Año 24, n.º 50: 155-179, julio-diciembre 2025

 

 

La competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos trascendentales de Hinkelammert

 

Hugo Amador Herrera-Torres *

https://orcid.org/0000-0003-3685-4043

 

* Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid, de España. Profesor e investigador titular en la Facultad de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, de México. Correo: hugo.herrera@umich.mx

 

 

Daniela Arias-Torres **

https://orcid.org/0000-0002-9887-4296

 

** Doctora en Ciencias del Desarrollo Regional por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), de México. Investigadora Posdoctoral de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación en la UMSNH. Correo: daniela.arias@umich.mx

 

 

Resumen

El objetivo del ensayo es determinar qué tipo de contenido trascendental tiene el modelo de la competencia perfecta en el neoliberalismo de Friedrich Hayek. El examen del contenido se hace con base en la propuesta de conceptos trascendentales que desarrolla Franz Josef Hinkelammert y el método de investigación utilizado es el analéctico. En el documento se sostiene la tesis hinkelammertiana de que los conceptos trascendentales pueden derivar –por el propio pensamiento o por la misma acción humana– en ilusiones. Los hallazgos indican que predominan las ilusiones trascendentales en el modelo. Primero, la aproximación incorrecta a la competencia perfecta: Hayek, a través de un mercado empírico con determinadas características, busca generar una tendencia a la competencia perfecta. El acercamiento debe hacerse al revés, a partir de la competencia perfecta se debe definir el mercado empírico. Segundo, el modelo está fundado en criterios mercantiles: deja de lado las necesidades cuya satisfacción posibilita la existencia físico-biológica de los sujetos. Tercero, el modelo tiene inconsistencias lógicas en su diseño: la competencia perfecta constituye en lo empírico una no competencia y los equilibrios parciales simultáneos que programa tienen un sentido inverso a los equilibrios parciales sucesivos que se presentan en la realidad.

 

Palabras clave: mercado, modelo económico, competencia económica, ilusiones trascendentales.

 

 

Recibido: 11 de marzo de 2025

Aceptado: 9 de julio de 2025

 


 

Perfect Competition in Hayek’s Neoliberalism. A Critique Based on the Transcendental Concepts of Hinkelammert

 

Abstract

The aim of this essay is to determine what type of transcendental content the model of perfect competition has in Friedrich Hayek’s neoliberalism. The examination of the content is based on the proposal of transcendental concepts developed by Franz Josef Hinkelammert, and the research method used is the analectic one. The document upholds Hinkelammert’s thesis that transcendental concepts can derive –through thought itself or through human action– into illusions. The findings indicate that transcendental illusions predominate in the model. First, the incorrect approach to perfect competition: Hayek, through an empirical market with certain characteristics, seeks to generate a tendency toward perfect competition. The approach should be the opposite: starting from perfect competition to define the empirical market. Second, the model is founded on mercantile criteria: it leaves aside the needs whose satisfaction makes possible the physical-biological existence of subjects. Third, the model has logical inconsistencies in its design: perfect competition constitutes, in the empirical sphere, a non-competition, and the simultaneous partial equilibria it programs have a reverse meaning compared to the successive partial equilibria that appear in reality.

 

Keywords: Competition Economics, Economic Model, Market, Transcendental Illusions.

 

 

 

La concurrence parfaite dans le néolibéralisme de Hayek. Critique à partir des concepts transcendantaux de Hinkelammert

 

Résumé

L’objectif de cet essai est de déterminer quel type de contenu transcendantal comporte le modèle de la concurrence parfaite dans le néolibéralisme de Friedrich Hayek. L’analyse de ce contenu s’appuie sur la proposition de concepts transcendantaux développée par Franz Josef Hinkelammert et la méthode de recherche employée est l’analectique. Le document soutient la thèse hinkelammertienne selon laquelle les concepts transcendantaux peuvent dériver – soit de la pensée elle-même, soit de l’action humaine – en illusions. Les résultats indiquent que prédominent les illusions transcendantales dans ce modèle. Premièrement, l’approche incorrecte de la concurrence parfaite : Hayek, à travers un marché empirique doté de certaines caractéristiques, cherche à générer une tendance vers la concurrence parfaite. L’approche devrait se faire à l’inverse : c’est à partir de la concurrence parfaite que doit être défini le marché empirique. Deuxièmement, le modèle repose sur des critères marchands : il laisse de côté les besoins dont la satisfaction rend possible l’existence physico-biologique des sujets. Troisièmement, le modèle présente des incohérences logiques dans sa conception : la concurrence parfaite constitue empiriquement une non-concurrence, et les équilibres partiels simultanés qu’il propose ont un sens inverse par rapport aux équilibres partiels successifs qui se manifestent dans la réalité.

 

Mots-clés : marché, modèle économique, concurrence économique, illusions transcendantales.

 


 

Introducción

 

Franz Josef Hinkelammert publicó en 2022 la segunda edición del libro Cuando Dios se hace hombre, el ser humano hace la modernidad. Crítica de la razón mítica en la historia occidental. La obra pone énfasis en los conceptos trascendentales, es decir, conceptos metafísicos, aunque no todos estos, en el sentido de Hinkelammert, son trascendentales. La metafísica contiene categorías explicativas que no necesariamente se conectan con la práctica de las personas. La trascendencia constituye una parte de la metafísica centrada en las ideas normativas que estructuran la racionalidad de los seres humanos y orientan sus acciones.

Los conceptos trascendentales corresponden a pensamientos estructurados sobre escenarios sociales perfectos donde los seres humanos son también perfectos. Sin la perfección y sin la consideración de seres humanos no hay manera de formular conceptos trascendentales.

La perfección, no obstante, carece de la oportunidad de materializarse en la realidad objetiva, al menos, por tres motivos interrelacionados: 1) la imperfección de la actividad humana debido a la presencia permanente de la contingencia, 2) la imperfección de los sujetos derivada de su propia condición (capacidad cognoscente limitada, por ejemplo), y 3) la finitud físico-biológica de las personas (inexistencia de la eternidad corporal).

Los conceptos trascendentales cuentan con un carácter utópico, pero se alejan de ser meras fantasías con inspiración utópica, tampoco retratan una paradoja sin sentido. En estos conceptos se configuran esquemas teóricos que muestran rasgos de la realidad llevados a su perfección, surgen de la experiencia objetiva y proporcionan claves a los sujetos para detectar y construir otras rutas[1]. El discernimiento de los conceptos trascendentales se extiende, por consecuencia, más allá de la filosofía y la teología, su reflexión encuentra espacios en múltiples campos del conocimiento.

 

Ciencias empíricas y conceptos trascendentales

 

Todas las ciencias empíricas (naturales y sociales) recurren a los conceptos trascendentales. Este argumento es afirmativo sin posibilidad científica de colocarlo como hipótesis. «Los conceptos trascendentales no tienen un ser ontológico»[2]; más bien, sirven como punto de partida o categoría inicial insustituible para establecer la acción de los seres humanos en la concreción de la situación social lo mejor posible, o bien, dicho de otra manera, la práctica de los sujetos únicamente puede lograr lo mejor posible con base en lo imposible empírico.

En la física (ciencia natural), Hinkelammert[3] identifica algunos casos de seres humanos perfectos congruentes con escenarios perfectos. Uno de ellos fue diseñado por Laplace en la época de la Revolución francesa. Se trata de un demonio dotado de habilidades para conocer 1) todo lo que sucedió en el pasado, 2) todo lo que acontece en el presente, y 3) todo lo que pasará en el futuro. El demonio es la imagen de un sobrehumano y no de un ser sobrenatural. En los desarrollos de Planck, en años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, siguiendo a Hinkelammert[4], se detecta también la figura de un sujeto perfecto que funciona como observador perfecto. En las propuestas de Tipler durante la década de 1970 y recientemente en las proyecciones de los científicos del Valle del Silicio en Estados Unidos se razona en relación con seres humanos inmortales (existencia de la eternidad corporal). En la filosofía (ciencia social), se halla, en la mención tan solo de una referencia, a la persona omnisciente presentada por Wittgenstein en 1929. Esta persona cuenta con la capacidad de describir todos los movimientos de los cuerpos «animados e inanimados» que habita en la Tierra.

La teoría de la elección pública, entre otras múltiples propuestas de la ciencia económica (ciencia social), se maneja en el cuadro de conceptos trascendentales:

 

[…] La acción racional [de los individuos] requiere de la aceptación de algún fin y también la capacidad para elegir las alternativas que conducirán hacia el logro de [tal fin]. Las consecuencias de la elección [de las alternativas que haga el individuo] deben comprobarse bajo condiciones de completa certeza [en la elección de tales alternativas], para que el individuo se plantee su comportamiento de forma completamente racional.[5]

 

Buchanan y Tullock hablan de comparar la acción del individuo en condiciones reales con la actuación de este mismo en condiciones de completa certeza. La comparación busca determinar el grado de racionalidad impreso en la ejecución de la actividad. Cuanto más se aproxime la acción real del sujeto a la acción dibujada en escenarios de completa certeza, mayor será el grado de racionalidad del individuo.

El diseño de las condiciones de completa certeza, que solo es posible en el pensamiento, se hace después de la actuación del individuo en condiciones reales. Las condiciones reales (situación real) son entonces llevadas a condiciones de completa certeza (escenario perfecto). Estas últimas se establecen como patrón de comparación para las siguientes demostraciones del individuo en condiciones reales. La completa certeza nunca se presentará en la práctica y el individuo jamás tendrá conductas completamente racionales. Aún, en este último caso, con el supuesto trascendental de existencia de certeza total en las condiciones contextuales reales (situación perfecta), el individuo con comportamiento racional absoluto no podría existir porque demandaría otras particularidades que escapan de la constitución humana: conocimiento total, razonamiento inequívoco, etc. La completa certeza y la conducta completamente racional que plantean Buchanan y Tullock son conceptos trascendentales[6].

 

Conceptos, imaginaciones e ilusiones trascendentales

 

Hinkelammert[7] explica que los seres humanos crean tanto conceptos como imaginaciones trascendentales. Los primeros parten de las situaciones concretas que viven los sujetos en sus sociedades y las segundas tienen su origen en la subjetividad de las personas. A través de los conceptos se concibe la perfección de la exterioridad de los seres humanos y con las imaginaciones se bosqueja la perfección de la interioridad de los sujetos. Hinkelammert[8], de forma implícita y general, señala tres aspectos claves de los conceptos trascendentales:

 

1.    Constituyen escenarios perfectos con consistencia lógica, los cuales funcionan como guía para alcanzar empíricamente –mediante la práctica humana– las situaciones sociales lo mejor posible, que son aquellas que tienen mayor proximidad en la realidad objetiva a los escenarios perfectos.

2.    Los escenarios perfectos requieren estar fundados en lo que permite experimentar la realidad objetiva: la vida humana y la naturaleza (la vida «en general»).

3.    Factibilidad trascendental. Los sujetos son conscientes de que no es factible –por su finitud ontológica y sus capacidades limitadas– alcanzar con sus acciones escenarios perfectos en la realidad. Los escenarios perfectos no son fines cuantificables ni realizables. La factibilidad trascendental, en este sentido, opera como criterio regulativo que enfrenta a los conceptos trascendentales con las particularidades humanas, donde estas últimas determinan el nivel en que aquellos pueden materializarse. Lo factible afirma la vida «en general». La práctica humana que transgrede los límites de la factibilidad destruye el fundamento. Dada la factibilidad, tanto el ámbito trascendental como en las actividades, se definen las alternativas viables, siendo más viable la que corresponde a la situación social lo mejor posible. La viabilidad necesita como plataforma a la factibilidad.

 

La omisión de los tres aspectos hace caer a los conceptos en ilusiones trascendentales. Estas últimas, en consecuencia, a) retratan escenarios que, a pesar de catalogarse como perfectos, contienen inconsistencias lógicas en sus diseños, y b) colocan a los escenarios lo mejor posible, incluso, a los escenarios simplemente posibles como fuentes de referencia para la actividad de los sujetos en el intento de lograr los mejores avances posibles[9]. La acción de los seres humanos cuando parte de escenarios lo mejor posible, que son posibles en el pensamiento y, a la vez, alcanzables en lo empírico, culmina en situaciones por debajo de lo mejor posible[10]. «[…]Y, lo posible es menor […] a lo mejor posible»[11]. Estas dos ilusiones son opuestas a lo que establece el primer aspecto clave de los conceptos trascendentales.

Las ilusiones, además, describen escenarios que ocultan o niegan como finalidad la reproducción de la vida «en general». Esta ilusión es contraria al segundo aspecto. Las ilusiones también configuran la creencia de que los escenarios perfectos pueden materializarse con el quehacer humano. Algunos conceptos trascendentales cumplen con los dos primeros aspectos; sin embargo, al querer lograrlos se transforman en ilusiones. Los escenarios perfectos, en este contexto, son considerados erróneamente como fines cuantificables. Esta ilusión traza la inversión del tercer aspecto. Las imaginaciones, de manera similar, pueden convertirse en ilusiones, tienen los mismos aspectos claves de los conceptos, su aplicación se manifiesta, naturalmente, en la subjetividad humana[12].

 

Cuadro metodológico del ensayo

 

El neoliberalismo de Hayek tiene un concepto trascendental en su núcleo operativo. Se trata del modelo neoclásico de competencia perfecta. La coordinación general y específica de los procesos económicos –en el enfoque neoliberal– recae en el mercado. El Estado queda reducido a su mínima expresión. Hayek recurre a la competencia perfecta porque necesita precisamente un modelo que establezca las pautas de intervención del mercado. La competencia perfecta indica las pautas de mejor forma que cualquier otro modelo. Hinkelammert, en este sentido, indica: «[…] el mercado es un [mecanismo] de funcionamiento y, por ende, tiene que funcionar. La competencia perfecta describe […] los indicadores a partir de los cuales se puede afirmar tal funcionamiento […]»[13].

El presente ensayo tiene como objetivo identificar el contenido trascendental de la competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek con base en el esquema de estudio en materia trascendental que sugiere Hinkelammert. Este autor[14] ha realizado un examen sistemático y profundo de la exposición hayekiana en relación con el marco categorial del pensamiento neoliberal[15].

El método de investigación adoptado en el manuscrito es el analéctico, el cual está, primero, anclado a los aportes de Dussel[16] presentados principalmente en la tradición de la filosofía de la liberación latinoamericana, y segundo, vinculado con elementos claves del materialismo histórico de Marx. El método considera, asimismo, aspectos reinterpretados de la dialéctica hegeliana. La analéctica realiza el examen de un fenómeno social o de una categoría analítica partiendo de lo concreto real: la vida «en general». La crítica se hace entonces desde la afirmación de la vida humana y de la naturaleza. Este método surge con la pretensión de refutar e interpelar marcos teóricos, discursos y sistemas que abstraigan lo concreto. La analéctica, en congruencia con su postura, acepta que los conocimientos se encuentran situados históricamente.

En el ensayo, por tanto, se efectúan acercamientos deliberados –con idas y venidas– al sustento trascendental de la competencia perfecta (categoría sometida al análisis) desde la postura técnica de Hinkelammert, centrada en la garantía de la vida «en general» en las configuraciones de formaciones sociales. La analéctica cuestiona a todas aquellas formaciones que dejan fuera a seres humanos. La exclusión no solo pone en peligro, sino que puede, incluso, eliminar la vida. Algunos seres humanos provienen de partes de la formación que han sido negadas por las partes dominantes. Ambas partes se encuentran dentro de la estructura. Estos sujetos son externos de los que sostienen a la formación, tienen la tarea de realizar la crítica interna para habilitar reformas. Hay otras personas localizadas en las partes subsumidas por la formación, Dussel[17] señala a estas como la nada de la formación. Estos seres buscan constituir una nueva. No son lo mismo los sujetos por negación externa que por negación de la formación. Hinkelammert se concentró en esta última negación.

El ensayo se divide en tres partes. En la primera, se revisan los vínculos, a través de ejemplos y contrastando argumentos, entre escenarios perfectos y situaciones lo mejor posible. En la segunda, se establecen las bases generales del neoliberalismo y de la competencia perfecta, así como la articulación teórica entre la corriente y el modelo. En la tercera, que encuentra sus antecedentes en las dos partes anteriores, se enlaza a la competencia perfecta con los aspectos claves de los conceptos trascendentales. Al final, se especifican las conclusiones obtenidas y se listan las referencias.

 

Escenarios perfectos y situaciones lo mejor posible

 

Hay varios ejemplos en los manuscritos de Hinkelammert que pueden utilizarse para explicar la relación entre lo posible y lo imposible empírico, uno de estos es el perpetuum mobile:

 

[…] Si por perpetuum mobile [se hace mención] a una máquina que [trabaja sin parar ni desgastarse], sin recibir energía de su exterior y [sin transformación ni agotamiento de la energía que utiliza, se puede considerar al perpetuum mobile como un caso límite]. […] EI péndulo matemático es, en este sentido, un perpetuum mobile, pues es una máquina de movimiento continuo que efectúa trabajo y que no recibe energía de su exterior. No obstante, el péndulo matemático se construye sobre la base de la ley de la conservación de la energía. [El péndulo] se deriva analíticamente del principio de imposibilidad de la construcción de un perpetuum mobile […].[18]

 

El término «caso límite» –que se menciona en la cita– es sinónimo de concepto trascendental. El perpetuum mobile al constituirse como máquina de operación exacta (funcionamiento ininterrumpido sin sufrir ningún desgaste, sin necesitar energía exterior, sin agotar su fuente energética) corresponde a un concepto trascendental (elemento perfecto de un escenario perfecto). El péndulo no logra materializar al perpetuum mobile, pero es el máximo acercamiento a este (elemento lo mejor posible). El péndulo no hubiera sido posible en la realidad objetiva sin el diseño del perpetuum mobile. El péndulo es el perpetuum mobile lo mejor posible.

Hinkelammert usa el término concepto trascendental sobre todo para referirse a cuestiones que involucran al conjunto de la sociedad; sin embargo, también produce argumentos que otorgan la oportunidad de deducir ejemplos sobre cuestiones particulares:

 

[…] La tortura solamente es eficaz si lleva al torturado hasta el límite de lo aguantable. Es como cuando [se hace] la prueba de un material. Se lleva al límite antes de que quiebre. […] El problema, no obstante, de este límite, es que no se puede conocer ex ante. Cuando el material se quiebra se sabe que se ha pasado el límite, o sea ex post. En el caso del material se sabe entonces hasta dónde se […] puede cargar. El caso del torturador es diferente. Muchas veces pasa el límite. Pero entonces el torturado está muerto.[19]

 

La tortura perfecta –o lo que Hinkelammert llama tortura eficaz– es el sometimiento límite que puede aguantar físicamente un sujeto. Pasar el umbral conduce inmediatamente a su muerte. Ya no sería tortura, ahora se estaría ante un asesinato. De forma análoga, la presión perfecta de un material es igual al límite de su ruptura. Exceder el margen constituye el quiebre del material. Tanto la tortura perfecta de la persona como la presión perfecta del material solo pueden conocerse ex post. Empero, los seres humanos no tienen la capacidad para saber en el tiempo presente los datos que únicamente pueden definirse con precisión después de la acción. Necesitarían primero estar en el futuro y, luego, regresar al momento del que partieron. Aun así, con la consideración de este supuesto, tendrían los datos de la tortura de una persona, pero no la identificación de los datos para la tortura perfecta de todas las personas. Los cuerpos humanos son distintos. La tortura perfecta para cada sujeto, por tanto, es diferente. La obtención del conocimiento de la frontera de lo aguantable para cada uno de los individuos es imposible. La tortura perfecta definitivamente es un concepto trascendental.

El análisis del torturado se puede transpolar a la prueba del material. Ningún material «X» es semejante a otro material «X», a pesar de que los dos materiales sean del grupo de la «X», puesto que los objetos provenientes de la naturaleza no son homogéneos, tienen composiciones internas semejantes, pero no iguales. Hinkelammert escribe en la cita: «[…] En el caso del material se sabe […] hasta dónde se […] puede cargar [en el futuro] […]». No es así. El conocimiento cuantificado únicamente puede ser general y aproximado para los materiales «X», no puede ser específico y exacto por más proyecciones técnicas que se hagan.

En un caso hipotético, descubrir que la tortura perfecta de un individuo corresponde a 99 golpes implicó darle primero 100. Golpearlo 100 veces, no obstante, causó su muerte. Hasta este punto (100 golpes) se conoció la tortura perfecta (99 golpes). La cuantificación derivó, por ende, en la superación de las condiciones físico-biológicas del sujeto, quien perdió la oportunidad de retornar a la realidad objetiva. La tortura perfecta proyectada en 99 golpes también involucra que los torturadores en las réplicas peguen con la misma fuerza empleada en el primer golpe y dando estos en las mismas partes del cuerpo. La tortura perfecta para otras personas pudiera involucrar más de 99 golpes o, tal vez, menos. Este ejemplo revela la imposibilidad práctica de presentar a los escenarios perfectos como fines cuantificables. No hay discusión en relación con que los seres humanos necesitan fijar valores cuantitativos para actuar; sin embargo, sus estimaciones no son asignables para los conceptos trascendentales y sus cálculos en el cuadro operativo siempre serán aproximaciones condicionadas por limitaciones insuperables.

La tortura perfecta es una ilusión trascendental, puesto que es una actividad que atenta contra el fundamento (la vida «en general»). Ninguna persona debe ser torturada. Algunos individuos recurren a la tortura como medio instrumental para obtener información, lanzar mensajes a otros, infundir terror o forzar a la renuncia de posturas. La tortura –al no sostenerse en la ilusión trascendental– desaparece, la conquista de determinados objetivos ahora se realizaría cuidando la vida de los sujetos. De la tortura perfecta se transitaría a la argumentación perfecta.

La tortura perfecta también se extiende a la naturaleza. Esto amenaza al fundamento. Fuera completamente de las ilusiones trascendentales, el uso de la naturaleza en la producción de los bienes que requieren los sujetos para satisfacer sus necesidades vitales debería ser cero. El uso nulo representa una imposibilidad empírica. La situación lo mejor posible retrata utilizar la naturaleza lo menos que se pueda en la generación de productos sin obstaculizar la garantía de atención de las necesidades humanas. Los puntos lo mejor posible en las producciones de bienes, en este sentido, aseguran la reproducción de la naturaleza y la regeneración de las personas (vida «en general»). Los fundamentos de la realidad objetiva deben asistirse efectivamente en la perfección pensable y en la práctica imperfecta.

Dussel también debate entre lo perfecto, lo mejor posible y lo posible:

 

[…] Realizar lo factible [lo posible] es poner en la existencia empírica, objetiva, aquello ideado por la subjetividad. Pero no todo lo ideado puede ni debe intentar realizarse, sino solo lo que cumple con las condiciones de su posibilidad real. Son condiciones históricas coyunturales, políticas, de las más diversas especies, y siempre económicas. No considerar esas condiciones concretas es tomar lo ideado como realizable: es confundir lo imposible con lo real. ¡Es necesario ser realistas!, pero al mismo tiempo hay que ser críticos, contra el aparente realismo conservador. […][20]

 

La cita de Dussel produce varias reacciones. El autor señala las relaciones adecuadas de los sujetos con los conceptos trascendentales: la búsqueda humana de concretar –en la medida de lo posible– lo ideado (lo perfecto). Lo ideado es imposible empíricamente. La cita, de igual forma, contribuye a reafirmar que el acto de idealizar por parte de los sujetos no se encuentra –en primera instancia– en función de las condiciones que aproximen a la materialización de la idealización. Los momentos de la realidad que niegan a la vida humana y a la naturaleza (fundamento) son los que obligan –en primera instancia– a idealizar tales momentos en su versión contraria (afirmación total de la vida «en general»).

Las acciones que atentan contra el fundamento en la realidad destruyen a la propia realidad. La idealización positiva del fundamento es el punto de partida para la actividad humana que intente mantener lo mejor posible al fundamento. Dussel en la cita señala: «[…] ¡Es necesario ser realistas! […]». ¿Qué es ser realista? Realista viene de lo real. Y, lo real, es el fundamento.

 

Neoliberalismo y competencia perfecta

 

Hinkelammert[21] detecta que, aproximadamente entre 1830 y 1850, como efecto del establecimiento de aranceles inflexibles al comercio de granos –que limitaban la competencia entre productores en Inglaterra– se desplegó un movimiento con bases similares al neoliberalismo denominado manchesterismo. El movimiento rechazó las propuestas proteccionistas del mercantilismo, como los impuestos y las restricciones a las importaciones; fomentó una libertad sin condiciones del Estado para la actuación de los agentes económicos; asumió el «dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo» de Gournay; y adoptó el individualismo de Smith (1776), es decir, aceptó la idea de que los sujetos trabajan directamente en función de sus intereses propios y, al hacerlo, indirectamente generan bienestar general. Asimismo, el manchesterismo incorporó el utilitarismo de Bentham (1789): la propiedad de productos causa placer, siendo así, entre más personas tengan productos, mayor placer habrá. El rasgo común entre el manchesterismo y el neoliberalismo es una «[…] ideología empresarial a ultranza […]»[22].

Jevons y Menger, en 1871, cada uno con su propia obra, dieron forma a la escuela marginalista como una reacción a la teoría del valor-trabajo de la economía política clásica de Smith y Ricardo. El aporte sustancial de la escuela fue la formulación de la ley de la utilidad marginal decreciente: el valor de un producto para su poseedor se establece por la utilidad que genere la última unidad producida de ese producto. La utilidad decrece en tanto más unidades se produzcan. Walras, en 1874, se sumó al examen marginalista. Esta escuela formalizó la teoría del valor subjetivo. Walras, además, contribuyó ampliamente al lanzamiento de la corriente neoclásica. Marshall, en 1890, integró los análisis marginalistas con algunas ideas de la economía política clásica (principalmente de Ricardo). El autor instaló las bases de la corriente neoclásica. Los marginalistas y los neoclásicos tienen congruencia con la ideología empresarial del manchesterismo. Keynes, por su parte, en 1936, reformó el programa general neoclásico al destacar la participación del Estado en la estimulación de la demanda con el propósito de mantener el pleno empleo y el equilibrio en el uso de los factores de producción.

El neoliberalismo respondió en la década de 1970 a la crisis de las teorías del desarrollo inspiradas en el keynesianismo. La crisis, según los representantes del neoliberalismo, principalmente Hayek, era producto de la excesiva participación del Estado en materia económica: políticas para favorecer la competencia (impedir la formación de monopolios), políticas de pleno empleo, políticas redistributivas del producto social, entre otras[23]. El fracaso de los planificadores de la Unión Soviética agregó todavía más argumentos al neoliberalismo para sugerir la disminución considerable del Estado en el desenvolvimiento de los procesos económicos.

El neoliberalismo propone como solución directa de la crisis desactivar al capitalismo estatalmente organizado y coloca, de inicio, en tal emprendimiento, al mercado como coordinador general de los procesos económicos. En este contexto, la formación de monopolios no se atacaría más con políticas estatales, se atendería con la garantía de firmar contratos por parte de los agentes sin mediaciones externas y con la seguridad de que serían cumplidos. El esquema contractual exigiría respetar el derecho de propiedad privada. Los monopolios se combatirían, por tanto, con los movimientos libres en el mercado de agentes con certeza jurídica y confianza[24]. Aquellas aglomeraciones de empresarios derivadas de circunstancias específicas, por ejemplo, de la conveniencia de aprovechar los rendimientos de las economías de escala, se disolverían por la propia dinámica del mercado.

El Estado no es eliminado por completo, Hayek[25] reconoce la importancia de un Estado ultra-mínimo que se cerciore, primero, de afianzar la dinámica sin límites de los agentes, segundo, de frenar cualquier actuación de las ramificaciones de este tipo de Estado en áreas económicas (Estado que se limita a sí mismo) y tercero, de clausurar todos los monopolios que no vengan del mercado, tales como los sindicatos. El neoliberalismo exhibe a los sindicatos como los principales promotores de la cartelización del mercado por el control que ejercen sobre la oferta de fuerza de trabajo[26]. La cartelización obstaculiza la libertad de las empresas para desplazarse y tomar decisiones económicas, así como el ingreso de nuevos agentes al mercado.

La estructura del neoliberalismo en Hayek, continuando con lo anterior, parte de un mercado empírico cuya idealización es ajustada al cuadro explicativo del modelo de la competencia perfecta. Hayek[27] registra que el mercado puro se encuentra puntualizado en el modelo. La competencia perfecta se adopta acríticamente.

La competencia perfecta para el producto «X» considera la participación de muchos agentes (productores y consumidores) en los movimientos de la oferta y la demanda de dicho producto. Todos los productos «X» son idénticos. Los agentes tienen información completa, oportuna y gratuita de todas las dinámicas que hagan los demás agentes en relación con el producto «X». La oferta y la demanda de este producto determinan su precio, los agentes no tienen la capacidad para establecerlo ni modificarlo, lo aceptan, son actores precio-aceptantes. El mercado se distingue como el único mecanismo capaz de recopilar y surtir la información –mediante los precios– a todos los agentes. La obtención de los factores de producción para el producto «X» se hace sin obstáculos y siempre están disponibles.

El punto donde la oferta del producto «X» es igual a su demanda a un determinado precio se califica como punto de equilibrio mercantil de ese producto. En ese punto, la totalidad del producto «X» es consumida y todos los productores logran venderlo, cubriendo de forma completa los costos y utilizando totalmente los factores de producción. Hay vaciamiento del producto «X» en el mercado. Se trata de un equilibrio parcial, expresado en una ecuación que incluye dos variables dependientes y una incógnita o variable independiente. Las dependientes indican la cantidad de oferta y demanda del producto «X». La meta central es encontrar –con la libre movilidad de los agentes– el precio para este producto. El precio es la incógnita o variable independiente. El precio se ajusta constantemente hasta que se logre vaciar el mercado. La solución es única (precio óptimo) y siempre en cantidades positivas.

La competencia perfecta lleva hacia el equilibrio parcial. El producto «Y», «Z», «W» o cualquier otro requieren de las mismas consideraciones del producto «X» en competencia perfecta para entrar en equilibrios parciales. Hay tantos equilibrios parciales como número de productos se manejen. Los equilibrios parciales gozan de simultaneidad. El conjunto de estos representa el equilibrio general: la totalidad de todos los productos («X», «Y», «Z», «W», etcétera) es vendida y consumida a precios delimitados, o bien, la sumatoria de la demanda agregada es equivalente a la sumatoria de la oferta agregada, considerando los precios de los bienes. En esta situación de equilibro general no hay faltantes ni excedentes de producción social; tampoco, ningún agente que esté incluido en el proceso económico queda fuera de este. Hay inclusión total que se traduce en bienestar para todos aquellos que estén involucrados.

El equilibrio general enuncia, por consiguiente, un sistema de ecuaciones que implica «N» ecuaciones y «N» incógnitas. Una ecuación por cada equilibrio parcial. Una incógnita por cada equilibrio parcial. El número de ecuaciones es igual al número de incógnitas. La meta sigue siendo establecer los precios de los bienes (incógnitas principales o variables independientes) mediante la dinámica libre de los agentes económicos. Los precios se acomodan cuando se presenta el vaciamiento del mercado. La solución agregada, de igual manera, es única, constituye la posición óptima, su valor siempre será una cifra con números positivos.

 

Contenido trascendental de la competencia perfecta

 

La competencia perfecta es un concepto trascendental. Hayek lo acepta y, según este autor, el propio Pareto, quien es uno de los creadores del modelo junto con Walras, lo reconoce de la misma manera. Hayek, en este sentido, declara que «[…] [no] se trata de «llegar a un cálculo numérico de [todos] los precios», ya que, como [Pareto dice], es «absurdo» suponer que [se pueden] conocer todos los datos»[28]. Pareto, en la cita, niega la posibilidad de que los agentes tengan información total (saber todos los datos). Esta negación invalida al modelo como asequible en la experiencia empírica. Friedman se conduce por la misma línea de Hayek y Pareto: «[…] La competencia perfecta no existe, […] es un modelo ideal, como una línea o punto de Euclides […]»[29]. No hay debate en relación con que la competencia perfecta es un concepto trascendental. El asunto conflictivo es que tiene ilusiones trascendentales.

 

Aproximación incongruente a la competencia perfecta

 

Hayek[30] sostiene que se saben las condiciones generales en una situación de competencia real con las cuales puede esperarse que el mercado establezca los precios de un conjunto de productos que acerquen a la igualación de la oferta y demanda agregadas. Las condiciones generales son, primero, respetar la propiedad privada y segundo, firmar-cumplir contratos mercantiles. La consolidación de ambas condiciones requiere que el mercado esté posicionado como conductor de los procesos económicos y que el Estado (ultra-mínimo) asegure la consecución de dichas condiciones sin interferir en la dinámica económica. La competencia real se desarrolla necesariamente con un mercado empírico. Hayek, en términos generales, intuye que el mercado empírico, en la competencia real, generará una tendencia hacia la competencia perfecta[31]. Hayek[32] agrega que la tendencia –al surgir del mercado empírico– tiene también un carácter empírico. El autor, no obstante, encuentra que la tendencia a la competencia perfecta se halla profundamente lejos de alcanzarse; siendo así, la competencia perfecta se encuentra todavía más alejada. Hayek plasma entonces la tendencia a la competencia perfecta como imposible empíricamente. Y, de no haber verificación comprobable, el argumento sobre la tendencia empírica a la competencia perfecta pierde su sustento y se transforma en suposición.

Hayek, a pesar de que logra reconocer las propiedades idealizadas del modelo, queda envuelto en una ilusión trascendental, porque realiza el análisis al revés. El autor, en su planteamiento, no considera como punto de partida a la competencia perfecta –entendida como concepto trascendental– para orientar la concreción de la competencia lo mejor posible, sino a través de una situación empírica caracterizada por condiciones generales (competencia posible) intenta acercarse a la competencia perfecta.

 

Fundamento de la competencia perfecta

 

La conservación de la vida humana no es un proceso derivado de la nada. «[…] Los seres humanos son seres naturales que solo pueden realizar un proyecto de vida a partir de la satisfacción de sus necesidades [físico-biológicas y subjetivas] […]»[33]. La satisfacción de necesidades subjetivas, ahora bien, está en función de la atención efectiva de las necesidades físico-biológicas.

Los sujetos no son libres para elegir la satisfacción de sus necesidades, a menos que busquen morir. La libertad, más bien, está en cómo resolverlas, algunos tienen preferencias o gustos para hacerlo. «[…] La satisfacción de necesidades [posibilita] la vida; la satisfacción de las preferencias la hace agradable. […] Para ser agradable, antes tiene que ser posible […]»[34].

En la proyección del equilibrio general que resulta de la competencia perfecta, todos los sujetos que participan como trabajadores reciben un salario. El modelo no incluye a los sujetos que no trabajan. Los salarios tienen variabilidad ininterrumpida, descarta los salarios fijos de subsistencia. Veamos. El equilibrio general es una fotografía (imagen estática) de múltiples ecuaciones lineales resueltas. Y, el equilibrio general, se mueve justamente a través de estas ecuaciones, las cuales cambian por las modificaciones de los precios relativos de los productos y de los factores de producción. La actuación de los agentes en el cuadro de la competencia perfecta altera los precios. Todo el equilibrio general se ampara entonces en los precios relativos.

En el modelo, en suma, los precios son asumidos con variabilidad constante, siempre en cantidades positivas. Los salarios, contemplados como pago de un factor de producción, de igual manera, fluctúan entre cero y una cifra positiva. Así, la competencia perfecta puede arrojar un escenario de equilibrio con salarios iguales o cercanos a cero. Los sujetos, no obstante, requieren de ingresos suficientes para atender sus necesidades. Los salarios, cuando menos, deben corresponder a ingresos de subsistencia. La consideración de la satisfacción de necesidades –en equilibrio general para todos los sujetos trabajadores incluidos– exige que «[…] el salario no sea ilimitadamente variable […]»[35].

En equilibrio general, la información generada no hace detectable todos los casos donde el salario de los trabajadores sea igual o cercano a cero. En el supuesto de que se aceptara la intervención de planificadores estatales y la información generada les permitiera identificar todas las situaciones donde hubiera agentes sin suficiencia de ingresos para emprender acciones correctivas, la competencia perfecta rechazaría esta práctica, puesto que únicamente contempla individuos salario-aceptantes (precio-aceptantes). En la suposición de que los planificadores tuvieran la oportunidad de modificar los salarios, que implicaría la renuncia de la posición de salario-aceptantes de los trabajadores, se moverían los equilibrios parciales de los demás productos, causando un nuevo equilibrio general con la existencia de agentes con salarios exiguos, y así sucesivamente. El modelo concluyentemente no puede generar un equilibrio general que garantice salarios aceptables para los trabajadores incluidos. Hinkelammert[36] afirma que el problema no está en la falta de información completa, sino en los precios (salarios) relativos.

La introducción del salario de subsistencia colapsa la solución de las ecuaciones, ya que constituye una nueva variable independiente. La solución de las ecuaciones puede mantener su lógica en aquellos eventos donde el salario sea superior al ingreso de subsistencia, pues no es necesario añadir otra variable. La solución de las ecuaciones, sin embargo, se destruye en todos los casos donde se anexan variables. Ante la existencia de salarios menores al monto de subsistencia se hace obligatorio añadir otra variable.

Friedman[37] también calcula los salarios de la misma forma que se estiman los precios de los productos o de los factores de producción. Este modo de calcular, según Friedman, determina los salarios de competencia en el mercado. El desempleo, en el planteamiento de este autor, se presenta cuando el salario no concuerda con el salario de competencia. El mercado, por consiguiente, tenderá a reducir la cuantía del salario para introducirlo en el nivel de competencia y lograr disminuir el desempleo; de no reducirse lo suficiente, el mercado seguirá bajando la cantidad de ingresos, siendo posible que el monto se desplome hasta llegar a cero. Hinkelammert[38] indica que, en el cuadro de equilibrio general, es seguro que el pleno empleo únicamente se alcance cuando el salario sea equivalente a cero.

La relación entre la garantía de un salario suficiente y el cumplimiento de necesidades que habilitan la vida humana, por tanto, no tiene un lugar central en el modelo. Esto introduce a una ilusión trascendental. Las preferencias y los gustos, que son criterios mercantiles, sí permiten la variabilidad. «[…] No importa cuál sea el nivel de ingresos de una persona, sino únicamente su manera preferencial de utilizar su ingreso, [sea mucho, poco o nada], según sus gustos y preferencias […]»[39].

Los salarios de subsistencia de los trabajadores no son la única variable independiente que debe agregarse a la solución de las ecuaciones. El uso de la naturaleza para las producciones es otra variable indispensable. Las producciones de bienes necesariamente deben ser limitadas. La incorporación de una o más variables independientes invalida la solución de las ecuaciones. La competencia perfecta y su equilibrio general son incompatibles con la reproducción de la vida «en general».

 

Contradicciones lógicas del funcionamiento de la competencia perfecta

 

La situación lo mejor posible es la máxima aproximación al escenario perfecto. Este vínculo técnico no se presenta con el modelo. La competencia lo mejor posible no representa un avecinamiento a la competencia perfecta. De hecho, la proximidad a las bases de la competencia perfecta impide la competencia efectiva entre agentes económicos. «[…] En competencia perfecta nadie compite […]»[40]. Esta paradoja refleja una distorsión lógica que entra como ilusión trascendental.

La competencia involucra enfrentamiento entre agentes, donde uno gana y otro pierde. La relación es conflictiva. Un sujeto busca tener más información que los otros para obtener ventajas competitivas. Si los agentes tienen al mismo tiempo información completa y oportuna –sobre lo que hacen los otros– el asunto se queda en previsión, no llega la ejecución. El conocimiento exacto otorga la oportunidad de saber perfectamente lo que prevén los otros: previsión perfecta. La previsión de un sujeto causa reacciones inmediatas en la previsión de los demás, y viceversa. La secuencia de reacciones sobre la previsión no se rompe nunca, los agentes quedan imposibilitados para tomar decisiones, la situación expone parálisis en la fase de acción (poner en marcha la previsión). La parálisis de acción es el punto final de las reacciones[41]. La situación de competencia real se aleja lo más posible del escenario de competencia perfecta.

Hinkelammert[42] también indica que la información completa y oportuna de los participantes es exclusivamente del periodo presente, no abarca anotaciones de cómo estarán los sujetos en el futuro. El conocimiento sobre lo que están previendo los otros en un momento específico no es conocimiento en relación con el futuro, sino con el presente, aun cuando la previsión exprese una acción futura. El mercado, en el modelo, es el encargado de formar el futuro mediante las interrelaciones infinitas de los sujetos y de los factores de producción.

Hinkelammert[43] replica la concepción de los precios como portadores efectivos de información en el mercado. La variación de los precios, en efecto, revela que sucedieron acontecimientos; empero, los sujetos –debido a su conocimiento imperfecto y a la falta de calidad de la información– no pueden determinar con exactitud cuáles fueron esos acontecimientos y qué indican en el presente. Las interpretaciones pueden variar. El riesgo de fallar de los sujetos en sus análisis es alto. Los precios son anuncios sumamente incompletos. Un anuncio, a manera de ilustración, que diga «cuidado con el perro» (símil del precio) desencadena diversas acciones entre los caminantes; ante este letrero, pueden seguir marchando con precaución por la misma vereda o conducirse por otro camino o simplemente ya no continuar[44]. Un letrero efectivo diría «cuidado con el perro, proseguir por la vía de la izquierda, la que está marcada con color amarillo». La mayoría de los caminantes se irían por la izquierda y es seguro que algunos intrépidos no se desvíen, que mantengan su tránsito por donde se encuentra el perro. La información con calidad tampoco confirma que se siga una dirección determinada.

Otra inconsistencia del modelo, que entra como ilusión trascendental, se encuentra en los equilibrios parciales simultáneos. Estos últimos requieren que los cambios en la oferta y demanda de un producto se reflejen instantáneamente en el resto de los productos, sin tiempo de por medio. En contraste, la competencia real involucra sujetos con alta movilidad, que provocan que la oferta y demanda de los bienes se modifiquen ininterrumpidamente, generando infinidad de adaptaciones parciales sucesivas en los equilibrios de los demás bienes. Los cambios necesitan tiempo para mostrarse en los equilibrios. Las sucesiones chocan con la simultaneidad. La idealización de los equilibrios parciales simultáneos, por tanto, es inadecuada. Hinkelammert[45] explica que aquellos equilibrios parciales sucesivos con sujetos dinámicos –que lograrán formarse por casualidad en la realidad– no se aproximan en lo empírico a los equilibrios parciales simultáneos, tienen una dirección opuesta.

La anulación de modificaciones de la oferta y la demanda, que involucraría sujetos estáticos, resulta compatible con los equilibrios parciales simultáneos. La parálisis en la acción de los actores alcanzaría la simultaneidad. La situación lo mejor posible, en este caso, sería que los productores y consumidores en la práctica se desplazaran lo menos posible para generar un acercamiento a los sujetos estancados del modelo.

Hinkelammert[46], finalmente, diseña tres bases en relación con la creación de otra propuesta económica. Primera, al quitar la relación conflictiva de competencia en el modelo se elimina la «previsión perfecta» que paraliza la actuación de los sujetos. Se trata de transitar de asuntos competitivos regidos por el mercado hacia acuerdos mutuos planificados por los mismos agentes y por el Estado. Segunda, la acción económica debe partir de una articulación productiva ideal entre planificadores estatales y agentes empresariales que consiga el pleno empleo por arriba del límite del salario de subsistencia. Tercera, no puede derogarse el mercado ni el sistema de precios, pero el camino no se encuentra en la continuidad del mercado y sistema de precios de la competencia perfecta. El autor hace referencia a mercados y sistema de precios «[…] en función de las condiciones [que posibilitan] [la] vida humana y la naturaleza»[47].

 

Conclusiones

 

¿Qué tipo de contenido trascendental tiene el modelo de la competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek? El modelo aloja, al menos, tres ilusiones trascendentales. Primera, los representantes neoclásicos y neoliberales hacen explícito el carácter trascendental de la competencia perfecta. La estructura del neoliberalismo en Hayek, sin embargo, parte de un mercado empírico que, posteriormente, es colocado como mercado ideal en el cuadro de la competencia perfecta. Hayek traza que el mercado empírico con garantías de derechos de propiedad privada y con contratos mercantiles que brinden certeza a los agentes económicos produce una tendencia real a la competencia perfecta. El autor, en consecuencia, primero dibuja lo empírico y después lo enlaza directamente con una propuesta de lo imposible empírico. El proceso trascendental, en el sentido de Hinkelammert, considera que, con base en lo empírico, se traza lo perfecto, luego, a partir de esta perfección se busca lo empírico mejor posible. El proceso trascendental posee una lógica específica en su desarrollo.

Segunda, el diseño del modelo tiene inconsistencias lógicas, las cuales se arrastran desde la propuesta neoclásica. La competencia perfecta, por ejemplo, es lo opuesto a la competencia real. La competencia es conflictiva, los sujetos son dinámicos, buscan derrotar al otro, demandan tener más información que los demás para abrir ventajas competitivas. En la competencia perfecta, los actores –debido a la información completa que poseen sobre los movimientos de los otros– se quedan en la previsión (previsión perfecta), son estáticos. En otro ejemplo, los equilibrios parciales simultáneos del modelo tienen dirección contraria a los equilibrios parciales sucesivos reales. Los primeros exigen que las modificaciones en la oferta y demanda de los productos se reflejen de manera instantánea, con tiempo igual a cero, en los demás equilibrios. Los segundos implican –ante oscilaciones de la oferta y demanda– un cúmulo de adaptaciones parciales sucesivas que precisan tiempo indefinido para mostrar los ajustes en los otros equilibrios.

Tercera, los sujetos son naturaleza humana viva que, para mantener esa condición, deben dar atención permanente a sus necesidades físico-biológicas. El modelo, en la fase de equilibrio general, permite que todos los agentes incluidos obtengan un salario; empero, en numerosas ocasiones, sin salirse del equilibrio general, pueden darse situaciones donde los trabajadores no cuenten con los ingresos para comprar los bienes que satisfagan sus necesidades. El modelo funciona únicamente con salarios variables, que pueden ser altos, bajos o iguales a cero. El fijar un salario de subsistencia y decretar que ninguna cantidad pueda bajar de ese límite interrumpiría el núcleo operativo del modelo. Este hecho impide que la garantía de satisfacer necesidades sea considerada como criterio principal de funcionamiento.

La actividad humana no puede prescindir de los conceptos trascendentales. En la metodología dialéctica, los procesos en materia económica requieren partir de escenarios perfectos diseñados con coherencia lógica, fundados en la vida «en general» y pensados como inalcanzables en lo empírico con el trabajo de los sujetos. ¿Qué tipo de contenido trascendental tienen las propuestas sostenidas en el pensamiento keynesiano y en las corrientes poskeynesianas, o bien, en la crítica de la economía política de Marx, en la Teoría de la Dependencia de Marini y Dos Santos, en el desarrollo desigual de Amin, en la economía de la liberación de Dussel y en la economía feminista de Federici? Esto abre una fecunda línea de investigación relacionada con la metafísica de la economía.

 

 

 

Formato de citación según APA

Herrera-Torres, H. A. y Arias-Torres, D. (2025). La competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos trascendentales de Hinkelammert. Revista Espiga, 24(50), 155-179.

 

Formato de citación según Chicago-Deusto

Herrera-Torres, Hugo Amador y Arias-Torres, Daniela. La competencia perfecta en el neoliberalismo de Hayek. Crítica a partir de los conceptos trascendentales de Hinkelammert. Revista Espiga, 24, n.° 50 (2025): 155-179.

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[1] Franz Hinkelammert, Cuando Dios se hace hombre, el ser humano hace la modernidad. Crítica de la razón mítica en la historia occidental (San José: Universidad Nacional de Costa Rica, 2022).

[2] Ibíd., 144.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] James Buchanan y Gordon Tullock, El cálculo del consenso. Fundamentos lógicos de la democracia constitucional (Madrid: Espasa Calpe, 1980), 64.

[6] Weber (1922) reconoce igualmente la importancia de los tipos ideales como instrumentos para efectuar la comparación social. El autor los puntualiza como construcciones mentales con exageración total de aspectos de la realidad objetiva. En este punto pueden encontrarse coincidencias entre Weber y la propuesta de Buchanan y Tullock.

La teoría de la acción social de Weber, por otro lado, es más amplia, sin tener discrepancias sustanciales, que la acción racional que trazan Buchanan y Tullock en la teoría de la elección pública. Weber sostiene que las actividades del individuo están determinadas por la tradición, las motivaciones afectivas, la racionalidad medio-fin (instrumental, costo-beneficio) y los arreglos a valores; mientras que los autores de la elección pública se concentran en la conducta instrumental de los sujetos en contextos políticos y bajo la influencia de instituciones formales (reglas del juego).

[7] Franz Hinkelammert, Crítica a la razón utópica (San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 2000).

[8] Ibíd., y Hinkelammert, Cuando Dios se…

[9] Hugo Amador Herrera Torres, «La utopía de una economía para la vida», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana 43 (2022): 89, https://doi.org/10.15332/25005375.6765

[10] Hugo Amador Herrera Torres, Realismo político y realpolitik. Hacia una re-conceptualización de lo político. Contrastes entre Carl Schmitt y Franz Hinkelammert (Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2015): 48.

[11] Hugo Amador Herrera Torres, «Factibilidad trascendental. Postulados utópicos de una economía para la vida», Economía. Teoría y Práctica 31 (2023): 205, https://doi.org/10.24275/ETYPUAM/NE/582023/Herrera

[12] Los términos imaginación e ilusión trascendentales pueden rastrearse desde Kant (2022). No obstante, si bien la ilusión trascendental también fue trabajada por Ricoeur (1976a, 1976b), Hinkelammert (2022) insiste en que ambos autores, más Kant que Ricoeur, aplicaron los términos a la relación del individuo consigo mismo (relación intra-individuo): «[…] individuo real [en comparación con] el individuo trascendental […]» (Hinkelammert, Cuando Dios…, 54). Además, Hinkelammert adopta los dos términos de forma crítica y los modifica para presentar los conceptos trascendentales de relaciones sociales entre los sujetos de una comunidad (relaciones inter-sujetos).

[13] Hinkelammert, Crítica…, 51.

[14] Hinkelammert, Crítica…; El totalitarismo…; Cuando Dios…; Franz Hinkelammert, El totalitarismo de mercado. El mercado capitalista como ser supremo (Madrid: Akal, 2018).

[15] Hinkelammert elaboró –durante su trayectoria académica– una aguda crítica al orden económico capitalista, colocando alto énfasis en su mecanismo coordinador, el mercado. Destacan las obras de Dialéctica del desarrollo desigual (1970), La deuda externa de América Latina: el automatismo de la deuda (1988), El mapa del emperador. Determinismo, caos y sujeto (1996), El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización (2001), La vida o el capital. Alternativas a la dictadura global de la propiedad (2004, en coautoría con Duchrow), Hacia una economía para la vida (2005, en coautoría con Mora), La vida o el capital: el grito del sujeto vivo y corporal frente a la ley del mercado (2017), Totalitarismo del mercado. El mercado capitalista como ser supremo (2018), entre otras.

[16] Enrique Dussel, «El método analéctico y la filosofía Latinoamericana», Nuevo Mundo, 3 (1973), https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/54.1973_espa.pdf, y Enrique Dussel, Método para una filosofía de la liberación. Superación analítica de la dialéctica hegeliana (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1974), https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_Libros/18.Metodo_para_filosofia_liberacion.pdf

[17] Ibíd.

[18] Hinkelammert, Crítica…, 63.

[19] Franz Hinkelammert, El grito del sujeto. Del teatro-mundo del evangelio de Juan al perro mundo de la globalización. (San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1998): 269.

[20] Enrique Dussel, 16 tesis de economía política. Interpretación filosófica (Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 2015), 290-291.

[21] Hinkelammert, Crítica…, 77.

[22] Ibíd.

[23] Varias corrientes económicas continúan replicando o ampliando por varias direcciones las ideas de Keynes: fundamentalistas, kalekianos, sraffianos (o neoricardianos), kaldorianos e institucionalistas (Galbraith, Hodgson). Estas representan principalmente al poskeynesianismo. En términos generales, comparten una óptica reformista del orden económico imperante, buscan que funcione con estabilidad duradera. Las corrientes aceptan que el mercado regule los procesos económicos, pero rechazan que sea la única institución que lo haga, conciben como obligatoria la implementación de políticas. También caracterizan al agente económico como sujeto con racionalidad limitada y expectativas inciertas.

[24] Hinkelammert, Crítica…; El totalitarismo…; Cuando Dios…; Franz Hinkelammert y Henry Mora Jiménez, Hacia una economía para la vida. Preludio a una segunda crítica de la economía política (San José: Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2013), y Franz Hinkelammert y Henry Mora Jiménez, Economía, vida humana y bien común. 25 gotitas sobre economía crítica (San José, Arlekín, 2014).

[25] Friedrich Hayek, La pretensión del conocimiento». ¿Inflación o pleno empleo? (Madrid: Unión Editorial, 1976).

[26] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…

[27] Hayek, La pretensión…

[28] Hayek, «La pretensión…, 19.

[29] Milton Friedman, Capitalismo y libertad (Madrid: Ediciones RIALP, 1966a), 157.

[30] Hayek, «La pretensión

[31] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…; Economía, vida humana…

[32] Friedrich Hayek, Individualism and economic order (Chicago: The University of Chicago Press, 1958).

[33] Hinkelammert, Crítica…, 241.

[34] Ibíd., 239-240.

[35] Ibíd., 63.

[36] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…

[37] Milton Friedman, Teoría de los precios (Madrid: Alianza, 1966b).

[38] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…

[39] Hinkelammert, Crítica..., 63.

[40] Ibíd., 56.

[41] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…; Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…; Jorge Vergara Estévez, «La crítica de Hinkelammert a la religión del mercado». Utopía y praxis latinoamericana. Revista Internacional de Filosofía y Teoría Social 27 (2022): 1-16, https://doi.org/10.5281/zenodo.6374322

[42] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…

[43] Ibíd.

[44] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…, Economía, vida humana…

[45] Hinkelammert, Crítica…; Cuando Dios…

[46] Ibíd., El totalitarismo…

[47] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía…, 23.