Año 24,
N.º 49: enero - junio 2025
Ética de la liberación: Reflexiones desde Enrique Dussel
Alexánder
Cortés-Campos
https://orcid.org/0000-0001-5586-8657
Máster en Antropología por la
Universidad de Costa Rica. Licenciado en Administración Educativa por la
Universidad Estatal a Distancia (UNED). Licenciado en Teología, licenciado en
Educación con énfasis en Enseñanza de la Religión y egresado de la licenciatura
en Filosofía por la Universidad Nacional. Profesor de posgrado y Estudios
Generales y asesor de autoevaluación y acreditación en la UNED. Correo:
acortesc@uned.ac.cr
Resumen
Este
ensayo reflexiona acerca
de los aportes éticos de Enrique Dussel y de otros pensadores latinoamericanos como Juan José
Bautista y Franz Hinkelammert por medio del análisis de diferentes documentos, por
lo que se propone crear conocimiento desde la ética de la liberación con la
finalidad de abrir espacios de discusión y discernimiento filosófico, empleando
la criticidad como método de análisis y praxis de liberación. La ética de la
liberación se centra en la protección y desarrollo de la vida humana en
comunidad y defiende a los sectores más vulnerables, considerando la vida como
el bien más importante. Se distingue de otras éticas por su pretensión de
universalidad y su fundamentación dialéctica a favor de la vida de los seres
humanos. Se articula con el consenso racional intersubjetivo para aplicar
normas éticas y procura construir una comunidad crítica y antihegemónica que enfrente
la explotación y destrucción promovidas por el capitalismo y el mercado. El
principal hallazgo radica en que la ética debe partir de la situación concreta
de las víctimas, del oprimido y del excluido. Los aportes de Dussel y de otros
autores latinoamericanos han influenciado diversos campos del conocimiento y
han impactado significativamente en América Latina y en otras regiones del
mundo.
Palabras clave: América
Latina, filosofía política, pensamiento, participación comunitaria.
Recibido: 8 de julio de 2024
Aprobado: 16 de mayo de 2025
Ethics of liberation:
Reflections from Enrique Dussel
Abstract
This essay reflects on
the ethical contributions of Enrique Dussel and other Latin American thinkers
such as Juan José Bautista and Franz Hinkelammert
through the analysis of various documents. It aims to generate knowledge from
the ethics of liberation to open spaces for philosophical discussion and
discernment, using critical thinking as a method of analysis and praxis of
liberation. The ethics of liberation focuses on the protection and development
of human life in community and defends the most vulnerable sectors, considering
life as the most important good. It is distinguished from other ethical
approaches by its claim to universality and its dialectical foundation in favor
of human life. It is articulated through intersubjective rational consensus to
apply ethical norms and seeks to build a critical and anti-hegemonic community
that confronts the exploitation and destruction promoted by capitalism and the
market. The main finding is that ethics must begin from the concrete situation
of victims, the oppressed, and the excluded. The contributions of Dussel and
other Latin American authors have influenced various fields of knowledge and
have significantly impacted Latin America and other regions of the world.
Keywords: Community
Participation, Latin America, Political Philosophy, Thought.
Éthique de la libération
: Réflexions à partir d'Enrique
Dussel
Résumé
Cet essai
propose une réflexion sur
les apports éthiques d’Enrique Dussel ainsi que d’autres penseurs latino-américains tels que Juan José
Bautista et Franz Hinkelammert, à travers
l’analyse de divers documents. Il vise à produire des connaissances à
partir de l’éthique de la libération,
dans le but d’ouvrir des espaces de discussion et de discernement philosophique, moyennant la pensée critique comme méthode d’analyse et comme praxis de libération. L’éthique de la libération se
concentre sur la protection et le développement
de la vie humaine en communauté,
en défendant les secteurs
les plus vulnérables, et en considérant
la vie comme le bien le plus précieux.
Elle se distingue d’autres éthiques
par sa prétention à l’universalité et par sa fondation dialectique en faveur de la vie humaine. Elle s’articule aussi à un consensus rationnel intersubjectif pour l’application de normes éthiques et cherche à construire
une communauté critique et anti-hégémonique
face à l’exploitation et à
la destruction engendrées par
le capitalisme et le marché. Le principal constat est que l’éthique doit partir de la situation concrète des victimes,
des opprimés et des exclus.
Les apports de Dussel et d’autres
auteurs latino-américains ont influencé divers
champs du savoir et ont eu un impact significatif
en Amérique latine ainsi que dans
d’autres régions du monde.
Mots-clés : Amérique latine, philosophie politique, pensée, participation communautaire.
Introducción
A
principios de la década de 1970 nace la filosofía de la liberación y
rápidamente comienza a reflexionar desde la perspectiva de la liberación
latinoamericana, por lo que procura dar respuestas a la identidad
histórica-cultural de los pueblos y la búsqueda de alternativas que lleven al
progreso de las personas de menos recursos económicos y las de mayor
vulnerabilidad social de esta región. Desde sus inicios es crítica de las
injusticias socioeconómicas de los pueblos, de las relaciones sociales de
dominación en las que vive la mayoría de las personas y de las estructuras de
poder que explotan y empobrecen a los seres humanos como: regímenes militares,
capitalismo, mercado, fundamentalismo religioso y económico, entre otras. Plantea
que la liberación no solo es nacional y social, sino una emancipación humana
universal de todos los poderes fácticos que oprimen a las personas. Algunos de
los problemas filosóficos que aborda son acerca del ser, la cultura, la moral,
la libertad, la solidaridad y la ética. Además, toma una postura crítica contra
la filosofía clásica, no solo por responder a intereses eurocéntricos, sino
porque considera que sus enunciados son opresores y propone dejar de pensar
desde el centro para pasar a pensar desde la periferia, donde se encuentran los
seres humanos oprimidos.
Asimismo,
elabora un método de relación de lo universal con lo particular al que llama analéctica.
Para Enrique Dussel[1],
la analéctica significa ir más lejos de la totalidad
para encontrarse con el otro, en ese encuentro la otra persona, quien es
originalmente distinta, por medio de su logos[2]
entra interpelante más allá de la comprensión que tiene su interlocutor de su
propio ser y de sus propios intereses.
Por lo tanto, la analéctica es un método que procura pensar y
colocarse al lado de un sujeto que no ha sido reconocido como tal, es un método
solidario que busca condiciones de posibilidad y de liberación de las personas
oprimidas que viven en una región con principios divergentes. En este sentido, la
filosofía de la liberación es un ejercicio de pensamiento que opera tanto en el
orden de la teoría como en el orden práctico, haciendo posible que la
analéctica se concretice, debido a que es un método crítico-liberador. Es a
partir de esta doble ruta (teoría y práctica) que se analiza el contexto
latinoamericano, así como ideas, conceptos y categorías que han propiciado los
diversos proyectos de explotación y en contra de la vida de las personas y de la
naturaleza.
A pesar de poseer la filosofía de la liberación sus propias
particularidades, también tiene aspectos en común con la teología de la
liberación, la sociología y la antropología, que reflexionan de forma sistemática
acerca de los problemas y situaciones propias que se viven en América Latina. Estas
disciplinas científicas comparten diversos elementos en común que se vinculan y
convergen por medio del análisis crítico de las realidades sociales y
políticas, especialmente en aquellos contextos de desigualdad y opresión. Algunos
de estos elementos son: compromiso con la justicia social, enfoque en las
experiencias de los oprimidos, interdisciplinariedad, praxis, crítica a las
estructuras de poder y ética de la liberación. Las reflexiones sistemáticas en
torno a los elementos mencionados corresponden a una de las principales
características distintivas de las corrientes filosóficas latinoamericanas,
debido a que «es la tendencia a la contextualización… y su enunciación de
manera amplia como pensamiento, lo cual implica la inclusión de otras formas de
expresión de la filosofía entre nosotros, que no se reducen al discurso
filosófico en sentido estricto»[3].
En otras
palabras, la filosofía de la liberación por medio de la riqueza étnica-cultural
que existe en América Latina reinterpreta la realidad de las personas oprimidas
y pobres, y hace lo que sugiere Raúl Fornet-Betancourt «una lógica de la vida que reorienta
la organización actual de la materialidad, ajustándola al imperativo ético de
salvar la vida, la vida del hermano, el pobre, y la vida de la madre, la
naturaleza»[4]. En este sentido, la
filosofía de la liberación tradicionalmente se ha enfocado en la liberación de
los seres humanos oprimidos; sin embargo, en las últimas décadas ha ampliado su
horizonte y ha incluido dentro de sus reflexiones sistemáticas la problemática
social que existe en relación con los derechos de los animales. Este enfoque es
conocido como liberación animal y sostiene que la opresión o la agresión no se
limita solamente a la especie humana, sino que se extiende a todos los seres vivos
que residen en el planeta.
La
filosofía de la liberación interviene en todos los campos de la sociedad, el
ético es uno de ellos. Este aspecto hace que la ética de la liberación esté
presente en la sociedad y en todas las actividades en las que interviene el ser
humano. La ética de la liberación surge del seno de la misma filosofía de la
liberación como respuesta a las profundas desigualdades sociales y políticas de
la región latinoamericana, por lo que busca encarnarse en acciones concretas
para transformar la realidad. Su objetivo principal es desarrollar una ética al
servicio de los oprimidos, pero cuestionando críticamente las estructuras de
poder que perpetúan y legitiman las injusticias y la dominación. Para Dussel[5],
la ética de la liberación como corriente filosófica latinoamericana busca visibilizar
las experiencias de los seres marginados y para ello se centra en las voces y
perspectivas de los que han sido históricamente excluidos y oprimidos, procura
descolonizar el pensamiento y liberarse de todas las categorías y conceptos
impuestos por el pensamiento occidental y eurocéntrico, promueve la construcción
de una ética desde la praxis para vincular la teoría con la práctica y desarrolla
la justicia social con la finalidad de luchar por una sociedad más justa y
equitativa, donde todos los seres humanos tengan las mismas oportunidades.
En relación
con lo mencionado, este ensayo se centra en la ética de la liberación desarrollada por
Dussel, la cual se distingue por su orientación hacia una ética de la vida,
donde la vida humana en comunidad es el eje central. Este autor establece que la
ética de la libración se fundamenta en la producción, reproducción y desarrollo
de la vida humana, enfatizando que la vida debe ser entendida desde la
experiencia comunitaria. Este enfoque defiende la vida de los seres humanos en
todas sus dimensiones, especialmente la de los sectores más desposeídos. En
este sentido, la ética de la liberación busca no solo la preservación de la
vida humana, sino también su desarrollo integral, desafiando sistemas
hegemónicos que perpetúan la desigualdad y la exclusión. Además, la ética de la
liberación puede influir en el pensamiento ético global debido a que propone
descolonizar el conocimiento, centrarse en la lucha por la justicia social,
promueve el diálogo intercultural, realiza una fuerte crítica al capitalismo y
fomenta la acción. Esta ética ofrece una perspectiva crítica y transformadora
que puede enriquecer el debate ético global y contribuir a la construcción de
un mundo más justo y equitativo. En este mismo orden de ideas, la ética de la
liberación ofrece un marco conceptual amplio para abordar los desafíos
sociales, políticos y ambientales de la época; sin embargo, su adaptación
requiere una reflexión crítica y creativa que permita contextualizar sus
principios y desarrollar estrategias concretas para la transformación social.
Debido
a la estructura teórica empleada, este ensayo
reflexiona sistemáticamente en la realidad por medio del análisis de los
aportes éticos de Dussel y de otros pensadores latinoamericanos como Bautista y
Hinkelammert. En consecuencia, pretende crear conocimiento desde la ética de la
liberación con la finalidad de abrir espacios de discusión y discernimiento
filosófico. Asimismo, emplea la criticidad como método
de análisis y praxis de liberación, por lo que parte de la existencia
contextual del otro como ser humano, principalmente de las víctimas y excluidos
de la sociedad.
Este ensayo
emplea la estructura ética que ofrece Dussel en su obra Ética de la liberación en la edad de la
globalización y de la exclusión[6], debido a que esta es su publicación más
emblemática en lo que se refiere a la ética desde la filosofía de la
liberación. Además, a este esquema se le agrega el pensamiento ético de otros
documentos de su autoría y de otros pensadores latinoamericanos como Hinkelammert
y Bautista, con la finalidad de
enriquecer los contenidos éticos que brinda Dussel y también para darle mayor
argumentación teórica a esta investigación.
En efecto, para Dussel esta
estructura ética se transforma en una arquitectónica compleja que consta de seis
principios: el principio material o de contenido, el
principio formal moral o de validez intersubjetiva, el principio de
factibilidad empírica, el principio de la crítica ética, el principio de la
validez antihegemónica y el principio de la praxis de liberación. En
consecuencia, a partir de los principios mencionados se proponen los siguientes
dos objetivos: reflexionar cómo la ética de la liberación centra su principio material en defensa
de la vida, mediante la aspiración a ser un principio ético universal y cómo
esta ética se diferencia de otras teorías, porque propone una verdad práctica
que va más allá del consenso intersubjetivo, enfocándose en la realidad
material de las víctimas del sistema; así como analizar los principios
complementarios de validez intersubjetiva y factibilidad, asegurando que las
acciones propuestas sean tanto moralmente correctas como materialmente posibles,
en relación con la praxis de liberación que busca transformar la realidad de
las víctimas mediante una acción crítica y solidaria, que promueve una
comunidad ética inclusiva y simétrica. Finalmente, de manera transversal, a lo
largo de este ensayo no solo se plantean críticas a las estructuras de poder
desde la ética de la liberación, sino también se proponen alternativas para un
desarrollo humano integral, fundamentado en el respeto y la dignidad de todos
los seres vivos.
Principios de la ética de la liberación
La ética de la liberación como corriente filosófica
busca dar voz a los marginados y oprimidos, por lo que no se limita a la
teoría, sino que por medio de la práctica promueve la transformación social
concreta. Para ello, desarrolla una crítica ética de la situación
socioeconómica de los pueblos en los países subdesarrollados y de las
relaciones sociales de dominación, además, plantea bases filosóficas y
metodológicas para la liberación. Este aspecto de crítica y transformación está
presente en los diferentes principios que propone esta ética, por lo que cumple
con las exigencias de la sobrevivencia de un ser humano autoconsciente y
autorresponsable de todo lo que le rodea. También en la situación actual de la
crisis ecológica, del subdesarrollo, del neoliberalismo y de otros problemas
globales, los argumentos de la ética de la liberación deben servir como concientización
de estos problemas y sus posibles soluciones. Además, los diferentes principios
que propone esta ética ofrecen diversos insumos de discusión y reflexión
crítica que pueden ser utilizados en ciertas disciplinas humanas para el
análisis de variados temas. A continuación, se desarrollan cada uno de estos seis
principios éticos.
El principio material o de contenido
Una de las
principales características de la ética de la liberación es su orientación
hacia la conformación de una ética de la vida, de modo que la vida humana es la
que le brinda los insumos a la ética. Por eso, para Dussel[7]
el principio material o ético-material es la producción, reproducción y
desarrollo de la vida humana en comunidad, debido a que la vida se entiende a
partir de la vivencia de los seres humanos en comunidad. Esto quiere decir que
la ética humana debe defender la vida, la cual conlleva a la conservación y
desarrollo de la vida en todos sus sentidos. Asimismo, Franz
Hinkelammert y Henry Mora[8]
manifiestan que la vida misma es lo primero en la vida del ser humano. Lo dicho
determina que la vida no solo es un hecho humano, sino que la vida es lo más
importante del ser humano. Por su parte la Carta de la Tierra[9]
establece que la vida humana está ligada a la naturaleza y a todo lo que habita
y existe en el planeta, por lo que propone examinar los valores, a buscar un
terreno común dentro de la diversidad, a la construcción de una conciencia
individual y colectiva y a elegir una nueva visión ética compartida para todos
los seres humanos, indiferentemente de la situación en la que se encuentran.
Por lo tanto, la ética de la liberación es una ética de la vida, y aunque
promueve la vida de las personas a nivel general, defiende principalmente la
vida de los sectores con mayor desventaja porque son los conglomerados con
mayor riesgo de perderla.
Con el paso
de los años, la ética de la liberación ha venido ampliando su espacio de
reflexión. En la actualidad estudia diversos problemas que existen en el
planeta, como los ambientales y el derecho de los animales, entre otros. Estos
desafíos están profundamente interconectados con las desigualdades sociales y
las estructuras de poder, lo que los convierte en temas centrales para esta
corriente filosófica. Por lo tanto, es una ética que promueve la vida en el
planeta, porque invita a todos los seres humanos a construir un mundo más
justo, equitativo y sostenible. Al centrarse en las necesidades de los seres
vivos promueve la transformación social y ofrece una guía para vivir una vida
plena y significativa. Este principio material se concretiza en la medida en
que se defiende la reproducción y el desarrollo de la vida no solo de los seres
humanos, sino también toda la vida que existe en el planeta, incluyendo el
cuido de la naturaleza.
La ética de
la liberación no se limita a su campo de acción, sino que constantemente se
encuentra en diálogo con otras corrientes éticas, como la ética ciudadana y la
ética ambiental, debido a que poseen principios y fines similares en la defensa
y el derecho a la vida. Mientras la ética ciudadana promueve en las personas la
forma de actuar con justicia, equidad y sin acepción de personas, así como el
respeto por los derechos humanos y el cuestionamiento por la realidad; la ética
ambiental reflexiona acerca de los deberes y responsabilidades de los seres
humanos con la naturaleza, donde se incluye a todos los animales y prioriza principios
hacia las generaciones futuras. En fin, la ética de la liberación, que también
comparte los mismos valores de las éticas descritas, siempre va a apostar por
defender la vida de los seres vivos, donde se incluye a las personas, la
naturaleza y los animales.
En este sentido,
la ética de la liberación se ha ido especializando en algunas áreas de su
accionar, como en la ética de la liberación animal y en la ética de la
liberación ambiental. Estas dos áreas éticas proponen principios para que la
relación entre seres humanos, naturaleza y animales sea armoniosa, respetuosa y
sostenible. Defienden que los animales no deben ser considerados propiedad de
los seres humanos y proponen que los recursos naturales deben ser usados de
manera responsable, expresan categóricamente que los animales y la naturaleza
tienen derecho a vivir de forma digna, promueven que los seres humanos no deben
utilizar a los animales para fines humanos, ni oprimirlos o esclavizarlos y que
la naturaleza no debe ser explotada sin un uso sostenible, fomentan la
participación ciudadana y la toma de decisiones colectivas, educan en crear
conciencia animal y ambiental, entre otros aspectos. En consecuencia, tanto la
ética animal como ambiental sostienen que el maltrato de los animales como la
explotación irracional de la naturaleza es un problema ético y ecológico que
tiene implicaciones en la biodiversidad y en la salud ecológica en general.
Para Dussel[10],
este principio material, que promueve el desarrollo y la defensa de la vida
humana, implica a todo el planeta Tierra y a todo lo que habita en él. Esto
quiere decir que la ética de la liberación no solo dialoga con la ética
ciudadana, animal y ambiental, sino que también dialoga con otros tipos de
éticas que ofrecen los movimientos sociales modernos, tales como movimientos
feministas, movimientos socioambientales, movimientos en pro de los derechos humanos,
movimientos a favor de los derechos de pueblos originarios, entre otros. En
relación con los postulados que predican estos movimientos sociales, la ética
de la liberación procura fomentar siempre la vida, se opone a la
mayoría de las creencias sociales y políticas que explotan y destruyen la vida
y la naturaleza, propone principios que van en contra de distintas formas tradicionales
de fundamentar la ética, se establece como una alternativa en una sociedad
globalizada y excluyente y se opone al antropocentrismo en cuanto que es una idea
que generaliza los intereses de los seres humanos como los únicos que cuentan.
Sin embargo, no todas las éticas existentes son compatibles con los principios
de la ética de la liberación, porque no defienden el principio material de la
vida debido a múltiples intereses.
En efecto,
la ética de la liberación como ética de la vida se distingue de otras éticas
como los diferentes comunitarismos, los utilitalismos, los vitalismos, los
biologismos, eudemonistas, las éticas axiológicas, entre otras, en cuanto al
principio material que propone. Para Dussel[11],
la ética de la liberación sí tiene pretensiones universales, en cambio, las
otras éticas como las citadas están reducidas a su campo de acción. Por
consiguiente, para que el principio material de la defensa de la vida logre
constituirse en principio universal de la ética, es necesario que se refiera y
oriente a la defensa de la vida de todos los seres humanos, incluso a los
excluidos por los grupos de poder y a los de mayor vulnerabilidad social, así como
a la naturaleza y a todos los seres vivos que habitan en el planeta. Los
contenidos de este principio material que propone la ética de la liberación,
según Juan José Bautista[12],
poseen una fundamentación dialéctica, los cuales se concretizan en la medida en
que se entiende la vida y su funcionamiento. Por eso, el ser humano tiene que
configurar su vida en función de metas y objetivos, los cuales deben pensar y
elegir libremente.
En este
sentido, Hinkelammert[13]
entiende que la vida es una realidad concreta, intransferible, única en cada
ser humano, vulnerable y con límites que la posibilitan. Desde esta perspectiva,
la vida es un espacio donde se fijan fines y se eligen a partir de las mismas
exigencias de la vida, pues es desde donde se marcan las necesidades y
exigencias de las personas. En conclusión, Dussel externa de este modo el
criterio material universal de la ética de la liberación: «El que actúa humanamente, siempre y necesariamente
tiene como contenido de su acto alguna mediación para la producción,
reproducción o desarrollo autorresponsable de la vida de cada sujeto humano en
una comunidad de vida, como cumplimiento material de las necesidades de su
corporalidad cultural (la primera de todas, el deseo del otro sujeto humano),
teniendo por referencia última a toda la humanidad»[14].
Este
criterio material sirve como razonamiento de verdad teórica y práctica. La
verdad teórica hace hincapié en juicios de hecho, de los cuales se originan
verdades prácticas éticas. A partir de este criterio material se deduce un
principio ético material universal en cuanto a que todo enunciado descriptivo
acerca de la vida humana incluye necesariamente autorreflexiones responsables por
parte de los seres humanos, que conlleva la exigencia de conservar la vida
humana y el planeta. Efectivamente, en relación con lo señalado, Dussel[15]
admite que surgen enunciados normativos correspondientes, los cuales están
orientados a la conservación de la vida. Asimismo, este autor advierte que un
enemigo de este principio es el cínico que pretende fundar un orden ético
apoyado en la aceptación de la muerte, tanto de forma individual como colectiva[16].
Por su parte, Hinkelammert[17]
externa que el mercado, el capitalismo y la globalización, así como las
personas que los promueven, son enemigos de la vida y, en concreto, de los
seres humanos más desposeídos a los cuales les destruye la vida personal y
colectiva. Por consiguiente, este principio material ético constituye el punto
de partida de toda la normativa ética, debido a que engloba el contenido de los
posteriores principios hacia una ética de la vida, como por ejemplo el
siguiente principio de validez intersubjetiva.
El principio formal moral o de validez intersubjetiva
Este
principio es complementario del principio material, por lo que promueve la vida
humana y la obligación de conservarla como la última instancia material de
moralidad. Para Dussel[18],
la última instancia formal o de validez es el consenso racional intersubjetivo
y por medio de este principio, este autor procura explicar el principio de
universalidad, el cual pretende alcanzar validez comunitaria. También Dussel[19],
en este segundo principio ético, recoge y al mismo tiempo subsume diversos
contenidos de la ética discursiva de Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas para
fundamentar dicho principio. Aunque este segundo principio es de aplicación de
la norma o principio material, implica que la norma material posibilita el
contenido de la aplicación de la norma formal, porque su argumentación intenta
saber cómo se puede reproducir y desarrollar la vida del ser humano en la
actualidad, asimismo, la norma material brinda el contenido de lo consensuado[20].
Consecuentemente, para que exista consenso es necesario que entre los seres
humanos haya un acuerdo de datos que permita alcanzar validez intersubjetiva.
Dentro de estos acuerdos es fundamental la existencia de contenidos éticos a
favor de la vida, pues si no hay contenido tampoco puede haber acuerdo ni
validez, debido a que no tiene validez un acuerdo vacío.
Los
planteamientos éticos de la ética discursiva se sitúan en el nivel de la
formalidad argumentativa, por lo que confunde la verdad con la validez. Por
eso, para Bautista[21],
desde la perspectiva de América Latina, la verdad se ubica en el ámbito de la
referencia material a la realidad, en cambio, la ética discursiva o los
formalismos niegan la posibilidad de que exista una verdad práctica que no
provenga del consenso. Por su parte para Dussel[22]
la verdad no necesariamente debe seguir la validez del consenso, sino las
razones apropiadas que se presentan en el diálogo. El concepto de verdad está
en referencia con la realidad material, en cambio, el concepto de validez
remite al ámbito de la intersubjetividad. Por lo tanto, el criterio de validez «es
la pretensión de alcanzar la intersubjetividad actual acerca de enunciados
veritativos, como acuerdos logrados racionalmente por una comunidad. Es el
criterio procedimental o formal por excelencia»[23].
Efectivamente,
la ética de la liberación no solo quiere complementar y ubicar este principio
formal, sino que también procura articularlo con el ético material. Esto se
debe a que el principio material y el principio formal moral están
estrechamente relacionados y forman parte de un sistema ético coherente. El
primero expresa qué se debe hacer (producir y desarrollar la vida), mientras
que el segundo manifiesta cómo se debe hacer (de manera universal y crítica). En
otras palabras, se busca complementar el criterio de validez moral
intersubjetivo con el criterio de verdad práctica, pero explicados a partir del
principio ético-moral como el deber de todo ser humano de producir, reproducir
y desarrollar la vida humana en comunidad y de luchar contra la muerte
individual y colectiva.
A estos
principios también es necesario realizarles una distinción entre sus
correspondientes enunciados normativos, es decir, aquellos que se ubican en el
nivel de lo ético-material y los que se sitúan en el nivel moral-formal. Dussel[24],
por su parte, defiende una verdad práctica con pretensiones de universalidad,
pero manifiesta que a partir de un enunciado descriptivo se puedan obtener dos
enunciados normativos, uno de ellos es de tipo material y el otro de tipo
formal, el cual tiene que haber sido logrado por medio de un consenso
intersubjetivo. En relación con este último enunciado, Dussel[25]
expresa que solo puede ser considerado válido, si este se ha logrado mediante
el consenso en el que hayan participado todos los seres humanos afectados. En
caso de suceder lo contrario, esa norma no es válida moralmente, debido a que
los seres humanos afectados no pueden participar de la discusión
correspondiente.
De este
modo, Dussel[26]
no se opone a la norma, pero sí a la validez de esta que ha sido alcanzada por
medio del consenso moral. A partir de lo señalado, se nota la diferencia entre
el contenido veritativo de una proposición moral y la forma en que ha sido
alcanzada su validez. En definitiva, aunque existen diferencias entre las
éticas materiales y las morales discursivas, las dos aportan elementos para llegar
a conclusiones éticas, pero ambas por separado no son suficientes para
enfrentar los problemas por los que atraviesa el planeta y los seres humanos,
así como brindar recomendaciones a soluciones globales y regionales. Por eso,
después de examinar la validez formal es necesario pasar a estudiar la
factibilidad ética.
El principio de factibilidad empírica
La vida de
muchos seres humanos está llena de escasez y limitaciones, por lo que no todo
lo que es deseable puede ser posible. Por eso, a los seres humanos no se les
puede obligar moralmente a realizar acciones que no son
posibles fácticamente. A partir de esta premisa se introduce el principio
de factibilidad. Dussel[27]
explica que el ser humano que proyecta transformar una norma, acto,
institución, entre otros, debe saber medir objetivamente las condiciones de
posibilidad materiales y formales, empíricas, técnicas, políticas, económicas,
entre otras, de manera que lo realizable sea posible dentro de las leyes de la
naturaleza en general y humanas en particular. Este principio implica que los
seres humanos deben elegir las acciones más adecuadas para realizar los fines
elegidos sin contratiempos con la realidad.
Hinkelammert
y Mora[28]
afirman que ningún proyecto puede desarrollarse si no es materialmente posible,
por lo que la voluntad en ninguna instancia puede sustituir las condiciones
materiales de posibilidad. También, Bautista[29]
expresa que los actos que realizan los seres humanos deben enmarcarse dentro de
las posibilidades reales. En efecto, lo seres humanos no están obligados a
realizar acciones morales y materiales que conlleve a la destrucción de la
vida, por lo que pueden negarse a realizar todo tipo de prácticas que promuevan
el exterminio de las personas y de la naturaleza. Por consiguiente, todas las
acciones donde intervienen los seres humanos deben ser reales a nivel material
y no se les puede obligar a realizar acciones que no sean posibles
fácticamente.
Este
principio trae un problema a nivel racional y, para subsanar esta deficiencia,
Dussel[30]
acude a los contenidos de las filosofías pragmatistas y de la racionalidad
estratégico-instrumental, mediante las cuales se procura comprender los medios
más adecuados para alcanzar los fines que se proponen realizar los seres
humanos. Sin embargo, en la realidad suele suceder regularmente lo contrario,
debido a que los seres humanos tienen dinámicas racionales de tipo
utilitaristas y economicistas, las cuales se convierten en absolutas y únicas,
por lo que se cae en reduccionismos y fetichismos. Precisamente, Bautista[31]
externa que el fetichismo afecta en cierta medida a todos los individuos, pero
particularmente los seres humanos más empobrecidos y vulnerables de la sociedad
son los más perjudicados, debido a que el sistema hegemónico que favorece a los
más fuertes los utiliza como mercancía y les impide la posibilidad de la vida.
En efecto, según
Dussel[32]
esta racionalidad científica e instrumental permite que una acción o norma sea
factible, por medio de las siguientes dos vertientes: por un lado, cuando
existen condiciones de posibilidad en los múltiples niveles de la realidad y,
por otro lado, cuando las condiciones deónticas[33]
indican qué acciones se permiten éticamente y cuáles se pueden tomar como
obligatorias para cumplir con las exigencias básicas. Estas dos vertientes se
expresan en los dos principios básicos: el material y el formal, los cuales
permiten la reproducción y el desarrollo de la vida humana, así como la
participación de los seres humanos afectados por las decisiones.
La ética de
la liberación presenta una compleja interrelación entre sus tres principios
fundamentales: el material, el de validez intersubjetiva y el de factibilidad.
Cada uno es distinto, pero los tres trabajan de forma conjunta para orientar la
acción ética y lograr la transformación social. A manera de ejemplo, si se
reflexiona en torno a una comunidad concreta que lucha contra la desigualdad
económica se observa que: el principio material garantiza que todos los
miembros de la comunidad tengan acceso a los recursos básicos para vivir una
vida digna como alimentación, vivienda, educación y salud. El principio de validez
intersubjetiva organiza asambleas comunitarias donde todos los miembros puedan
expresar sus necesidades y propuestas y se busca un consenso acerca de las
acciones a emprender, considerando las diferentes perspectivas y evitando
imponer soluciones desde arriba hacia abajo. El principio de factibilidad
analiza las posibilidades reales de cambio, considerando los recursos
disponibles, las alianzas estratégicas que se pueden construir y las
resistencias que se pueden encontrar, así también diseña acciones concretas y
realistas, como la creación de cooperativas, la ocupación de tierras o la
organización de campañas de presión política. Por medio de este ejemplo se
observa cómo interactúan estos tres principios, pues el principio material
define el objetivo de la lucha, el principio de validez intersubjetiva
garantiza que la lucha sea participativa y democrática y el principio de
factibilidad asegura que las acciones sean realistas y efectivas. En
definitiva, estos tres principios no están aislados, sino que forman un sistema
interconectado que orienta la acción ética. El principio material proporciona
el fundamento, el principio de validez intersubjetiva garantiza la justicia y
el principio de factibilidad asegura la efectividad de las acciones. Al
trabajar juntos permiten construir una ética comprometida con la transformación
social y la liberación de los oprimidos.
Otro
ejemplo que se puede usar para ilustrar aún mejor la dinámica de estos tres
principios de la ética de la liberación es el siguiente: si se reflexiona en
torno a una comunidad con problemas de acceso por tierra debido al deterioro de
sus caminos, se observa que el principio material garantiza que los habitantes
de esa comunidad tengan acceso terrestre y un buen estado permanente de sus
caminos. El principio de validez intersubjetiva no solo organiza asambleas
comunitarias donde participan la mayoría de sus habitantes, sino que abre
espacios para que se expresen, dialoguen y tomen acciones concretas mediante el
consenso. Por su parte, el principio de factibilidad analiza la realidad y las
políticas que existen en torno a los caminos de acceso público, examina las
estrategias a utilizar en la municipalidad o alcaldía para que tengan
aceptación, organiza alguna marcha o cierre de caminos vecinales como presión
política y proyecta acciones concretas a tomar a corto y mediano plazo para que
sus exigencias sean escuchadas y realizadas. Este ejemplo ilustra cómo estos
tres principios interactúan entre sí y cada uno de ellos es esencial para que
se puedan realizar las exigencias de la comunidad.
Ahora bien,
únicamente las acciones e instituciones que logren cumplir con el principio de
factibilidad indicado pueden llegar a obtener una pretensión de bondad, debido
a que los seres humanos son limitados y la perfección como tal es imposible de
alcanzar. En relación con lo expresado, Dussel[34]
señala dos conclusiones definitivas: la primera indica que los seres humanos
solamente pueden realizar acciones con pretensión de bondad, lo que conlleva a
una actitud de permanente provisionalidad, donde se configuran constantemente
las instituciones y las eticidades, debido a la imperfección de las mismas; la
segunda exterioriza que todo acto realizado por seres humanos o instituciones
sociales produce en algún momento un efecto negativo, aunque este no se haga de
forma intencional. En este sentido, Hinkelammert y Mora[35]
manifiestan que no todos los fines son factibles de desarrollar por los
problemas que pueden producir a los seres humanos, aunque existan los medios
técnicos para lograrlos. Por desgracia, el sistema hegemónico capitalista posee
diversidad de medios para explotar el planeta y utiliza a las personas como
mercancías para hacerlo, produce pobreza, problemas ambientales, hambre,
muerte, entre otros. En consecuencia, el desarrollo de fines no factibles, así
como la imperfección de las instituciones y acciones humanas producen
perennemente víctimas humanas, por lo que desde la perspectiva de las víctimas
es donde se debe construir una ética con pretensiones de universalidad, que
conlleve a la crítica ética.
El principio de la crítica ética
Una de las
características de la ética de la liberación es que construye sus argumentos
desde las víctimas de los sistemas dominantes. Por eso, un argumento ético es
correcto y con pretensiones de universalidad si recoge dentro de sus
planteamientos los intereses de las víctimas y de los olvidados por el sistema.
Esta crítica ética para Dussel[36]
es dialéctica porque instaura lo positivo, o sea, el bien en lo negativo, que
son las víctimas. En esta misma dirección algunos autores como Hinkelammert[37],
Bautista[38] y
el mismo Dussel[39] se
apropian de argumentos críticos de filósofos europeos de la sospecha como Friedrich
Nietzsche, Sigmund Freud, Karl Marx, Michel Foucault y Emmanuel Lévinas, entre
otros, en cuanto a que procuran criticar las pretensiones dominadoras de la
razón moderna. Sin embargo, se distancian de los filósofos europeos, porque no
están de acuerdo en proponer como alternativa la racionalidad moderna
occidental, debido a que es irracional y no sirve como alternativa a las
exigencias de las víctimas del sistema. Una salida irracional solo puede
provocar una cultura de la fuerza, donde se imponen los más fuertes. Esto
imposibilita instaurar criterios racionales universales debido a la imposición
de los poderes fácticos. En definitiva, a las teorías críticas europeas hay que
aplicarle un doble movimiento de subsunción y negación. Se deben subsumir los
argumentos críticos a las insuficiencias del sistema, pero negar las
insuficiencias de sus propuestas de solución.
El sistema
o eticidad dominante se legitima en la exterioridad del dominado, de la
víctima, pero esta supuesta legitimidad es ilegítima tanto en el aspecto
material como en el formal, porque en el material produce dominados y en el
formal excluidos. De acuerdo con lo señalado, para Dussel[40]
es necesario reconfigurar otra nueva situación de consenso intersubjetivo, en
el que ningún ser humano quede excluido del diálogo, porque solo así se puede
conseguir una nueva validez intersubjetiva, donde los excluidos puedan
construir una comunidad crítica, simétrica y antihegemónica.
Hinkelammert
y Mora[41]
advierten que existen dos tipos de escepticismos que procuran dominar y excluir
a los seres humanos: el escepticismo desde la normalidad del sistema y el
sistema como dominador. El primero, pretende dar como bueno el sistema racional
y ético dominante y, el segundo, es el cínico que procura dar como válido un
modo de configurar la sociedad donde se justifica la muerte de muchos
individuos en beneficio de unos pocos y la defensa de la lógica del mercado a
costa de la vida de los débiles para beneficiar a los fuertes. Desde esta
perspectiva, se entiende la situación en que se encuentra el planeta, por
ejemplo, porque el deterioro de la naturaleza es parte de la lógica del mercado
que busca el beneficio de los sectores más poderosos, sin importar la vida de
la mayoría de las personas. Sin embargo, Dussel[42]
externa que existe un tercer tipo de escepticismo que es el crítico o
liberador, el cual patrocina un nuevo acuerdo donde todos los individuos tomen
parte en situación de total simetría, con la finalidad de conseguir una nueva
validez hegemónica.
El punto de
partida de toda crítica debe ser necesariamente el reconocimiento del otro como
víctima. Por eso, Dussel expresa que el «re-conocimiento del Otro, como otro,
como víctima del sistema que la causa…, y la simultánea responsabilidad por
dicha víctima, como experiencia ética… –que pone en cuestión crítica al sistema
o Totalidad– es el punto de partida de la crítica»[43].
Este reconocimiento del otro como ser humano supone aceptarlo como sujeto de
derecho, por lo que este criterio se ubica dentro del principio material, que
reconoce la corporalidad de la víctima. Por lo tanto, desde la perspectiva del
principio crítico, el principio material según Dussel[44]
se transforma en una prohibición ética que impide provocar la muerte del otro.
Asimismo, Hinkelammert[45]
hace énfasis en que la muerte del otro está ligada a un sistema hegemónico que
favorece al neoliberalismo y al libre mercado. Efectivamente, la muerte del
otro no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente arraigado en las
estructuras de poder y en las relaciones de dominación que caracterizan a los
sistemas hegemónicos. El neoliberalismo con su énfasis en la acumulación de
capital y la competencia, ha exacerbado esta tendencia. Es fundamental
comprender esta conexión para poder desafiar los sistemas que perpetúan la
violencia y la desigualdad y así construir un mundo más justo y equitativo.
En relación
con lo anterior, es necesaria la construcción de una comunidad crítica,
simétrica y antihegemónica, aunque sea un proceso largo y complejo que requiera
un compromiso constante y una lucha colectiva. Sin embargo, es una tarea
fundamental y dinámica para lograr la liberación de los oprimidos que implica
varios elementos claves, a saber: consciencia de la exclusión, construcción de
una identidad colectiva, organización y acción colectiva, desarrollo de una
ética crítica y una educación consciente. Estos elementos claves son esenciales
porque desafian al poder con herramientas efectivas y eficientes, promocionan
la igualdad entre todos los seres humanos, fomentan la participación y
construyen alternativas. A manera de ejemplo, estos elementos claves se
concretizan en la educación popular, la cual es fundamental para empoderar a
los miembros de la comunidad y desarrollar sus capacidades críticas. Este tipo
de educación permite crear conciencia crítica, llena a los seres humanos de
esperanza y les permite recuperar la dignidad humana, debido a que la educación popular
como educación crítica estimula la reflexión profunda sobre la realidad social,
política y económica en la que viven las personas. Así también, la educación
crítica es un proceso de concientización que libera a los seres humanos de la
opresión y les permite reconocerse como personas capaces de transformar su propia
realidad, ayudándoles a recuperar su humanidad y la esperanza en un futuro
mejor. Uno de los pensadores más influyentes en educación popular en América
Latina es Paulo Freire[46],
quien predica una pedagogía de la liberación. En definitiva, la ética de la
liberación proporciona las herramientas conceptuales para comprender las raíces
de la injusticia y las motivaciones para actuar en consecuencia.
En América
Latina existen otras corrientes filosóficas como la filosofía intercultural y
la filosofía decolonial que reflexionan acerca de la otredad. Procuran visibilizar
y reposicionar las tradiciones culturales y otros tipos de pensamiento y
conocimiento que han estado fuera de manera histórica de los parámetros
entendidos como pensamiento filosófico. La ética de la liberación subsume los
aportes de estas corrientes filosóficas y procura la construcción de puentes y
acercamientos entre las múltiples culturas y grupos sociales excluidos. Los
pueblos originarios y los grupos feministas, ambientalistas, animalistas, así
como grupos relacionados con la igualdad y equidad de género, asociaciones de
campesinos, entre otros, generan desafíos a la ética de la liberación, por
cuanto realizan reflexiones y discusiones en el contexto cultural, social,
histórico, geográfico y natural acerca del otro como ser humano. Incluso, la
lucha de clases presente en toda la región latinoamericana produce desafíos a
la ética de la liberación, en cuanto a que debe reflexionar acerca de las
personas marginadas y empobrecidas, fruto de esta relación desigual. Consecuentemente,
reconocer el contexto natural del otro, así como los diferentes contextos en
que vive, implica respetarlo tanto como ser humano y como sujeto de cultura, de
modo que la ética de la liberación aboga por la universalidad y al mismo tiempo
critica determinados sistemas de dominación, especialmente aquellos que se hallan
en la región latinoamericana como el neoliberalismo y el colonialismo, entre
otros.
En efecto, ya
sea en comunidad o de forma individual, las distintas actividades que realiza
cada persona deben estar impregnadas de valores y de principios éticos
racionales donde se involucre al otro como persona y situado en un contexto
particular, con la finalidad de luchar responsablemente contra todo aquello que
afecta al ser humano y al planeta. La analéctica se hace presente en este
escenario en cuanto a que el otro es corresponsable y de forma conjunta debe
velar por el cuido del planeta y de todos los seres vivos que habitan en él. En
este sentido, Bautista[47]
manifiesta que los seres humanos deben ser éticamente críticos para reconocer a
las víctimas que se les ha negado el derecho y la posibilidad de vivir. Por
desgracia, la mayoría de los individuos no reconocen a la eticidad dominante
deshumanizadora y responsable de la producción de víctimas. Para Dussel[48],
los seres humanos pueden criticar y negarse a realizar acciones que el sistema
dominante les obliga (imperativo negativo crítico), pero también tienen la
obligación de actuar creativa y co-solidariamente para transformarlo
(imperativo positivo crítico). Este segundo aspecto permite la creación de
estrategias que posibilitan la validez antihegemónica.
El principio de la validez antihegemónica
Es a partir de la perspectiva del
imperativo positivo crítico que la ética de la liberación recomienda construir
una nueva comunidad de seres humanos. Dussel[49]
propone que esta comunidad debe construirse de manera ética y simétrica entre
todos los individuos participantes y excluidos por el sistema dominante. De
este modo es una crítica a las eticidades dominantes que han sido incapaces de
alcanzar consensos para configurar la sociedad, porque no parten de las
víctimas y no promueven adecuadamente una ética para la vida. Una de las
características de este principio es que no deja por fuera a ningún individuo o
colectivo, porque todos tienen derecho a ser escuchados y a tomar decisiones
acerca de los asuntos que les afectan, pues de pasar lo contrario, no pueden
ser consideradas moralmente válidas las acciones asumidas, porque son
excluyentes. En este sentido, Hinkelammert[50]
analiza que la ética funcional ligada al mercado es una ética absoluta de la
irresponsabilidad absoluta, que tiene como normas las mismas normas del mercado. También Dussel[51]
advierte que las exclusiones de los sistemas hegemónicos actuales se producen
por motivos de género, económicos, culturales y ecológicos. En fin, este
principio pretende reunir a todos los individuos y colectividades excluidas,
para que de forma simétrica construyan una nueva comunidad en la que nadie
quede excluido y marginado.
Los sistemas hegemónicos actuales
utilizan diferentes espacios para insertarse en los conglomerados sociales y
culturales, el digital y tecnológico son dos de ellos. Para eso, la ética
digital y tecnológica, desde la perspectiva de la ética de la liberación,
ofrece un marco crítico y transformador para abordar los problemas
contemporáneos de la digitalización, debido a que las tecnologías de manera
regular afectan a los grupos más vulnerables. Esta ética cuestiona las
estructuras de poder y dominación, tanto económicas como culturales, que se
manifiestan en el ámbito digital, porque las tecnologías pueden perpetuar o
exacerbar las desigualdades existentes, por lo que promueve empoderar a las
personas y a las comunidades en lugar de controlarlas. Además, la recopilación
masiva de datos y la vigilancia algorítmica (panóptico digital) plantean serias
preocupaciones acerca de la privacidad y la libertad, así también, las redes
sociales y otras plataformas digitales pueden ser utilizadas para difundir
noticias falsas y manipular la opinión pública. Ante estas situaciones la ética
de la liberación exige transparencia y rendición de cuentas en el uso de estas
tecnologías y promueve el pensamiento crítico y la responsabilidad en la
comunicación digital. Finalmente, la producción y el consumo de la tecnología
tienen un impacto significativo en el medio ambiente, por lo que la ética de la
liberación reflexiona acerca de la sostenibilidad y la justicia ambiental en el
desarrollo y uso de las tecnologías e invita a repensar la digitalización desde
una perspectiva crítica y transformadora.
Este principio aparte de incorporar
el principio material también pretende asumir el principio formal a partir de
una perspectiva crítica y desde la posición de las víctimas. Para Dussel[52],
este principio procura establecer una nueva formalidad crítica, la cual es un
requisito para otorgar validez a todo principio moral, institución o eticidad
que tenga presunciones de universalidad. La manera de conseguir validez es
forzar o profundizar el principio formal hasta lograr un nivel crítico adecuado
que en la formulación primera no se tenía. Además, este principio en la
formulación primera o meramente formal parte de una situación ideal, en cambio,
cuando este principio es profundizado logra alcanzar un nivel de mayor
conciencia crítica que no tenía cuando se encontraba en la etapa meramente
formal[53].
También Dussel[54] señala
que la ética de la liberación es crítica, no solo porque tiene en cuenta a los
excluidos fácticos que se les niega el derecho y desarrollo de la vida
particular y en comunidad, sino también porque no demora en hablar, pensar y
dar respuestas desde ellos y desde su situación real de exclusión. Aunado a lo
anterior, este principio se refiere a la necesidad de que cualquier acción
moral o norma ética sea evaluada y validada desde la perspectiva de los
oprimidos y excluidos, aquellos que han sido históricamente marginados y
silenciados por sistemas de poder hegemónicos.
En la argumentación de este
principio es necesario distinguir dos situaciones que se presentan: primero, en
la formulación meramente formal de este principio el otro es abstracto y
se encuentra al margen de su situación social concreta; segundo, cuando este
principio es profundizado y asume posiciones críticas se sitúa en la
experiencia del otro como ser humano excluido. Para Bautista[55],
este principio conlleva hacia la fundamentación de un pensamiento crítico
transmoderno, en el sentido de ver al otro como un ser humano situado en una
realidad concreta que es propia de sus experiencias culturales. Por su parte,
para Dussel[56] la
transmodernidad no solo pretende descolonizar críticamente al otro como víctima
y excluido de la modernidad, sino también situarlo en el lugar donde vive, con
sus experiencias e historia. De este modo, un pensamiento crítico transmoderno
descolonial permite tomar conciencia de las situaciones en que viven las
víctimas y proyectar alternativas de liberación, como, por ejemplo, proyectos
ecológicos y comunitarios donde las víctimas sean las que toman las decisiones.
En consecuencia, este principio material-formal-crítico actúa críticamente con
validez desde las víctimas como sujetos éticos, busca las causas que victimizan
a los individuos dominados y proyecta alternativas positivas futuras que
potencializan la transformación de la realidad de los seres humanos excluidos[57].
Precisamente, este último aspecto señalado está relacionado con la praxis de
liberación, principio que se analiza enseguida.
El principio de la praxis de liberación
Si el principio material reside en
la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana, este principio de
liberación pretende llevar la vida humana a su máximo desarrollo. Para lograr
este cometido procura ayudar a las víctimas desde una posición crítica a salir
de su situación material negativa. Es material porque gestiona conseguir una
mejor vida humana donde puedan desarrollarse como seres humanos, y es negativa,
porque se constata la existencia real de tal situación. Aparte de ser
dialéctico, Dussel[58]
afirma que este principio trata de discutir acerca de la vida, de su producción
y reproducción.
En este sentido, Hinkelammert[59]
analiza que la liberación de los seres humanos reprimidos debe partir de
posiciones críticas que fomenten la vida y la solidaridad (el bien común) para
evitar el suicidio colectivo. Por su parte, Bautista[60]
externa que los principios de liberación deben estar orientados a construir una
dialéctica del desarrollo de la vida. No obstante, Dussel[61]
advierte que el principio de liberación no puede estancarse solamente en la
racionalidad instrumental, sino que tiene la necesidad de incluir la
criticidad, pues de no hacerse puede favorecer más bien a los poderes
hegemónicos. En esta misma dirección, por desgracia, el capitalismo
como poder hegemónico transforma la naturaleza de acuerdo con sus intereses, a
las personas las convierte en sujetos neutros y origina un contexto favorable
desde donde manipula y domina todo lo que le rodea. Asimismo, Hinkelammert y Mora[62]
señalan que la razón instrumental[63]
tecnocientífica se sitúa en una relación de medios-fines, por lo que puede ser
usada al servicio de fines diversos, incluso en contra de la vida de los seres
humanos.
Dentro de este principio de
liberación, la razón instrumental no queda negada, sino subsumida, pero
orientada de forma crítica a un fin concreto: la reproducción y el desarrollo
de la vida de todos los seres humanos, sin exclusión. Como se puede observar,
el principio de liberación subsume todos los demás principios anteriores, pero
realiza valiosas aportaciones críticas que conllevan al desarrollo de acciones
que suscitan la liberación de los seres humanos y la promoción de la vida
humana y de todos los seres vivos que viven en el planeta. En este sentido,
Dussel[64]
expresa que el principio de liberación debe transformarse en praxis de
liberación, como la construcción de acciones que promuevan la transmodernidad,
donde el otro tenga un locus situado
culturalmente, porque solo desde esa posición se pueden tener relaciones
intersubjetivas válidas. Bautista[65]
agrega que no solo se deben promover acciones que susciten la transmodernidad,
sino que se tienen que aplicar prácticas éticas y críticas que promuevan una transmodernidad
decolonial. Es decir, aplicar prácticas que contrarresten los efectos
producidos por la modernidad, eliminar las tendencias provincianas
eurocentristas que pretenden imponer modos de pensar como hechos universales y
propiciar los pensamientos y prácticas propias de cada pueblo y cultura[66].
En definitiva, todas las acciones liberadoras aplicadas críticamente promueven
la vida humana, en especial, de los seres humanos excluidos y dominados por los
poderes hegemónicos.
El principio de la praxis de
liberación es fundamental debido a que no solo es teoría, sino una acción
concreta que busca la transformación social que limita la vida y el desarrollo
de los seres humanos, la naturaleza, los animales y el planeta en general. Este
principio por medio de la crítica social cuestiona las estructuras de poder y
las relaciones de dominación que generan desigualdad, a través de la conscientización
promueve la toma de consciencia de los sectores oprimidos acerca de la situación
que están atravesando y su capacidad para cambiarla, mediante la organización
popular fomenta la participación activa de las comunidades en la búsqueda de
soluciones a sus problemas y por medio de la acción transformadora implementa
estrategias y acciones concretas para superar las injusticias detectadas. Para
Dussel[67],
todas estas acciones concretas que realiza este principio están en función del
otro, porque la vida del otro es la razón de ser de la ética. Se observa cómo
este principio se apropia de la analéctica que está en función del otro, para
sustentar que la vida es el valor supremo, la cual se vive en comunidad, está
inmersa en la historia y que hay esperanza para ella a pesar de las
dificultades y desafíos. Finalmente, este principio es importante pues empodera
a las personas debido a que reconoce en ellas la capacidad para transformar su
realidad con dignidad; promueve la justicia social, ya que busca eliminar las
desigualdades; fomenta la solidaridad entre las personas y los pueblos, porque
ofrece superar la opresión y construir un mundo más humano.
Conclusiones
La aplicación de los seis
principios de la ética de la liberación es limitada, debido a que el cumplimiento
de estos principios solo concede a las instituciones una pretensión crítica de
bondad o pretensión de justicia, pues son siempre provisionales. En este estado
de provisionalidad se producen de forma inevitable dominados y excluidos, que
procuran construir nuevas comunidades críticas y antihegemónicas, quienes
además buscan reemplazar esa eticidad por otra que sea más justa y universal.
Consecuentemente, con estos seis principios lo que se pretende realizar es una
ética sobre juicios de hecho, como la exclusión de la mayoría de los seres
humanos del proceso que ha implementado en la sociedad la modernidad y el
capitalismo, los cuales «son los que monopolizan para sus agentes la
reproducción y el desarrollo de la vida, la riqueza como bienes de uso y la
participación discursiva en las decisiones que los beneficia (…) y que excluye
a sus víctimas»[68]. Por
eso, ante esta situación tan compleja solamente «la corresponsabilidad
solidaria con validez intersubjetiva, desde el criterio de verdad vida-muerte,
puede quizá ayudarnos a salir airosos en la tortuosa senda siempre colindante»[69].
Pues, de no aplicarse lo expresado, existe la posibilidad de que las víctimas,
la exclusión, la destrucción de la naturaleza y de la vida humana sigan
aumentando.
La ética de la liberación
desarrollada por Dussel presenta un enfoque ético que se centra en la
liberación de los seres humanos oprimidos, en la vida humana en comunidad como
el fundamento de toda reflexión ética y la lucha contra las estructuras de
dominación y exclusión. Sostiene que la ética debe centrarse en la producción,
reproducción y desarrollo de la vida humana, con un énfasis especial en los
sectores más vulnerables y desposeídos. Al contrastar la ética de la liberación
con otras corrientes éticas, se destaca su pretensión de universalidad y su
compromiso con la defensa de la vida de todos los seres humanos, de los
animales, de la naturaleza y el cuido corresponsable y solidario del planeta.
Este principio material de
la ética de la liberación, basado en la necesidad de proteger y desarrollar la
vida, se articula con principios formales como el consenso racional
intersubjetivo, que busca la validez comunitaria de las normas éticas. Estos principios
deben ser criticados y adaptados desde la perspectiva de las víctimas del
sistema dominante, para lograr una ética verdaderamente inclusiva y
antihegemónica. Es decir, la ética de la liberación critica la modernidad y el
eurocentrismo, debido a que cuestiona la hegemonía de la racionalidad moderna
occidental y su pretensión de universalidad, señalando cómo esta ha sido
cómplice de la colonización y la opresión de los pueblos no occidentales.
Esta perspectiva ética introduce
el principio de factibilidad, el cual subraya la necesidad de que las acciones
humanas sean realizables dentro de las condiciones materiales y formales
existentes. Esto implica una crítica a la racionalidad instrumental y
utilitarista del capitalismo, que a menudo ignora las limitaciones y necesidades
reales de los seres humanos. Promueve una praxis crítica que busca transformar
las condiciones de vida de las víctimas del sistema, impulsando una comunidad
simétrica y justa donde todos los individuos participen en la toma de
decisiones, por lo que propone una ética que comienza desde el sufrimiento y la
experiencia de quienes han sido marginados por las estructuras de poder. Este
enfoque transmoderno y decolonial reconoce la importancia de las experiencias y
culturas locales, rechazando las imposiciones eurocéntricas y promoviendo
prácticas éticas que respeten y valoren la diversidad humana. En resumen, esta ética
se presenta como una propuesta integral y crítica que busca no solo entender y
proteger la vida humana en su totalidad, sino también transformar las
estructuras opresivas y excluyentes para construir una sociedad más justa y
equitativa.
Por otra parte, la ética
de la liberación influye en el pensamiento ético
global en cuanto amplía la agenda ética al incluir temas como la
justicia social, la liberación de la mujer, los derechos de los pueblos
indígenas, la ecología y el derecho de otros seres vivos como los animales. Por
medio de esta agenda ética inspira y fortalece a los movimientos sociales, ofreciendo
un marco teórico y ético para sus luchas. Esto le permite realizar una crítica
a las éticas universalistas abstractas que no toman en cuenta las
particularidades históricas y culturales de cada contexto. Así también, contribuye
a la construcción de un mundo más justo, al desafiar las estructuras de poder y
promover la corresponsabilidad entre los individuos y la solidaridad entre los
pueblos.
En la actualidad, la ética
de la liberación presenta diversos desafíos que debe atender con argumentos y
acciones concretas. En la era de la globalización han surgido nuevas formas de
opresión como la desigualdad digital, la discriminación algorítmica y las
injusticias climáticas. En este último elemento es necesario incorporar la
perspectiva ecológica que promueva la justicia ambiental y una ecología
profunda que reconozca el valor intrínseco de todos los seres vivos, incluyendo
el respeto a los animales cuyas vidas son vulneradas por las estructuras de
poder existentes y la interdependencia de todos los sistemas naturales. Aunado
a lo anterior, también se debe promover la solidaridad global de las luchas por
la justicia y la cooperación internacional para abordar los desafíos globales
como la pobreza, el hambre y el cambio climático. Otro desafío contemporáneo es
desarrollar marcos éticos en las nuevas tecnologías, las cuales han de estar al
servicio de la justicia y no ser utilizadas para perpetuar la desigualdad y la
opresión. También en relación con las nuevas tecnologías es necesario promover
la alfabetización digital para que todas las personas puedan participar
plenamente en la sociedad digital y defender sus derechos.
La ética de la liberación
guarda estrecha relación con la teología de la liberación por cuanto comparte
la preocupación por la justicia social y la opción preferencial por los pobres,
pero se enfoca más en la dimensión filosófica y ética que en la teológica. Es
decir, estas disciplinas comparten un interés común por comprender y
transformar las realidades sociales, políticas y económicas que generan
desigualdad y opresión. Al hacerlo, buscan construir sociedades más justas y
equitativas, donde todos los individuos tengan las mismas oportunidades de
desarrollo y bienestar. Esta preocupación lleva a la ética de la liberación a
abrazar el principio de alteridad, por lo que subraya la importancia del
reconocimiento del otro como sujeto ético. La alteridad, o la relación con el
otro, es fundamental para construir una ética que respete la dignidad y los
derechos de todos los individuos; sin embargo, el respeto por el otro como ser
humano cotidianamente es violentado por fenómenos espaciales a nivel planetario
que obligan a los seres humanos a reorientar sus vidas.
Esta situación hace que la
ética de la liberación busque no solo criticar el orden social existente, sino
también proponer alternativas que promuevan la justicia, la igualdad y la
inclusión, lo que implica una reestructuración profunda de las relaciones
económicas, políticas y culturales. Para ello, promueve el diálogo entre
culturas, reconociendo y valorando la diversidad cultural como una riqueza y no
como un obstáculo, por lo que la interculturalidad es vista como un medio para
superar el etnocentrismo y construir una ética verdaderamente universal.
En este orden de ideas,
este ensayo aporta al campo de la filosofía una visión descolonizadora del
pensamiento y reconoce que existen otras formas de crear conocimiento
transversalizado por la ética, cuestiona los fundamentos metafísicos que brinda
la filosofía occidental porque favorece a los poderes hegemónicos que están en
contra de la vida, promueve la acción transformadora por medio de la
vinculación de la teoría con la práctica y recomienda incluir en la agenda
ética temas contemporáneos poco abordados.
Finalmente, los aportes éticos
de Dussel y de otros pensadores latinoamericanos como Bautista y Hinkelammert han sido influyentes en diversos campos, incluyendo la
filosofía, la teología, la sociología y los estudios culturales, y han tenido
un impacto significativo en los movimientos sociales, en la lucha por los
derechos humanos y la justicia social en América Latina y en otras regiones del
mundo.
Formato de citación según
APA
Cortés-Campos, A. (2025). Ética de la
liberación: Reflexiones desde
Enrique Dussel. Revista Espiga, 24(49), 189-216.
Formato de citación según
Chicago-Deusto
Cortés-Campos, Alexánder. «Ética de la liberación: Reflexiones desde Enrique Dussel». Revista Espiga 24, n.°
49 (enero-junio 2025): 189-216.
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Ramaglia, Dante.
La cuestión de la filosofía latinoamericana. En Dussel, Enrique;
Mendieta, Eduardo y Bohórquez, Carmen (Editores). El pensamiento
filosófico latinoamericano, del Caribe y latino (1300-2000): historia,
corrientes, temas y filósofos. Ciudad de México: Siglo XXI, 2009.
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Carta de la Tierra. Morelia: Secretariado Nacional Carta de la Tierra, 2020.
http://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Cecadesu/Libros/202455.pdf
[1] Enrique Dussel, Filosofía
de la liberación (México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 2019), 187.
[2] El logos es una herramienta que se utiliza para analizar
las relaciones de poder y para construir un futuro más justo y equitativo,
debido a que desde las experiencias de los oprimidos se pueden pensar formas de
conocer y de relacionarse con los otros. El logos en la filosofía de la
liberación es un concepto teórico-práctico que procura orientar la liberación
de la cultura a partir de principios solidarios y de convivencia de los
pueblos. Desde sus principios se pretende pensar al otro como ser humano para
comprenderlo tanto de forma teórica como práctica. Por lo tanto, el logos se
debe comprender desde la teoría a partir del otro y desde la práctica en la
realidad concreta en la que se encuentra situado el otro. Es por medio de estas
dos vías que se pueden concretar proyectos solidarios y de convivencia que
conlleven a una praxis liberadora de las personas oprimidas. Para más
información confróntese a: Patricia González San Martín, La filosofía de la
liberación de Enrique Dussel. Una aproximación a partir de la formulación de la
analéctica, Revista Estudios de filosofía
práctica e historia de las ideas, vol. 16, núm., 2 (2014), 45-52.
https://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-94902014000200004&script=sci_arttext.
Juan Manuel Fontana, Para descolonizar el discurso filosófico: la analéctica de
Enrique Dussel. En Ezequiel Asprella, Santiago Liaudat y Valeria Fabiana Parra
(compiladores), Filosofar desde Nuestra
América. Liberación, alteridad y situacionalidad (La Plata: EDULP, 2021),
38-47.
https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/122104/Documento_completo.pdf-PDFA.pdf?sequence=1&isAllowed=y
[3] Dante Ramaglia, La cuestión de la filosofía latinoamericana. En Enrique Dussel; Eduardo Mendieta y Carmen Bohórquez
(Editores). El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y latino
(1300-2000): historia, corrientes, temas y filósofos (México D. F.: Siglo XXI, 2009), 377.
[4] Raúl Fornet-Betancourt, Hacia una transformación intercultural de la
filosofía. Ejercicios teóricos y prácticos de filosofía intercultural en el
contexto de la globalización (Barcelona: Ediciones digitales Aachen, 2020),
220.
https://eifi.one/onewebmedia/EIFI%20Transformaci%C3%B3n%20intercultural%20de%20la%20filosof%C3%ADa.pdf
[5] Enrique Dussel, Historia
de la filosofía latinoamericana y filosofía de la liberación (Buenos Aires,
CLACSO, 1994), 113-123.
https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/otros/20120422095648/HISTORIA.pdf
[6] Enrique Dussel, Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión
(Madrid: Trotta, 2009).
[7] Ibíd., 131.
[8] Franz Hinkelammert y Henry Mora, Hacia una economía para la vida: preludio a una reconstrucción de la economía (San José: Tecnológica de Costa Rica,
2008), 27.
[9] Secretaría de Medio
Ambiente y Recursos Naturales, Carta de
la Tierra (Morelia: Secretariado
Nacional Carta de la Tierra, 2020). http://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Cecadesu/Libros/202455.pdf
[10] Dussel, Ética de
la liberación…, 131.
[11] Enrique Dussel, La ética de la liberación. Ante el desafío de Apel, Taylor y Vattimo con respuesta crítica de K.
-O. Apel (México D. F.:
Universidad Autónoma del Estado de México, 1998), 11.
[12] Juan José Bautista, ¿Qué significa pensar desde América Latina? (Madrid: Akal, 2014), 38.
[13] Franz Hinkelammert, El sujeto y la ley. El retorno
del sujeto reprimido (Heredia: EUNA,
2003), 64-65.
[15] Enrique Dussel, Ética
del discurso y ética de la liberación (Madrid: Trotta, 2004), 115.
[16] Dussel, Ética
de la liberación…, 141.
[18] Dussel, Ética
de la liberación…, 167.
[20] Dussel, Ética
de la liberación…, 201.
[21] Juan José Bautista, Dialéctica del fetichismo de la modernidad (Bogotá: Teoría y Praxis, 2017),
35-36.
[23] Ibíd., 206.
[25] Ibíd., 205.
[26] Dussel, Ética del discurso y
ética…, 14.
[28] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía para la vida…, 56.
[29] Juan José Bautista, Hacia una crítica-ética de la racionalidad moderna (La Paz: Rincón,
2013), 69.
[31] Bautista, Dialéctica del
fetichismo…, 194-195.
[32] Dussel, La ética de la liberación…, 16-17.
[33] La palabra
«deóntica» proviene del griego deon que significa «deber», «lo que debe ser».
Por lo tanto, las condiciones deónticas son aquellas que deberían estar
presentes para que ocurra la liberación real, o sea la posibilidad para la
existencia libre de los sujetos oprimidos. Las condiciones deónticas son a la
vez éticas y prácticas, porque parten de las experiencias concretas de los
pueblos oprimidos, por lo que no se trata solo de enunciar principios, sino de
crear las bases materiales, políticas y culturales para que la liberación sea
efectiva. Confróntese a: Jairo Marcos, Liberación desde Enrique Dussel (y sus
críticas), Revista NuestrAmérica, vol.
7, núm. 1, (2019), 174-201, https://www.redalyc.org/journal/5519/551957774010/551957774010.pdf
[34] Dussel, Ética de la liberación…, 273-280.
[35] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía para la vida…, 56.
[37] Hinkelammert, El sujeto y la ley…, 240.
[38] Bautista, Hacia una crítica-ética…,
58.
[39] Dussel, Ética de la liberación…, 311.
[41] Hinkelammert y Mora, Hacia una economía para la vida…, 35.
[42] Dussel, Ética de la liberación…, 369-370.
[43] Ibíd., 369.
[45] Franz Hinkelammert, La vida o el capital: el grito del sujeto vivo y corporal frente a la ley
del mercado (Buenos Aires: CLACSO, 2017), 312.
[47] Bautista, Hacia una crítica-ética…,
142-144.
[49] Ibíd., 413.
[50] Franz Hinkelammert, Totalitarismo del mercado. El
mercado capitalista como ser supremo (México D. F.: Akal, 2019).
[51] Enrique Dussel, Hacia
una filosofía política crítica. (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2001), 355-356.
[56] Enrique
Dussel, Filosofías del sur,
descolonización y transmodernidad (México D. F.: Akal, 2015), 216.
[58] Ibíd., 558.
[59] Franz Hinkelammert, Solidaridad o suicidio colectivo
(San José: Arlekín, 2015).
[62] Hinkelammert
y Mora, Hacia una economía para la vida…, 49.
[63] La razón
instrumental es una forma de razonar que se centra en el uso de objetos para
alcanzar determinados objetivos, sin medir el impacto o las consecuencias que
puede producir. Aunque se presenta como una de las principales críticas a la modernidad
y a los sistemas de poder hegemónicos, se concibe como una forma de
racionalidad que ha sido instrumentalizada para justificar y perpetuar las
desigualdades sociales y la dominación. Para más información confróntese a:
Daniel Berisso, Implicaciones sociales y políticas de la ética de Enrique
Dussel, Revista Tendencias & Retos,
vol. 19, núm. 2 (2014), 77-90. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4924417. Oswaldo
Gómez Castañeda, Proximidad del cara-cara: la fe en el «otro», comienzo en
la crítica liberadora, Revista Analéctica,
vol. 4, núm. 26 (2018), 26-29.
https://www.analectica.org/index.php/inicio/article/view/188/751
[64] Dussel, Filosofías
del sur…, 216-217.
[65] Bautista, ¿Qué significa pensar...,
72-74.
[66] Juan José Bautista, Hacia la
descolonización de la ciencia social latinoamericana (La Paz: Rincón,
2012).
[67] Dussel, Historia de la filosofía latinoamericana…, 121-122.
[68] Dussel, Ética
de la liberación…, 568.
[69] Ibíd.