Año 24, n.o 49: enero - junio 2025
La realidad
histórica en Ignacio Ellacuría
Randall Carrera-Umaña
https://orcid.org/0000-0003-3986-4220
Doctor en
Filosofía por la Universidad de Granada, de España. Máster en Administración de
Proyectos por la Universidad para la Cooperación Internacional. Licenciado en
Filosofía por la Universidad Nacional, de Costa Rica. Profesor Asociado de la
Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica. Correo:
randall.carrera@ucr.ac.cr
Resumen
En este artículo
se propone como objetivo principal analizar desde una perspectiva filosófica la
categoría de realidad histórica propuesta por Ignacio Ellacuría. A nivel
metodológico se ha optado por una indagación de fuentes primarias, desde una
perspectiva hermenéutica que permita su interpretación y valoración. El
abordaje realizado permite concluir la necesidad de indagar en los fundamentos
zubirianos de la obra de Ellacuría, para conocer sus intenciones filosóficas.
Por ello, se parte del estudio
de algunas categorías de raigambre zubiriano, cuya explicitación es necesaria
para una plena asimilación de lo que significa la realidad histórica en la
filosofía de Ellacuría. Luego se realiza un análisis de algunas características
claves de la realidad histórica, con la finalidad de presentar una aclaración
conceptual. Desde esta investigación se demuestra que la realidad histórica es,
entre otros aspectos: apertura trascendental.
Palabras clave: filosofía. filosofía de la historia, metafísica.
Recibido: 2 de setiembre de 2024
Aceptado: 12 de marzo de 2025
The Historical Reality in Ignacio Ellacuría
Abstract
The main objective of this study is to analyze, from a philosophical
perspective, the category of historical reality as proposed by Ignacio Ellacuría. Methodologically, a primary source investigation
has been chosen from a hermeneutic perspective that allows for its
interpretation and evaluation. The approach taken leads to the conclusion that
it is necessary to investigate the Zubirian
foundations of Ellacuría’s work to understand his
philosophical intentions. Therefore, the study begins with an examination of
certain categories rooted in Zubiri’s thought, whose clarification is necessary
for a full understanding of what historical reality means in Ellacuría’s philosophy. Then, an analysis of some key
characteristics of historical reality is carried out to present a conceptual
clarification. This research demonstrates that historical reality is, among
other aspects, a transcendental openness.
Keywords: Metaphysics, philosophy, philosophy of history.
La réalité historique chez Ignacio Ellacuría
Résumé
Cette
étude a pour objectif principal d’analyser, d’un point de vue
philosophique, la catégorie
de réalité historique telle qu’elle est
proposée par Ignacio Ellacuría. Sur le plan méthodologique, l’approche adoptée repose sur l’examen de sources primaires, dans une perspective herméneutique permettant leur interprétation et leur évaluation. Cette démarche conduit à mettre en évidence la nécessité d’examiner les fondements zubiriens de l’œuvre d’Ellacuría, afin de mieux cerner ses intentions philosophiques. L’analyse débute ainsi par l’étude de certaines catégories d’inspiration zubirienne, dont l’explicitation s’avère essentielle pour une compréhension approfondie de la signification
de la réalité historique dans la pensée d’Ellacuría. L’étude se poursuit par une analyse de plusieurs caractéristiques clés de cette réalité,
en vue d’une clarification conceptuelle. La recherche met en lumière que la réalité historique constitue, entre autres aspects, une ouverture transcendantale.
Mots-clés: philosophie,
philosophie de l’histoire, métaphysique.
Introducción
En este artículo se
plantea un abordaje de la categoría filosófica más relevante de Ignacio
Ellacuría (1930-1989): la realidad histórica, la cual es de gran importancia
para la comprensión de su proyecto de construir una filosofía liberadora acorde
a la realidad latinoamericana[1]. El problema de
investigación planteado, gira en torno a la siguiente interrogante: ¿Qué es la
realidad histórica en Ignacio Ellacuría y cómo incide en su proyecto filosófico?
Aspectos
biográficos fundamentales
Es importante
tener en cuenta que Ignacio Ellacuría, nacido en Portugalete, España, fue
miembro de la Compañía de Jesús[2], al iniciar su formación
se ofreció como voluntario para inaugurar el noviciado de la Viceprovincia
Centroamericana de El Salvador, específicamente en la ciudad de Santa Tecla.
Este período significó para Ellacuría su primer encuentro con la realidad latinoamericana,
y en particular con la centroamericana, presente en este país: una población
marcada por una historia de desigualdades y exclusión. Esta coyuntura
particular, llevó a Ellacuría a plantearse una discusión crítica con las
estructuras religiosas tradicionales europeas, para aproximarse al contexto
social y político desde una visión más cercana a sus problemáticas[3].
Luego de estancias
de formación en el Ecuador e Innsbruck (Austria), Ellacuría regresa a El
Salvador, para formar parte del cuerpo docente de la recién formada Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Luego de algunos años asume la
rectoría de dicha casa de estudios, orientándola hacia una clara denuncia de
las injusticias estructurales experimentadas en este país centroamericano.
Víctor Codina, citado por José Sols, al analizar la
posición política de Ellacuría afirma que «su ideal de Universidad era formar
profesionales, que imbuidos de la pasión por la justicia, fuesen capaces de
trabajar por el pueblo y cambiar la sociedad (…) Ellacuría desde el rectorado
dirigía la Universidad y estaba presente en todos los acontecimientos del país»[4].
Su posición
crítica y actitud de denuncia lo llevaron a ser asesinado el 16 de noviembre de
1989, junto a sus compañeros jesuitas en las instalaciones de la UCA, por parte
de las fuerzas especializadas del ejército salvadoreño[5].
Para comprender la
preocupación de Ellacuría por adentrarse en la realidad y sus diversas
estructuras es clave explicitar su vínculo académico y filial con el filósofo
español Xavier Zubiri (1898-1983). La génesis de la relación con Zubiri se
gestó ante la solicitud de Ellacuría de realizar su tesis doctoral en torno a
su pensamiento, el cual se encontraba iniciando su etapa de madurez intelectual
a través de la publicación Sobre la esencia[6]. La lectura de esta obra
le permitió a Ellacuría visualizar en Zubiri un pensamiento original y apto
para generar nuevos escenarios de reflexión filosófica, capaz de vencer los
errores en los que había caído la filosofía tradicional.
Comprende que
Zubiri se encontraba gestando un pensamiento original, orientado, en ese
momento, por una clara primariedad de la realidad,
tal como lo menciona el mismo Ellacuría, al sistematizar las conversaciones
personales desarrolladas con su maestro: «a lo largo de toda la conversación
recalcaba esta orientación hacia un trabajo llevado por la exigencia de la
realidad y del curso del pensamiento»[7]. Ellacuría asume de Zubiri
su preocupación por la realidad y la historia, propone la categoría de realidad
histórica, la cual si bien es cierto es original de su mentor[8], se convierte en uno de
los ejes fundamentales de su propuesta filosófica.
Diversas
aproximaciones a la realidad histórica.
Es importante
mencionar que la realidad histórica ha sido abordada en diversas ocasiones por
los principales comentaristas de la obra ellacuriana. Por ejemplo, para Antonio
González, esta categoría alude a la ultimidad de la realidad y al horizonte en
que se desarrolla la filosofía de Ellacuría[9], como el ámbito de total
concreción que revela la totalidad de la realidad[10], mientras para Héctor
Samour la realidad histórica es el grado de realidad superior, que engloba las
demás realidades, y es donde estas adquieren su concreción final[11].
Por su parte,
Marcela Brito enfatiza el papel que cumplen las posibilidades en la realidad
histórica, como el punto de apertura de la trascendencia y dinamismo posibilitante de la praxis liberadora[12]. Desde su perspectiva,
esta categoría es la expresión más radical de la metafísica ellacuriana,
posibilitando en su dar de sí, tanto una teología de la liberación, como una
filosofía de la historia de carácter crítico y liberador. Cabe mencionar que
para José Manuel Romero Cuevas, esta noción refleja la originalidad del
pensamiento de Ellacuría, al concebirla como objeto de la filosofía y elemento
clave para la comprensión del papel metafísico otorgado a la praxis[13].
La interpretación
realizada por estos autores es correcta, con la particularidad, a diferencia de
otros comentaristas, que analizan los textos de Ellacuría relacionados con la
obra de su maestro Zubiri. Sin embargo, debemos mencionar que este aspecto
implica una gran dificultad para los no conocedores de la obra del filósofo
vasco, la cual no es sencilla debido a la originalidad de su metafísica y
antropología. Por esta razón es clave plantear una estructura que permita en un
primer momento conocer la visión de ambos autores en torno a la historia, para
luego, de manera gradual realizar una aproximación a algunas de las
características y rasgos clave de la realidad histórica, para finalizar con su
profundización conceptual.
Metodología
Metodológicamente se optó por un tipo de
estudio de carácter exploratorio que
permita un acercamiento directo a las fuentes primarias, en las cuales
se encuentran los escritos editados por la UCA[14].
Aspecto que implicó una revisión general del corpus ellacuriano, para luego
sistematizar y analizar los textos relacionados con la realidad histórica y sus
implicaciones en la filosofía de la liberación.
Las fuentes secundarias corresponden a los
principales comentaristas de la obra filosófica de Ellacuría, los cuales han
sido utilizados para la aclaración y explicitación de algunas tesis
ellacurianas. Este proceso se realizó no solo a través de la revisión crítica
de la literatura y su respectiva clasificación por medio de técnicas propias
del análisis documental, como fichas y esquemas, sino a través del diálogo
personal con cada uno de los especialistas, con los cuales existió un contacto
directo a través de las diferentes actividades académicas internacionales[15].
El análisis documental realizado es fruto
de un proceso estructurado en tres etapas: la lectura previa de los comentarios
a la obra de Ellacuría, la lectura directa de las fuentes ellacurianas y la
contrastación de la síntesis personal con las fuentes secundarias, con miras a
la construcción de una posición personal respecto a la importancia de la
realidad histórica en el proyecto ellacuriano.
Resultados y discusión
Este apartado se estructura en tres
momentos concretos. Se parte de la explicitación de algunos elementos claves
para comprender el pensamiento, tanto de Zubiri como de Ellacuría en torno a la
historia, se analizan de manera particular su estructuralidad,
impersonalidad y subjetualidad. La explicitación de
estas categorías permitirá una mayor comprensión de la noción de realidad
histórica trazada por Ellacuría, a partir del estudio de sus principales
características: sentido y apertura trascendental; proceso trascendental de
capacitación, proceso de totalización y su revelación en acto.
Elementos claves
de la historia según Zubiri y Ellacuría
El
tema de la historia fue una de las temáticas que acompañó a Zubiri desde los
inicios de su labor filosófica, a partir de estudios recopilados en obras que
recorren tanto su etapa fenomenológica como la metafísica[16]. Llama la atención que desde Naturaleza,
Historia, Dios, Zubiri se aleja de las tesis tradicionales de la historia,
pues no comparte las perspectivas que ven al pasado como algo que ya pasó, o
que se conserva de manera enigmática. Desde su punto de vista, estas posiciones
no llegan a lo realmente histórico en la naturaleza humana, pues la historia no
puede limitarse a la mera realización de actos humanos, debido a que «la
historia no está tejida de hechos, sino de sucesos y acontecimientos»[17].
Además,
Zubiri enfatiza que la historia no se limita a aspectos de orden teleológico, ni
se encuentra orientada por fines y metas establecidas de antemano, sino que es
recibida en transmisión tradente, es decir en la entrega de un conjunto de
posibilidades en la que la persona debe realizar su opción De ahí la
importancia de su distinción entre la historia modal y la dimensional, la
primera, tal como lo afirma en La dimensión histórica del ser humano
afecta al individuo inserto en un cuerpo social de manera impersonal, a través
de la tradición, en esta perspectiva no habría espacio para la biografía
personal. Mientras que la segunda incluye el ámbito entero de la prospectividad
tradente, tanto en sus modos personales como impersonales[18], lo cual refleja la historicidad propia del
ser humano. De acuerdo con Oscar Barroso esta distinción evidencia la
preocupación de Zubiri, no por abordar la generalidad de la historia, sino que
su interés radica en la historia fundada en la historicidad[19].
Ellacuría
asume esta distinción zubiriana, ya que «la historia, en efecto, es dicho en
primera aproximación, lo que le sucede a la humanidad, al género humano, a la
especie humana»[20], es decir, lo que queda luego de que las
acciones humanas experimentan un proceso de impersonalización en el contexto de
un colectivo social. Sin embargo, muestra su interés, al igual que su maestro,
en el análisis de la incidencia de esta categoría en el individuo concreto,
desde el ser humano que no queda configurado de forma impersonal por la
tradición, dando espacio de alguna manera al aporte de su biografía.
Desde
esta perspectiva dimensional, Ellacuría afirma:
Si
por la historia entendemos el ámbito entero de la prospectividad tradente y
prescindimos del sujeto principal de esta tradición para atenernos sólo al modo
como esa tradición puede ser recibida, también cae dentro de la historia, no ya
la historia biográfica, que cae de pleno derecho, aunque de modo derivado, sino
incluso en la biografía personal.[21]
Significa
que Ellacuría avizora aspectos importantes que facilitan la inclusión de la
biografía personal en el concepto de historia, ya que, desde su punto de vista,
de algún modo la actualización de posibilidades se relaciona de manera directa
con esta.
Es
por ello que en su propuesta filosófica la historia se concibe como conjunto de
acontecimientos, en la que no se desestima el uso de las potencias humanas,
sino que estas son asumidas en un esquema más amplio, que implica en el
ejercicio de la libertad. De ahí el papel que cumplen las posibilidades las
cuales son actualizadas por decisión personal, esta actualización de
posibilidades que constituye la historicidad humana se encuentra en vinculación
directa con las situaciones en las que el ser humano se encuentra inserto. «La
situación es por lo pronto, la radical condición para que puedan haber cosas
para el hombre, y para que las cosas descubran al hombre sus potencias, y
ofrezcan sus posibilidades»[22].
En
este gran marco de apertura u obturación de posibilidades que constituye la
historicidad humana, cobran relevancia tres aspectos claves de la historia: su estructuralidad, impersonalidad y subjetualidad,
tal como se detalla a continuación.
Estructuralidad
En términos de Zubiri, las diversas
sustantividades y por ende la realidad, han de comprenderse como un sistema, es
decir, un compuesto de notas vinculadas entre sí, desde su perspectiva «un
sistema pues, es una unidad primaria en las que las distintas notas formales
están en una clausura cíclica, determinadas unas por otras posicionalmente»[23].
De esta manera lo estructural se vincula de manera directa con las propiedades
del sistema, cuya primariedad compete a su unidad
esencial[24].
Con lo que se refiere a una visión de la totalidad que es más que la simple
suma de las partes, al tratarse de un constructo de notas co-determinadas entre
sí, en clausura cíclica.
En este marco, señala Ellacuría que la primariedad le compete a la unidad, abriendo espacio a la
existencia de subsistemas conformados por notas, tanto fundadas como
infundadas. Por ello, «una nota es también lo que son las otras y desde luego
lo que es el todo»[25],
con lo que puede afirmarse que las notas son de índole dinámica, de forma que
unas partes determinan a otras, pero dejando claro que reciben su ultimidad del
todo que conforma la estructura.
Ellacuría asume estos presupuestos
metafísicos de la realidad y los aplica a la historia; afirma que «se trata de
una totalización estructural, en la que la unidad de la estructura implica la
diversidad de elementos estructurales y la posición de cada uno de ellos tanto
estática como dinámicamente».[26]
Puede hablarse entonces de una visión de la historia considerada por Ellacuría
como un proceso real y englobante de la realidad humana, visualizada de manera
estructural y personal[27].
Para Ellacuría, lo impersonal es abordado
en dos ámbitos: el social y el histórico, la aclaración del primero, facilitará
la comprensión del segundo, tal como se detalla a continuación.
En la segunda lección del curso Tres
dimensiones del ser humano, individual, social, histórica, dictado en 1974,
abocada al estudio de la dimensión social, Zubiri dedicó parte de su estudio a
lo relacionado a su impersonalidad. Desde su perspectiva, es necesario
distinguir dos momentos claves de las acciones humanas: las acciones de la vida
personal, visualizadas como modos de posesión, o momentos propios del dinamismo
de la suidad y las acciones dadas en la persona o que tienen lugar en ella[28].
Las primeras aluden a momentos de la vida personal, mientras que las segundas
corresponden a acciones que no pueden considerarse como personales, las cuales
son las claves de la impersonalidad.
De esta forma, lo impersonal se presenta
como un modo de la persona, concibiéndose como una reducción, en la que los
actos personales quedan en suspenso. Un ejemplo de esta impersonalización se da
en la alteridad, en la cual se es persona en tanto que otras, permitiendo la
convivencia impersonal, tal como sucede en la sociedad. «La sociedad es
constitutivamente impersonal en alteridad»[29],
como una forma restringida de convivencia.
En esta impersonalidad de lo social, Zubiri
ya había afirmado que una persona es sustituible por otras, ya que por basarse
en la alteridad se conserva la estructura, aunque varíen las personas. De modo
que el dinamismo de despersonalización que se realiza en la sociedad encuentra
en la publicidad su carácter de encuentro, por lo que en la habitud de
alteridad la despersonalización puede considerarse como un dinamismo de
comunicación[30].
Ellacuría ofrece una interpretación
particular de esta impersonalidad, su análisis parte de las acciones que son de
la persona, las cuales nunca deben verse como personales, pues solo se dan en
ella pero no le pertenecen. «Lo personal reducido a ser de la persona: he aquí
la esencia de lo impersonal».[31]
Esta idea es fundamental, aunque tiene claro que la sociedad se funda en la
animalidad de la especie y que la versión específica es personal, afirma que lo
social no elimina lo personal, sino que lo modula y complejiza.
Esto implica que en la persona se den
diversos grados de reducción de lo personal, en el que predomina lo natural
sobre lo opcional, pues se trata acciones de la persona, ya que no actualizan
formalmente su suidad. Coincide con Zubiri en que se trata de una reducción a
la alteridad, sin espacio para la cosificación, debido a que la reducción
social apunta a la alteridad y comunicación no personal de la alteridad con los
otros. En la que son vistos como desempeñadores de
una función, ya que el otro aparece con toda su individualidad como un elemento
social, donde se comprende que una persona pueda ser sustituida por otra,
permitiendo la conservación de la estructura social.
Para Ellacuría
esto tiene sentido, porque la versión es a los miembros de la especie, que se
actualiza en un haber humano en el que todos los miembros están presentes, pero
de manera diferenciada. Por tanto, la impersonalización se guía por camino de
la alteridad y no de la personalización.
El estudio de la
impersonalidad, de lo social, facilita el paso a la comprensión de la
impersonalidad de la historia. Previamente Zubiri había apuntado a que la
historia marcha en un proceso de apropiación de posibilidades[32], las cuales penden de una opción y no de una simple
potencia. En esta línea, Ellacuría señala que la historia afecta a los
individuos, pero sin identificarse con ellos, al no limitarse a ser pura
naturaleza, pero tampoco libertad total, aspecto que apela directamente a su
impersonalidad[33]. Ya que lo personal queda reducido a lo impersonal,
donde las personas siguen siendo importantes, pero en un plano diferente, por
lo que la historia no se ubica por encima de los sujetos, sino debajo, como
resultado de un proceso de impersonalización.
Por tanto, la
razón por la que la historia es social no es la misma por la que es biográfica,
pues si bien es cierto puede hablarse de una intervención del individuo en su
papel de agente, actor y autor, no debe olvidarse que su acción se encuentra
incursa en la historia social[34]. Significa que las apropiaciones si bien son
de gran importancia, no son el todo de la historia, pues no se dan en total
libertad, sino en un contexto y situación concreta, lo que implica que el
individuo se encuentra inmerso en diversos factores que acompañan su historia.
Tal como lo indica Ellacuría, una cosa es que el sujeto, ubicado en una
coyuntura particular, realice una apropiación personal y otra diferente, es que
de él penda la transformación del sistema de posibilidades de un determinado
momento del cuerpo social[35], pues la historia pasa por los individuos, pero
diferenciándose al mismo tiempo de ellos.
De acuerdo con
Brito, «el individuo solo interviene históricamente cuando su acción pasa a ser
social. La refluencia de lo social en lo individual es personalización, pero la
influencia de lo personal en lo histórico es socialización»[36]. Ya que al quedar lo personal reducido a lo
impersonal, puede afirmarse que son las personas las que hacen la historia,
pues, aunque el carácter impersonal no se limita personal, al presentarse como
ajeno, posee una relación directa con la persona, al ser su lugar de
absolutización, manifestando su carácter cuasi-creador. De manera que si la
historia absorbe a las personas deja de ser en sí misma historia, ya que en su
impersonalidad las capacita para su realización[37].
Estos
presupuestos cobran un carácter propedéutico para comprender la subjetualidad
de la historia planteado por Ellacuría.
Los elementos anteriores favorecen la realización de un análisis en
torno a la posición de Ellacuría, respecto de la existencia de un sujeto de la
historia, pues por ser la realidad
histórica de índole estructural, es posible hablar de un principio subjetivo
estructural en la historia, el cual no se identifica con un sujeto de la
estructura, ya que para Ellacuría, este
aspecto no anula los elementos subjetivos, al abrir paso a un pluralismo
cualitativo en el que «se acepta la existencia de elementos subjetivos como
soporte de las relaciones y aun como elemento estructural»[38].
Esto significa que el hecho de que las partes que conforman la estructura
reciban su ultimidad del todo, no anula la existencia de elementos de orden
subjetivo dentro del sistema estructural.
Es importante recordar que para Ellacuría
lo histórico se relaciona con el sistema de posibilidades, cuya actualización,
tanto proyectiva como opcional, implican la presencia y actuación de un sujeto,
«el sujeto tiene que ver con el dar poder a una posibilidad y con el
incrementar las posibilidades históricas»[39].
Razón por la que Ellacuría se cuestiona sobre si las posibilidades históricas
exigen un sujeto histórico, interrogante que implica tomar en cuenta que solamente pueden ser asumidas como
posibilidades históricas aquellas que se
encuentren integradas de manera real en
el proceso histórico, es decir incardinadas en condiciones materiales de la
historia, por tanto sin las debidas condiciones y condicionamientos materiales
no es posible hablar de historia, ya que al materializarse se convierten en
realidad.
Esto lleva a Ellacuría a expresar que, si
bien es cierto que en la historia suceden cosas sin la intervención de una
subjetualidad, para el desarrollo de las posibilidades reales la presencia de
un sujeto es decisiva. «La posibilidad histórica es tal también respecto de una
realización en la que el sujeto no solo es requerido como agente, sino como
activador creativo»[40],
por tal razón, Ellacuría propone una unidad entre las condiciones objetivas y
subjetivas en la historia, las cuales pueden condicionar las objetividades
históricas. Todas estas categorías serán claves en la construcción de la
realidad histórica de Ellacuría.
Hacia una comprensión de la noción de realidad
histórica
Ellacuría toma los
elementos analizados infra y los coloca en una interacción directa con el
contexto centroamericano en el que se encuentra inserto como rector de la UCA. De
esta manera, categorías propias de la historia zubiriana, como las
posibilidades, la libertad, la estructuralidad,
impersonalidad y su subjetualidad, además de otras como el dinamismo de lo real
se vinculan de manera directa con aspectos específicos de la conyuntura política, económica y social de la década de
1980 en Centroamérica. Es por ello que, a través de la apropiación de una
metafísica y lenguaje de corte zubiriano, Ellacuría propone la categoría de
realidad histórica como fundamento de la actividad filosófica y política. No se
trata ya de la unión de la realidad y la historia, sino de su radicalización[41], consiste en tomar tesis
abstractas sobre la realidad y la historia como fundamentos de un proyecto
filosófico ligado al contexto latinoamericano.
Sin embargo,
comprender la profundidad de esta noción no es una tarea sencilla, dada la
complejidad de la metafísica intramundana trazada por Zubiri, de ahí la
importancia del estudio previo de los elementos de la historia. Cabe mencionar
que para Ellacuría, la historia es el envolvente de la realidad, de forma que
la conocemos a través de los aspectos históricos, pero sin identificar la
realidad histórica con lo que pasa o acontece en la historia cotidiana. Es una
visión de historia basada en la historicidad humana, evidenciada en el acto
libre de la apropiación de posibilidades y enriquecida con una mirada
metafísica.
Con el objetivo de
comprender de forma gradual las implicaciones filosóficas de lo que significa
la realidad histórica, se realizará un rodeo por algunas de sus características
o rasgos claves, las cuales permitirán
analizar a profundidad su conceptualización.
Características de
la realidad histórica
Este estudio
centra su atención en cinco características fundamentales de la realidad
histórica, las cuales, tal como se ha mencionado, se construyen desde los
presupuestos de la metafísica de su maestro, facilitando una mayor comprensión
de su conceptualización.
La realidad histórica posee sentido y apertura trascendental
Para Ellacuría es
posible saber lo que pasa en la historia y su respectivo significado, a partir
de una explicación metafísica de la realidad histórica en cuanto tal[42], más allá de la simple
conexión de acontecimientos, sino desde la estructura misma de la historia y
del proceso histórico visualizado como una totalidad real. Esto significa ir
más allá de la pregunta en torno hacia dónde va la historia, para comprender lo
qué significa en realidad y no visualizarla como una simple interpretación de
los acontecimientos sucedidos[43].
Unido a lo
anterior, uno de los rasgos más relevantes de la realidad histórica es su
pertenencia al orden trascendental, alude a que la historia es el lugar
metafísico por excelencia, en el que el orden trascendental se constituye y va
dando más de sí[44].
Por lo tanto, es el espacio de realización de la realidad, donde esta no solo
se manifiesta, sino donde se hace, es decir donde se realiza mientras se
manifiesta y se manifiesta haciéndose[45].
Esto implica ver
la historia más allá de la narración de vicisitudes históricas, para
aproximarse a ella de manera filosófica, con la finalidad de comprender el
verdadero sentido de la realidad histórica. «La realidad física y metafísica
del proceso histórico en cuanto tal y no la determinación de las cosas
concretas que suceden en este proceso»[46], se trata entonces de
precisar lo que está ocurriendo metafísicamente en el proceso creacional de
capacidades.
Quiere decir que
Ellacuría propone el descubrimiento y análisis de la función trascendental de
la historia, en razón de que «al ser la historia, la realidad histórica un modo
propio de realidad, su peculiaridad de proceso histórico ha de hacer algo de esa
realidad»[47].
De manera que se visualice la historia como el punto de partida y el referente
para comprender que el orden trascendental de la realidad histórica es abierto,
aspecto que no excluye los elementos de orden talitativo, sino que los asume en
una clara unidad[48].
En otras palabras, es la preocupación por la realidad total de la historia.
Este sentido
metafísico de la historia, buscado desde la función trascendental del proceso
histórico, permite comprenderla como una unidad histórica de los
individuos y de las realidades que se encuentran en curso[49]. En este plano las
personas cumplen un papel fundamental a través de la apropiación opcional de
posibilidades, marcando el transcurso histórico y evitando de este modo que se
trate un simple proceso de orden natural. Por ello, esta apertura implica que no
pueda ser determinado conceptualmente, al ser el resultado de lo que ocurre en
la realidad, de lo que vayan siendo las cosas reales en su transcurso
histórico. Significa que «la realidad es dinámica desde sí misma y por sí
misma; en razón de este dinamismo va dando de sí y en este dar de sí es como
van apareciendo nuevas formas de realidad»[50].
En otras palabras,
«lo que hace la filosofía es conceptuar, por qué una realidad es más realidad
que otra y por qué ese proceso es un proceso de realización y no solo de
surgimiento de realidades nuevas y superiores»[51], por lo que es válido
afirmar que desde la apertura trascendental debe hablarse de más o menos
realidad, ya que los procesos históricos abren paso a nuevas formas de
realidad, procesos en lo que la realidad va dando más de sí.
De esta manera, el
orden trascendental es un orden histórico o en otras palabras, la historia
pertenece al orden trascendental, al darse una reduplicación en ella de dicho
ámbito. Esto significa que sus límites no son determinables de antemano, ya que
el proceso indefinido de capacitación permite posibilidades cada vez mayores,
dándose lo que Ellacuría denomina como una refluencia de enriquecimiento,
debido a que «la realidad abierta de la persona fundamenta la realidad abierta
de la historia»[52].
La realidad histórica es un proceso trascendental de capacitación
A partir de la
apertura trascendental explicitada en los parágrafos previos, Ellacuría centra
su atención en el proceso de capacitación, debido a que en la realidad
histórica adquiere una dimensión metafísica, permitiendo la realización de las
personas. «En este sentido, la historia es un proceso de personalización, a
pesar de ser ella misma impersonal»[53], visto que solo desde la
historia es posible la creación de capacidades, concebidas como un
acrecentamiento que permitirá la transformación del ser humano, como creador de
sus propias capacidades en referencia directa a las posibilidades ofrecidas por
el cuerpo social. Por ello coincidimos con José Mora Galiana al afirmar que «la
capacitación, al igual que la potenciación y la posibilitación, son categorías
no solo antropológicas, sino metafísicas»[54].
Este
enriquecimiento de capacidades concebido como realización personal es la clave
para que el proceso histórico no se desarrolle de manera unívoca[55], sino a partir de la
situación real y particular de las personas. Por tanto, solamente desde el
sistema de posibilidades se puede humanizar a la humanidad, de forma que «nunca
es más absoluto el hombre que cuando no solo determina su ser propio frente al
todo de la realidad, sino que de una u otra forma crea sus propias capacidades
en referencia a las posibilidades que le son ofrecidas»[56].
Estas tesis llevan
a Ellacuría a afirmar que el proceso de capacitación realizado en la historia
es también propio del orden trascendental, comprendido también como principio
de personalización, ya que el enriquecimiento de capacidades corresponde a una
realización más plena de la persona[57]. Pues solamente desde la
historia es posible el crecimiento de capacidades, quiere decir que con la
persona se deja de lado la evolución para dar paso a la historia,
ofreciéndosele nuevas formas y principios de personalización, por lo que al
hombre de hoy se le ofrecen formas superiores de personalización, como un
proceso de liberación, que permite ir más allá de las necesidades naturales,
hacia verdaderas posibilidades de crecimiento en libertad real, dando paso a
diferentes modos de humanidad.
La realidad histórica es proceso de totalización
Las
características citadas infra dan paso a la comprensión uno de los elementos
fundamentales de la realidad histórica, al ubicar el análisis en una
perspectiva y sentido metafísico. De modo que es en la historia donde la
realidad se totaliza, por lo que se puede hablar de una totalización histórica
de la realidad, de acuerdo con Ellacuría esto se debe a una mundanidad
histórica que unifica los diversos cosmos históricos[58].
Desde el ámbito
trascendental, la realidad histórica se concibe como un proceso gigantesco de
realización, presentándose en su respectividad como el todo de lo real, en una
clara unidad dinámica. Es desde estos
parámetros donde debe comprenderse el sentido de la historia, como una
culminación de la apertura propia del orden trascendental[59] que permite su historia.
Este carácter
presenta una doble totalidad de la realidad; por un lado, es un nuevo principio
de totalización, es decir, una unidad novedosa de una única historia que
constituye un nuevo principio de totalización y responde a una nueva historia,
donde la realidad recibe una actualización de su propia talidad convirtiéndola
en un único sistema de posibilidades[60], mientras por otro, es
también una totalización real de algo que ocurre en la realidad, dada su
respectividad de esencia abierta, se trata entonces de una unidad histórica de
esencias abiertas debido a que «esta totalización que nace de una mayor unidad
real lleva también a una mayor unidad. La historia es en este aspecto, un
proceso de unificación, en la cual todos los hombres unitariamente disponen de
un mismo mundo histórico y son configurados unitariamente por este mundo
histórico»[61].
Estos presupuestos
coadyuvan a la comprensión las intenciones de Ellacuría plasmadas en El
objeto de la filosofía, al referirse al todo de la realidad dinámicamente
considerado como objeto último de la actividad filosófica, el cual mantiene la
unidad entre los diferentes elementos que componen la realidad histórica,
unificando tanto lo material como lo formal, por medio de una metafísica
intramundana que presenta un carácter englobante y totalizador[62]. Razón por la que se
entiende que la filosofía deba estudiar la totalidad de la realidad en su
unidad más englobante y manifestativa. Esto facilita afirmar que «la realidad
histórica es, a juicio de Ellacuría el objeto que mejor puede abarcar,
sistemática e intelectivamente, todos los dinamismos y formas de la realidad
que comprende la realidad como unidad total»[63].
Es importante
tomar en cuenta que, aunque en lo talitativo sea problemático establecer su
unidad, dada su amplia diversidad, trascendentalmente hablando se trata de un
proceso de unificación de la realidad. Una unificación de orden estructural que
no anula las diferencias, sino que las integra, donde sus formas talitativas no
se encuentran prefijadas de antemano, sino que, tal como ya se ha adelantado,
penden de las opciones humanas y sus respectivos dinamismos[64].
La realidad histórica es revelación en acto
Para Ellacuría, la
historia es revelación y nunca desvelación, dado que consiste en una
manifestación de la realidad en dos sentidos concretos: el primero alude a que
la realidad va dando más de sí, haciéndose cada vez más real; mientras que el
segundo implica que la realidad se actualiza como bondad, belleza y verdad, en
un sistema de posibilidades. «Lo que se revela, entonces, es la realidad misma,
la riqueza y el poder de la realidad, desde donde el hombre va haciéndose a sí
mismo y va haciendo el poder de hacerse a sí mismo»[65].
Por tanto,
solamente en la historia se revela de forma total lo que es el hombre y la
realidad misma, ya que la realidad va dando más de sí y por medio del
acrecentamiento de sus capacidades también el hombre se hace más real.
Ellacuría enfatiza que lo que se revela es la realidad que se va realizando,
manifestándose en todo lo que hay, pero revelándose en el hacer histórico, pues
al convertirse en historia la realidad da más de sí. Significa que en la
historia se revela tanto el poder y riqueza de la realidad, así como el hombre
mismo, el cual se hace más real en su proceso de capacidades.
Desde esta
revelación en acto, se puede argumentar que talitativamente
la historia puede poseer muchos sentidos, pues factualmente suceden muchas
cosas en la historia, pero desde una perspectiva metafísica, en lo histórico el
esfuerzo humano puede dar pie a un sentido de la historia, que le permite
construir su realidad personal, social e histórica.
Conceptualización de
la realidad histórica
El estudio de las
principales características de la realidad histórica permiten precisar una
conceptualización de esta noción, la cual tal como se ha adelantado no es de
fácil comprensión.
En El objeto de
la filosofía Ellacuría esboza con cierta precisión una clarificación de
realidad histórica, conceptualizándola como la ultimidad a la que la filosofía
debe dedicar su estudio, enfatizando su carácter englobante y totalizador como
manifestación suprema de la realidad. En sus términos, se trata de la totalidad
de la realidad intramundana, la cual es dinámica, estructural y dialéctica y
que se ha ido haciendo de manera gradual en lo que podría denominarse un
incremento de realidad, de modo que «a ese último estadio de la realidad, en el
cual se hacen presentes todos los demás, es al que llamamos realidad histórica»[66].
En este texto
Ellacuría afirma que la realidad es dinámica, sistemática y estructural, por lo
que su totalidad forma una unidad física y dinámica, además, de que debe
comprenderse como un proceso de realización en el que las formas más altas
retienen y elevan a las anteriores, de manera que lo que ya era es elevado a
nuevas formas de realidad. Por lo tanto, el término realidad histórica alude a
una visión plena e integral de la realidad y que engloba aspectos que van desde
los componentes materiales, temporales, personales y sociales hasta los
formales[67].
Cabe mencionar que
el contenido de este texto deja claro un aspecto de orden fundamental, al
especificar que la realidad histórica no coincide con lo que pasa en la
historia, aludiendo a una formalidad mayor que supera los simples contenidos
históricos. En este sentido, el concepto zubiriano de historia no es suficiente
para explicar el dinamismo envolvente de toda forma de lo real, por tanto, la
reflexión de Ellacuría apunta a algo más pleno y englobante[68], ya que es donde la
realidad es más realidad, al mostrar sus más ricas posibilidades y
virtualidades, englobando todo otro tipo de realidad, tanto material como
biológica o social[69]. Es decir, es donde la
realidad es más suya y abierta[70], por lo que no se limita
a la historia, sino que, y en esto radica lo fundamental de la perspectiva de
Ellacuría, la atiende de manera metafísica, haciendo alusión directa a lo que
pasa en la realidad cuando entra en contacto con el hombre, la sociedad y la
historia misma.
De esta manera la
historia, comprendida desde estos criterios, se convierte en el campo abierto
de las máximas posibilidades de la realidad, «no la historia simplemente sino
la realidad histórica, lo cual significa que se toma lo histórico como ámbito
más que como contenidos históricos»[71]. Por tanto, la realidad
histórica ha de comprenderse como la totalidad de la realidad en su forma
cualitativa más alta, cuya manifestación más específica se da en la historia
misma.
Dando un paso más,
es necesario mencionar que ya desde 1966 el filósofo vasco-salvadoreño
enfatizaba que el hombre mismo es realidad histórica, no por el transcurrir que
se da en la historia, «sino porque él mismo, como realidad personal es
principio necesario de que su vida personal sea histórica en la actualización,
por decisión de las posibilidades que lo son ofrecidas o que él crea»[72]. Con lo que facilita una
noción de realidad histórica ligada al ámbito de acción del ser humano, a
partir de una constante actualización de su marco de posibilidades por medio de
las opciones personales.
Cabe mencionar que
tal como lo han mencionado autores como González[73] y Samour[74], la realidad histórica planteada por
Ellacuría, permite afirmar que su pensamiento se distancia de las tesis
planteadas por las filosofías tradicionales de la historia. En las cuales se
vislumbra una orientación de orden teleológico, la cual no tiene cabida en
Ellacuría, ya que esta noción es siempre abierta a nuevas formas de realidad y
diversas expresiones de su variado dar de sí.
Todo esto permite
comprender que la noción de realidad histórica asume los elementos claves de la
historia esbozados por Zubiri, pero ubicados en un marco metafísico más amplio
y enriquecidos, tal como se ha mencionado, con el diálogo constante con el
entorno político y social. Desde esta perspectiva lo estructural, impersonal y subjetual toman una dimensión novedosa.
Pues es
comprensible que, como parte de su carácter estructural, la realidad histórica
integre diversas estructuras, tanto económicas, como educativas o religiosas en
las que la intervención humana es de orden fundamental[75]. En otras palabras, estas
diversas estructuras «forman una estructura compleja que sin anular las
diferencias hacen de todas ellas una realidad histórica»[76].
De esta forma se
comprende con claridad la tercera tesis en torno a la realidad histórica
planteada por Ellacuría en El objeto de la filosofía, en la que afirma
que la realidad en sí misma es sistemática, estructural y unitaria, aludiendo a
un dinamismo de orden estructural, donde cada cosa es primariamente unidad, lo
que lleva a expresar que la totalidad de la realidad intramundana forma una unidad
física y dinámica, en la cual se admiten diferencias en la constitución de su
unidad[77].
Las tesis
desarrolladas en los parágrafos previos explicitan como en Ellacuría la
realidad histórica, si bien es cierto alude a una totalidad considerada en su
dinamismo, nunca rompe su unidad con lo intramundano, dado que desde esta
propuesta de pensamiento lo metafísico es lo físico considerado en tanto que
real. De acuerdo con Ellacuría, «lo que físicamente es principio de unidad es
lo que metafísicamente se convierte en objeto de la filosofía»[78], donde lo real unifica
tanto lo material como lo formal de la realidad. Esto permite comprender la
realidad histórica como la unidad procesual de lo real, en donde lo superior
asume lo inferior sin anularlo, esta visión estructural de la unidad de la unidad
de lo real integra las consideraciones tanto talitativas como trascendentales,
por lo que es necesario enfatizar que la aproximación a la realidad histórica
solo es posible a través de conceptos que den cuenta de su carácter respectivo-estructural
y de su total concreción en la realidad.
En este sentido, la impersonalidad de la historia le permite a Ellacuría
afirmar que en la realidad histórica la tradición afecta a la persona no solo
reduplicativamente, sino también como viviente de lo social, por lo que la
historia ha de transmitirse en este ámbito. Para ello aplica el ejemplo
elaborado por Zubiri en torno a la obra de Miguel Ángel, donde su vida personal
acaba con su muerte, pero interviene en la historia por medio del legado de su
obra, «la acción sigue siendo de la persona, pero ya no es personal, sino
impersonal»[79], dejando de ser personal,
para pasar a ser solamente de la persona. Por tanto, afirma Ellacuría, todo lo
actuado en la tradición es impersonal, donde los individuos operan como parte
de un cuerpo social.
De manera que la impersonalidad de la realidad histórica está conformada
por lo que queda de personal en las acciones y por sujetos integrado en un
cuerpo, el cual es social y agente histórico de sus acciones, aunque estas
hayan provenido de sujetos individuales. De forma que tanto lo social como lo
histórico constituyen un momento de la vida personal, ya que el individuo, sin
negar su persona, actúa en la sociedad de modo impersonal, donde su realización
por medio de acciones llega a tener un grado de objetivización
y naturalización.
Finalmente, en la
realidad histórica la subjetualidad cumple un papel clave, pues Ellacuría
enfatiza que no es lo mismo que en un marco concreto de posibilidades un sujeto
realice una apropiación opcional a que de él penda la transformación del
sistema de posibilidades de una sociedad. Por tanto, «si el sujeto de la
historia es el cuerpo social, entonces la historia pasa sin duda por los
individuos; pero es, al mismo tiempo, algo que se diferencia y distingue de
ellos»[80]. De manera que la clave
radica en la impersonalidad, cuando lo personal reducido a lo impersonal
presente en el cuerpo social. Es en este contexto donde cobra un sentido más
pleno el componente social de la historia, presente en Filosofía de la realidad
histórica, donde todo lo sistematizado en torno a la impersonalidad del cuerpo
social va a ofrecer los fundamentos para comprender el sujeto de la historia.
El reconocimiento
de elementos subjetivos en el todo estructural de la realidad histórica lleva a
Ellacuría a realizar una clarificación de suma importancia, al enfatizar la
necesidad de distinguir entre la subjetividad histórica y la biográfica, la
cual alude a la dimensión de autor citada en los parágrafos previos y que
realiza un énfasis especial en la propia vida, mientras que la subjetividad
histórica se refiere a individuos y grupos que son capaces de incidir en el
curso histórico. Esto permite comprender el sujeto de la historia en clara
relación con la categoría de impersonalidad.
Los presupuestos
anteriores facilitan asimilar de mejor manera no solo qué se comprende como
realidad histórica, sino también su dimensión de apertura y totalidad
metafísica, orientada por la dimensión histórica del ser humano, inserto en un
ámbito social el cual apela a la impersonalización.
Esta idea es clave
en el proyecto de filosofía de la liberación de Ellacuría, orientada
principalmente en la iluminación de las problemáticas que atañen a la realidad
centroamericana, al centrar su análisis en la situación histórica de aquellos
sectores que fruto de un sistema estructurado de manera injusta, han visto
restringido su marco de posibilidades y por lo tanto su poder de opción se
encuentra limitado.
Conclusiones
El recorrido realizado
por la realidad histórica abre paso a la elucidación de las siguientes
conclusiones.
El concepto de realidad histórica no es de fácil definición, pues
representa no solamente el pensamiento maduro de Ellacuría, sino también su
asimilación de los presupuestos metafísicos zubirianos, los cuales conllevan
cierta dificultad. Además, en sus textos, en ocasiones el término historia es
utilizado de manera confusa, al no especificar que se trata de análisis que
atañen a la realidad histórica. Fundamentalmente esta categoría alude a la
ultimidad de la realidad, por lo que es necesario destacar su carácter global y
totalizador, además de ser el campo abierto de las posibilidades de lo real,
superando los meros contenidos históricos.
Desde este punto de vista cabe afirmar que elementos utilizados por Zubiri
para trazar su visión metafísica de historia, son utilizados por Ellacuría de
manera novedosa, tal como sucede con la estructuralidad,
impersonalidad y subjetualidad.
La estructuralidad facilita la comprensión
de la idea de totalidad que posee la realidad histórica, donde la primariedad le compete a la unidad, por lo que puede
visualizarse como un proceso dinámico de totalización de orden estructural, en
el cual se unifican aspectos tanto materiales como formales. Su impersonalidad
es la clave para distinguir las acciones personales de las acciones dadas en la
persona, por lo que puede considerarse como un modo de la persona en la que se
realiza una suspensión de lo personal. Por tanto, en la realidad histórica lo
social como espacio de impersonalización ofrece un aporte clave a lo histórico,
ya que la historia afecta a los individuos presentes en un cuerpo social, pero
sin identificarse con ellos, por lo que el sujeto solamente interviene cuando
su acción pasa a ser social. De ahí que el sujeto de la historia se
conciba como un principio subjetivo estructural y no como un macro sujeto. En
consecuencia, la subjetividad histórica alude a los grupos capaces de incidir
en la historia.
La comprensión de la realidad histórica conlleva el estudio de sus
características principales, como resultado de esta investigación destaca de
manera particular, su apertura trascendental. Para Ellacuría la realidad
histórica se encuentra inserta en el orden trascendental y es desde ahí donde
va dando más de sí, debido a que se manifiesta mientras se va realizando, de
modo que la apropiación realizada por las personas es resultado de lo que
ocurre en la realidad, por tanto, la historia es la culminación de la apertura
del orden trascendental. Es necesario resaltar que el orden trascendental es la
clave para comprender la ultimidad sobre la que se desarrolla del pensamiento
ellacuriano, pero también su concreción, ya que desde la historia el orden
trascendental es abierto y la situacionalidad histórica define el acceso a las
posibilidades, de ahí la relación entre la apertura y concreción, la cual no ha
sido correctamente analizada en algunas de las últimas lecturas sobre
Ellacuría.
Este es uno de los aspectos que se evidencia el aporte de Ellacuría a la
discusión filosófica latinoamericana y uno de los puntos más importantes de análisis,
el cual no ha sido profundizado a cabalidad por algunos comentaristas[81], los cuales se acercan a
este autor solamente desde los textos propios de su último estadio de
pensamiento. El aspecto trascendental, tomado de la filosofía zubiriana es un
fundamento de la propuesta ellacuriana, otorgándole una densidad metafísica
ausente en algunas filosofías de la liberación.
Pues no se trata simplemente de filosofar de cara a los problemas
cotidianos, sino de abordarlos desde una mirada metafísica que permita
descubrir la esencia de lo real y analizar con criticidad lo que pueden dar de
sí en su constante apertura. Por ello la realidad histórica es el objeto de la
filosofía, concebida como el marco epistemológico orientador de la reflexión y
praxis filosófica. Un referente que no es estático, sino dinámico pues se revela
mientras se está dando y construyendo en la realidad misma envuelta por la
historia.
La realidad histórica es proceso trascendental de capacitación, como
formas superiores de personalización que el hombre actual recibe y que le facultan
para crecer en libertad, a partir de las posibilidades que el cuerpo social le
ofrece. En esta temática Ellacuría radicaliza las tesis zubirianas al
enriquecer la capacitación con el horizonte trascendental, ya que el hombre
posibilitado por nuevas capacidades puede dar más de sí. También posee edad,
en razón de que las cosas poseen un orden en la historia y las capacidades se
dan en un determinado momento. Es por tanto proceso de totalización, una
unidad histórica de esencias abiertas y revelación en acto, donde la realidad
histórica se revela en la realidad misma, en la riqueza de su poder manifestado
en el hacer histórico.
Todo esto conlleva la afirmación de que gracias al dinamismo que nace de la
apropiación de posibilidades se desarrollan nuevas realidades, por lo que la
realidad histórica puede concebirse como un enorme proceso de realización. Por
consiguiente, uno de los principales aportes de Ellacuría es su concepción del
orden trascendental, dado que en la realidad histórica se reduplica lo
trascendental, dando pie a una refluencia de enriquecimiento. Desde esta
perspectiva Ellacuría supera a Zubiri en este aspecto fundamental.
En este sentido debemos comprender la capacitación como proceso metafísico,
una impersonalización que lleva a la personalización y que promueve la
realización de las personas por medio de la apropiación, permitiendo una
cualificación a través del incremento de sus dotes constitutivas. Unas
capacidades que ofrecen un más de realidad, tanto al cuerpo social como
a los individuos mismos.
Puede verse como la noción de realidad histórica es construida con
presupuestos de la metafísica intramundana zubiriana, pero llevados a un nivel
superior, sin embargo, apuntamos a que la realidad histórica no es suficiente
en sí misma, sino que debe verse en relación directa con la praxis, aspecto que
permitirá dilucidar aún más su función epistemológica.
Para Ellacuría la tarea filosófica debe realizarse de cara a la realidad
histórica, la cual por ser dinámica ofrece diversas manifestaciones a lo largo
de su construcción. Esto significa que, desde su perspectiva, los intelectuales
han de orientar su reflexión a desde lo que esta noción presenta, a partir de
coordenadas sociales, económicas y políticas concretas. Significa que, si la
historia se construye a partir de la apropiación de posibilidades, la función
intelectual no puede gestarse al margen de aquellas poblaciones que han sido
desplazadas de la historia. Estos grandes grupos, concebidos en la filosofía
ellacuriana como mayorías empobrecidas, las cuales en no pocas ocasiones son
incapaces de incidir en el devenir histórico, al no contar con un sistema de
posibilidades que les permita superar el sistema de injusticia en que se
encuentran insertos. Desde Ellacuría, esta situación de marginalidad y opresión
debe ser un elemento de constante reflexión en el análisis filosófico,
político, social y teológico.
Formato de
citación según APA
Carrera-Umaña, R.
(2025). La realidad histórica en Ignacio Ellacuría. Revista Espiga, 24(49).
Formato de
citación según Chicago-Deusto
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[1] Esta investigación corresponde a una ampliación de
aspectos abordados en la tesis doctoral del autor, titulada Historia y
Verdad en Ignacio Ellacuría: análisis de sus aportes epistemológicos y éticos a
la filosofía de la liberación. Defendida en 2024 en la Universidad de
Granada en España, obteniendo la mención Cum Laude.
[2] Orden religiosa fundada en 1540 por Ignacio de Loyola,
con presencia en toda Latinoamérica, sus miembros son conocidos también como
Jesuitas.
[3] Cf. Rodolfo Cardenal, «De Portugalete a San Salvador:
de la mano de cinco maestros», en Ignacio Ellacuría. Aquella libertad
esclarecida, ed. por Jon Sobrino y Rolando Alvarado (San Salvador: UCA
Editores, 1999), 43-45.
[4] José Sols, La teología histórica de Ignacio Ellacuría (Madrid:
Trotta, 1999), 44-45.
[5] Para una visión general del contexto histórico de
Ellacuría y de su asesinato, véase Salvador Carranza (ed.), Mártires de la
UCA (San Salvador: UCA Editores, 2006).
[6] Xavier Zubiri, Sobre la esencia (Madrid:
Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1962).
[7] Ignacio Ellacuría, «Entrevista con Zubiri [San
Sebastián, 2 de agosto de 1962]», en Escritos Filosóficos II, San
Salvador: UCA Editores, 2007), 31.
[8] Un excelente estudio del desarrollo de la realidad
histórica en los textos zubirianos se encuentra en José M. Romero-Cuevas. «Los
avatares de la realidad histórica. Sobre la filosofía de Ignacio Ellacuría», Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica LXI, n.° 159 (2022): 99-114.
[9] Cf. Antonio González, «Aproximación a la obra
filosófica de Ignacio Ellacuría, en La pasión por la libertad. Homenaje a
Ignacio Ellacuría, ed. por José A. Gimbernat y Carlos Gómez (Navarra: Verbo
Divino, 1994), 318.
[10] Cf. Antonio González, «La realidad histórica como
objeto de la filosofía», en Ignacio Ellacuría. Actas del Congreso
Internacional, ed. por Juan A. Senent y José Mora-Galiana (Sevilla: Junta
de Andalucía, 2010), 30-31.
[11] Cf. Héctor Samour, «Zubiri y el proyecto de filosofía
de la liberación de Ignacio Ellacuría», ECA 69, n.° 737-738 (2014): 173.
[12] Cf. Marcela Brito, La realidad histórica desde las
posibilidades. Una nueva lectura para la Filosofía de la realidad histórica de
Ignacio Ellacuría (Tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso, 2018), 14-18.
[13] Cf. Romero Cuevas, «Los avatares de la realidad
histórica», 100-101.
[14] Esta edición presenta la siguiente estructura: Escritos
filosóficos (3 tomos); Escritos políticos (3 tomos); Escritos teológicos (4
tomos); Cursos universitarios (1 tomo) y Escritos Universitarios (1 tomo) y Filosofía
de la realidad histórica (En esta investigación se utilizó la edición de
Trotta, 1991). La selección de fuentes primarias no se limitó solamente a los
escritos filosóficos, ya que se realizó una profundización en los textos del
autor sin tomar como referencia su clasificación. Es importante mencionar que
el proyecto de una nueva edición de las obras completas de Ellacuría opta por
una sistematización de orden cronológico, incluyendo algunos textos que no se
encuentran en la versión de la UCA.
[15] Como criterio de selección de las fuentes secundarias, se
consideró como especialistas a los participantes en Congresos Internacionales
sobre Ignacio Ellacuría (Sevilla, 2010; San Salvador, 2020) y Xavier Zubiri
(Sao Paulo, 2023). Además de su participación en obras colectivas
especializadas, tales como el dossier «Ignacio Ellacuría: su vida y
labor académica», publicado en la revista Estudios en 2020, coordinado
por Randall Carrera. El dossier «La filosofía viva de Ignacio
Ellacuría», publicado en la Revista de Filosofía de la Universidad de
Costa Rica en 2022, coordinado por José M. Romero Cuevas y el libro The
liberating philosophy of Ignacio Ellacuría: Historical Reality, Humanism and
Praxis, editado por Luis Martínez, Luis Rubén Díaz y Randall Carrera, el
cual reúne los aportes de los especialistas más destacados en la filosofía
ellacuriana.
[16] Para una profundización del desarrollo de la categoría de
historia en Zubiri en nuestro estudio «Aproximación
a
la noción de historia en la obra de Xavier Zubiri», Estudios.
Especial febrero (2022): 3-30.
[17] Xavier Zubiri, Naturaleza, Historia, Dios (Madrid:
Alianza Editorial-FXZ, 2017), 371.
[18] Cf. Xavier Zubiri,
«Dimensión histórica del ser humano», en Siete ensayos antropológicos, dir.
por German Marquínez Argote (Bogotá: USTA, 1982), 141.
[19] Cf. Oscar Barroso, «Lo
social y lo histórico e la perspectiva antropológica de Xavier Zubiri», Revista
Iberoamericana de Filosofía, 120 (2007): 191-192.
[20] Ignacio Ellacuría, Filosofía de la realidad
histórica (Madrid: Trotta, 1991), 404.
[21] Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, 405.
[22] Ignacio Ellacuría, «La historicidad del hombre en
Xavier Zubiri», en Escritos Filosóficos II (San Salvador: UCA Editores,
2007), 241.
[23] Xavier Zubiri, Sobre la realidad (Madrid: Alianza
Editorial-FXZ, 2001), 56.
[24] Cf. Ellacuría, «El sujeto de la historia», en Cursos Universitarios (San Salvador: UCA
Editores, 2009), 285.
[25] Ellacuría, «El sujeto de la historia», 285.
[26] Ignacio Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», en Cursos
Universitarios (San Salvador: UCA Editores, 2009), 138.
[27] Cf. Ignacio Ellacuría, «Hacia una fundamentación del
método teológico latinoamericano», en Escritos
Teológicos I (San Salvador: UCA Editores, 2000), 209.
[28] Cf. Xavier Zubiri, Tres dimensiones del ser humano:
individual, social, histórica (Madrid: Alianza Editorial- FXZ, 2006), 56-57.
[29] Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, 57.
[30] Cf. Xavier Zubiri, Estructura dinámica de la
realidad (Madrid: Alianza Editorial-FXZ, 1989), 256-257.
[31] Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica,
190.
[32] Cf. Zubiri, «Dimensión histórica del ser humano», 171.
[33] Cf. Ignacio Ellacuría, «Persona y comunidad», en Escritos
Filosóficos III (San Salvador: UCA Editores, 2001), 94.
[34] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 122. En
este sentido afirma Zubiri que «la historia marcha no sobre sí misma en un
proceso dialéctico, sino en un proceso de posibilitación tradente, resultado de
las apropiaciones opcionales excogitadas por las personas individuales […] no
es lo general lo que mueve a la historia sino lo personal reducido a impersonal
a ser solo de la persona». «Dimensión histórica del ser humano», 61.
[35] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 124.
[36] Brito, La realidad histórica desde las
posibilidades, 197.
[37] Cf. Ellacuría, «Persona y comunidad», 95-96.
[38] Ellacuría, «El sujeto de la historia», 287.
[39] Ibíd., 310.
[40] Ibíd., 315.
[41] Cf. Samour, «Voluntad
de liberación», 155-157.
[42] Cf. Ellacuría, «Persona y comunidad», 100.
[43] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 129-130.
[44] Ellacuría, al igual que Zubiri, distingue entre el plano
talitativo, el cual reúne las notas necesarias para que una realidad sea tal
realidad y trascendental, este no implica un plano allende a lo talitativo o
hipostasiado en él, sino que expresa la apertura propia de su realidad. Para
una explicitación de la función del plano trascendental véase nuestro estudio «Sobre la esencia y estructura dinámica de la realidad,
textos claves en la construcción del pensamiento de Ignacio Ellacuría». En Ignacio
Ellacuría 30 años después, ed. por Héctor Samour y Juan J. Tamayo
(Valencia: Tirant Humanidades, 2021), 68-73.
[45] Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 114.
[46] Ibíd., 118.
[47] Ibíd.
[48] Cf. Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 77.
[49] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 120-121.
[50] Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 130.
[51] Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 83.
[52] Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 131. Esta
afirmación de Ellacuría debe comprenderse a la luz de la metafísica de Zubiri,
en la cual las esencias cerradas poseen un carácter de realidad limitado por su
talidad, mientras que el hombre, dada su apertura no está definido de antemano,
sino que debe realizar la actualización de su yo personal a partir de sus
constantes decisiones y elecciones. Aspecto que repercute de manera directa en
el curso de la historia en la que como sujeto social se encuentra inmerso.
[53] Ellacuría, «Persona y comunidad», 102.
[54] José Mora-Galiana, Ignacio Ellacuría. Filosofía de
la liberación (Madrid: Nuevas Utopías, 2004), 101.
[55] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 132.
[56] Ellacuría, «Persona y comunidad», 132.
[57] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 132.
[58] Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 138.
[59] Para Ellacuría, desde estos criterios en la historia
cobra realidad plena el resto de la realidad que no es histórica, tal como
sucede con la realidad natural.
[60] Cf. Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 138.
[61] Ellacuría, «Persona y comunidad», 108.
[62] Cf. Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 72-74 y
86-87.
[63] Brito, «El objeto de la filosofía en Ignacio
Ellacuría», Estudios (Especial febrero 2020): 21.
[64] Cf. Ellacuría, «Persona y comunidad», 108.
[65] Ellacuría, «Persona y comunidad», 109.
[66] Ignacio Ellacuría, «El objeto de la filosofía», en Escritos
políticos I (San Salvador: UCA Editores, 2005), 86-87.
[67] Por esta razón Ellacuría dedica el último capítulo de su
obra Filosofía de la realidad histórica a analizar las diferentes
fuerzas y dinamismos que inciden en la historia.
[68] Como bien lo señala Brito, no se trata de una ruptura
directa con Zubiri, sino un ir más allá, en busca de ese más de la realidad, en
sus más ricas posibilidades. Cf. Brito, La realidad histórica desde las
posibilidades, 178-179. Para una profundización de la reflexión de Zubiri
en torno a la historia, véase nuestro estudio «Aproximación a la noción de
historia en la obra de Xavier Zubiri», Estudios. Especial febrero
(2022): 3-30.
[69] «En el orden inferior tendríamos lo inorgánico,
aquella realidad que carece de vida; iríamos ascendiendo por lo orgánico, lo
vegetal, lo animal (a su vez en niveles distintos de inteligencia y
sensibilidad, lo humano y dentro de lo humano, tendríamos lo interpersonal, lo
social, lo económico, lo político y finalmente la realidad histórica». José
Sols, «La ecología integral como universo de comprensión de la realidad
histórica actual», en Ignacio Ellacuría 30 años después, ed. por Héctor
Samour y Juan J. Tamayo (Valencia: Tirant Humanidades, 2021), 605.
[70] Cf. Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 87.
[71] Ibíd.
[72] Ellacuría, «La historicidad del hombre en Xavier
Zubiri», 238.
[73] Cf. Antonio González, «Filosofía de la historia y
liberación», en Voluntad de vida. Ensayos filosóficos, ed. por Seminario
Zubiri-Ellacuría (Managua: UCA, 1993), 112.
[74] Héctor Samour, «La filosofía de la liberación de
Ignacio Ellacuría ante los desafíos actuales», en Ignacio Ellacuría 20 años
después. Actas del Congreso Internacional, ed. por Juan A. Senent y José
Mora-Galiana (Sevilla: Junta de Andalucía, 2010), 153-173.
[75] Cf. Ignacio Ellacuría, «Curso de ética», en Cursos
Universitarios (San Salvador: UCA Editores, 2009), 266-267.
[76] Ellacuría, «El desafío cristiano de la teología de la
liberación», 22.
[77] Cf. Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 80-81.
[78] Ellacuría, «El objeto de la filosofía», 74.
[79] Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, 398.
[80] Ellacuría, «Sentido del hacer histórico», 124.
[81] El interés en la filosofía de Ellacuría ha permitido el
desarrollo de diversas investigaciones, cuyos autores no pueden catalogarse de
especialistas en el pensamiento ellacuriano debido su débil formación en lo que
a la metafísica intramundana de Zubiri respecta.