uno gana y otro
pierde. La relación es conflictiva. Un sujeto busca tener más información que los
otros para obtener ventajas competitivas. Si los agentes tienen al mismo tiempo
información completa y oportuna –sobre lo que hacen los otros– el asunto se
queda en previsión, no llega la ejecución. El conocimiento exacto otorga la
oportunidad de saber perfectamente lo que prevén los otros: previsión perfecta.
La previsión de un sujeto causa reacciones inmediatas en la previsión de los
demás, y viceversa. La secuencia de reacciones sobre la previsión no se rompe
nunca, los agentes quedan imposibilitados para tomar decisiones, la situación
expone parálisis en la fase de acción (poner en marcha la previsión). La
parálisis de acción es el punto final de las reacciones[41]. La
situación de competencia real se aleja lo más posible del escenario de
competencia perfecta.
Hinkelammert[42] también
indica que la información completa y oportuna de los participantes es
exclusivamente del periodo presente, no abarca anotaciones de cómo estarán los sujetos
en el futuro. El conocimiento sobre lo que están previendo los otros en un
momento específico no es conocimiento en relación con el futuro, sino con el
presente, aun cuando la previsión exprese una acción futura. El mercado, en el
modelo, es el encargado de formar el futuro mediante las interrelaciones
infinitas de los sujetos y de los factores de producción.
Hinkelammert[43]
replica la concepción de los precios como portadores efectivos de información
en el mercado. La variación de los precios, en efecto, revela que sucedieron acontecimientos;
empero, los sujetos –debido a su conocimiento imperfecto y a la falta de
calidad de la información– no pueden determinar con exactitud cuáles fueron
esos acontecimientos y qué indican en el presente. Las interpretaciones pueden
variar. El riesgo de fallar de los sujetos en sus análisis es alto. Los precios
son anuncios sumamente incompletos. Un anuncio, a manera de ilustración, que
diga «cuidado con el perro» (símil del precio) desencadena diversas acciones
entre los caminantes; ante este letrero, pueden seguir marchando con precaución
por la misma vereda o conducirse por otro camino o simplemente ya no continuar[44]. Un
letrero efectivo diría «cuidado con el perro, proseguir por la vía de la
izquierda, la que está marcada con color amarillo». La mayoría de los
caminantes se irían por la izquierda y es seguro que algunos intrépidos no se
desvíen, que mantengan su tránsito por donde se encuentra el perro. La
información con calidad tampoco confirma que se siga una dirección determinada.
Otra
inconsistencia del modelo, que entra como ilusión trascendental, se encuentra
en los equilibrios parciales simultáneos. Estos últimos requieren que los cambios
en la oferta y demanda de un producto se reflejen instantáneamente en el resto
de los productos, sin tiempo de por medio. En contraste, la competencia real
involucra sujetos con alta movilidad, que provocan que la oferta y demanda de
los bienes se modifiquen ininterrumpidamente, generando infinidad de
adaptaciones parciales sucesivas en los equilibrios de los demás bienes. Los
cambios necesitan tiempo para mostrarse en los equilibrios. Las sucesiones
chocan con la simultaneidad. La idealización de los equilibrios parciales
simultáneos, por tanto, es inadecuada. Hinkelammert[45]
explica que aquellos equilibrios parciales sucesivos con sujetos dinámicos –que
lograrán formarse por casualidad en la realidad– no se aproximan en lo empírico
a los equilibrios parciales simultáneos, tienen una dirección opuesta.
La
anulación de modificaciones de la oferta y la demanda, que involucraría sujetos
estáticos, resulta compatible con los equilibrios parciales simultáneos. La parálisis
en la acción de los actores alcanzaría la simultaneidad. La situación lo mejor
posible, en este caso, sería que los productores y consumidores en la práctica
se desplazaran lo menos posible para generar un acercamiento a los sujetos estancados
del modelo.
Hinkelammert[46],
finalmente, diseña tres bases en relación con la creación de otra propuesta
económica. Primera, al quitar la relación conflictiva de competencia en el
modelo se elimina la «previsión perfecta» que paraliza la actuación de los
sujetos. Se trata de transitar de asuntos competitivos regidos por el mercado
hacia acuerdos mutuos planificados por los mismos agentes y por el Estado.
Segunda, la acción económica debe partir de una articulación productiva ideal
entre planificadores estatales y agentes empresariales que consiga el pleno
empleo por arriba del límite del salario de subsistencia. Tercera, no puede
derogarse el mercado ni el sistema de precios, pero el camino no se encuentra
en la continuidad del mercado y sistema de precios de la competencia perfecta. El
autor hace referencia a mercados y sistema de precios «[…] en función de las
condiciones [que posibilitan] [la] vida humana y la naturaleza»[47].
Conclusiones
¿Qué
tipo de contenido trascendental tiene el modelo de la competencia perfecta en
el neoliberalismo de Hayek? El modelo aloja, al menos, tres ilusiones
trascendentales. Primera, los representantes neoclásicos y neoliberales hacen
explícito el carácter trascendental de la competencia perfecta. La estructura
del neoliberalismo en Hayek, sin embargo, parte de un mercado empírico que, posteriormente,
es colocado como mercado ideal en el cuadro de la competencia perfecta. Hayek
traza que el mercado empírico con garantías de derechos de propiedad privada y
con contratos mercantiles que brinden certeza a los agentes económicos produce
una tendencia real a la competencia perfecta. El autor, en consecuencia,
primero dibuja lo empírico y después lo enlaza directamente con una propuesta
de lo imposible empírico. El proceso trascendental, en el sentido de Hinkelammert,
considera que, con base en lo empírico, se traza lo perfecto, luego, a partir
de esta perfección se busca lo empírico mejor posible. El proceso trascendental
posee una lógica específica en su desarrollo.
Segunda,
el diseño del modelo tiene inconsistencias lógicas, las cuales se arrastran
desde la propuesta neoclásica. La competencia perfecta, por ejemplo, es lo
opuesto a la competencia real. La competencia es conflictiva, los sujetos son
dinámicos, buscan derrotar al otro, demandan tener más información que los
demás para abrir ventajas competitivas. En la competencia perfecta, los actores
–debido a la información completa que poseen sobre los movimientos de los otros–
se quedan en la previsión (previsión perfecta), son estáticos. En otro ejemplo,
los equilibrios parciales simultáneos del modelo tienen dirección contraria a
los equilibrios parciales sucesivos reales. Los primeros exigen que las
modificaciones en la oferta y demanda de los productos se reflejen de manera
instantánea, con tiempo igual a cero, en los demás equilibrios. Los segundos
implican –ante oscilaciones de la oferta y demanda– un cúmulo de adaptaciones
parciales sucesivas que precisan tiempo indefinido para mostrar los ajustes en
los otros equilibrios.
Tercera,
los sujetos son naturaleza humana viva que, para mantener esa condición, deben
dar atención permanente a sus necesidades físico-biológicas. El modelo, en la
fase de equilibrio general, permite que todos los agentes incluidos obtengan un
salario; empero, en numerosas ocasiones, sin salirse del equilibrio general, pueden
darse situaciones donde los trabajadores no cuenten con los ingresos para
comprar los bienes que satisfagan sus necesidades. El modelo funciona
únicamente con salarios variables, que pueden ser altos, bajos o iguales a
cero. El fijar un salario de subsistencia y decretar que ninguna cantidad pueda
bajar de ese límite interrumpiría el núcleo operativo del modelo. Este hecho
impide que la garantía de satisfacer necesidades sea considerada como criterio
principal de funcionamiento.
La
actividad humana no puede prescindir de los conceptos trascendentales. En la
metodología dialéctica, los procesos en materia económica requieren partir de
escenarios perfectos diseñados con coherencia lógica, fundados en la vida «en
general» y pensados como inalcanzables en lo empírico con el trabajo de los
sujetos. ¿Qué tipo de contenido trascendental tienen las propuestas sostenidas en
el pensamiento keynesiano y en las corrientes poskeynesianas, o bien, en la
crítica de la economía política de Marx, en la Teoría de la Dependencia de Marini
y Dos Santos, en el desarrollo desigual de Amin, en la economía de la
liberación de Dussel y en la economía feminista de Federici? Esto abre una
fecunda línea de investigación relacionada con la metafísica de la economía.
Formato de citación según APA
Herrera-Torres, H. A. y Arias-Torres, D. (2025). La competencia perfecta
en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos
trascendentales de Hinkelammert. Revista Espiga,
24(50), 155-179.
Formato de citación según Chicago-Deusto
Herrera-Torres, Hugo Amador y Arias-Torres, Daniela. La competencia perfecta
en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos
trascendentales de Hinkelammert. Revista Espiga, 24,
n.° 50 (2025): 155-179.
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[1] Franz Hinkelammert, Cuando Dios se hace hombre, el ser humano hace la modernidad. Crítica
de la razón mítica en la historia occidental (San José: Universidad Nacional de Costa Rica, 2022).
[2] Ibíd., 144.
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.
[5] James Buchanan y Gordon Tullock, El cálculo del consenso. Fundamentos lógicos
de la democracia constitucional (Madrid: Espasa Calpe, 1980), 64.
[6] Weber (1922) reconoce igualmente la
importancia de los tipos ideales como instrumentos para efectuar la comparación
social. El autor los puntualiza como construcciones mentales con exageración
total de aspectos de la realidad objetiva. En este punto pueden encontrarse
coincidencias entre Weber y la propuesta de Buchanan y Tullock.
La teoría de la acción
social de Weber, por otro lado, es más amplia, sin tener discrepancias
sustanciales, que la acción racional que trazan Buchanan y Tullock en la teoría
de la elección pública. Weber sostiene que las actividades del individuo están
determinadas por la tradición, las motivaciones afectivas, la racionalidad
medio-fin (instrumental, costo-beneficio) y los arreglos a valores; mientras
que los autores de la elección pública se concentran en la conducta
instrumental de los sujetos en contextos políticos y bajo la influencia de
instituciones formales (reglas del juego).
[7] Franz Hinkelammert, Crítica a la razón
utópica (San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 2000).
[8] Ibíd., y
Hinkelammert, Cuando Dios se…
[9] Hugo Amador Herrera Torres, «La utopía de una economía para la vida», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana 43 (2022): 89, https://doi.org/10.15332/25005375.6765
[10] Hugo
Amador Herrera Torres, Realismo político
y realpolitik. Hacia una re-conceptualización de lo político. Contrastes entre Carl Schmitt y
Franz Hinkelammert (Morelia: Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2015): 48.
[11] Hugo Amador Herrera
Torres, «Factibilidad
trascendental. Postulados utópicos de una
economía para la vida», Economía. Teoría y Práctica 31 (2023): 205,
https://doi.org/10.24275/ETYPUAM/NE/582023/Herrera
[12] Los términos imaginación e ilusión
trascendentales pueden rastrearse desde Kant (2022). No obstante, si bien la
ilusión trascendental también fue trabajada por Ricoeur (1976a, 1976b), Hinkelammert
(2022) insiste en que ambos autores, más Kant que Ricoeur, aplicaron los
términos a la relación del individuo consigo mismo (relación intra-individuo):
«[…] individuo real [en comparación con] el individuo trascendental […]» (Hinkelammert,
Cuando Dios…, 54). Además, Hinkelammert adopta los dos términos de forma
crítica y los modifica para presentar los conceptos trascendentales de
relaciones sociales entre los sujetos de una comunidad (relaciones
inter-sujetos).
[13] Hinkelammert, Crítica…, 51.
[14]
Hinkelammert, Crítica…; El totalitarismo…; Cuando Dios…;
Franz Hinkelammert, El totalitarismo de mercado. El mercado capitalista como
ser supremo (Madrid: Akal, 2018).
[15] Hinkelammert elaboró –durante su trayectoria
académica– una aguda crítica al orden económico capitalista, colocando alto
énfasis en su mecanismo coordinador, el mercado. Destacan las obras de Dialéctica del desarrollo desigual
(1970), La deuda externa de América
Latina: el automatismo de la deuda (1988), El mapa del emperador. Determinismo, caos y sujeto (1996), El
nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización (2001), La vida o el capital.
Alternativas a la dictadura global de la propiedad (2004, en coautoría con
Duchrow), Hacia una economía para la vida (2005, en coautoría con Mora),
La vida o el capital: el grito del sujeto vivo y corporal frente a la ley
del mercado (2017), Totalitarismo del mercado. El mercado capitalista
como ser supremo (2018), entre otras.
[16] Enrique Dussel, «El método analéctico
y la filosofía Latinoamericana», Nuevo Mundo, 3 (1973), https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/54.1973_espa.pdf, y Enrique Dussel, Método para una filosofía de la
liberación. Superación analítica de la dialéctica hegeliana (Salamanca:
Ediciones Sígueme, 1974),
https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_Libros/18.Metodo_para_filosofia_liberacion.pdf
[17] Ibíd.
[18] Hinkelammert, Crítica…, 63.
[19] Franz Hinkelammert, El grito del sujeto.
Del teatro-mundo del evangelio de Juan al perro mundo de la globalización.
(San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1998): 269.
[20] Enrique Dussel, 16 tesis de economía política. Interpretación filosófica (Ciudad de México: Siglo XXI Editores,
2015), 290-291.
[21] Hinkelammert, Crítica…, 77.
[22] Ibíd.
[23] Varias corrientes económicas continúan replicando
o ampliando por varias direcciones las ideas de Keynes: fundamentalistas,
kalekianos, sraffianos (o neoricardianos), kaldorianos e institucionalistas
(Galbraith, Hodgson). Estas representan principalmente al poskeynesianismo. En
términos generales, comparten una óptica reformista del orden económico
imperante, buscan que funcione con estabilidad duradera. Las corrientes aceptan
que el mercado regule los procesos económicos, pero rechazan que sea la única
institución que lo haga, conciben como obligatoria la implementación de
políticas. También caracterizan al agente económico como sujeto con
racionalidad limitada y expectativas inciertas.
[24] Hinkelammert, Crítica…; El totalitarismo…; Cuando Dios…; Franz Hinkelammert y Henry Mora
Jiménez, Hacia una economía para la vida. Preludio a una segunda
crítica de la economía política (San José: Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2013),
y Franz Hinkelammert y Henry
Mora Jiménez, Economía, vida humana y bien común. 25 gotitas sobre economía
crítica (San José, Arlekín, 2014).
[25] Friedrich Hayek, La pretensión del
conocimiento». ¿Inflación o pleno empleo? (Madrid: Unión Editorial, 1976).
[26] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una
economía…
[27] Hayek, La pretensión…
[28] Hayek, «La pretensión…, 19.
[29] Milton Friedman, Capitalismo y libertad (Madrid:
Ediciones RIALP, 1966a), 157.
[30] Hayek, «La pretensión…
[31] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una
economía…; Economía, vida humana…
[32] Friedrich Hayek,
Individualism and economic order (Chicago: The University of Chicago Press,
1958).
[33] Hinkelammert, Crítica…, 241.
[34] Ibíd., 239-240.
[35] Ibíd., 63.
[36] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…
[37] Milton Friedman, Teoría de los precios (Madrid:
Alianza, 1966b).
[38] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…
[39] Hinkelammert, Crítica..., 63.
[40] Ibíd., 56.
[41] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una
economía…; Jorge Vergara Estévez, «La crítica de
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https://doi.org/10.5281/zenodo.6374322
[42] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…
[43] Ibíd.
[44] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…, Economía, vida humana…
[45] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…
[46] Ibíd., El totalitarismo…
[47] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…, 23.